Sentirse en el vacío; Estrés al máximo nivel

Betty Katz

Beatriz (Betty) Literat Katz es médica cirujana, ginecóloga y sexóloga clínica.  Es miembro de la International Society for Sexual Medicine y docente de la UBA. También es judía observante, madre y abuela. Sus inquietudes la han llevado a unir la ciencia médica con el conocimiento judaico en la teoría y en la práctica: “la gente no necesita tener conflictos pensando qué es lo válido, si ciencia ó religión; se puede, se debería vivir con ambas”, dice. Para ello ha pasado los últimos 20 años estudiando Torá y las fuentes judías del jasidismo y dando conferencias en las cuales expone temas médicos de su especialidad, a la luz de los conceptos judaicos. Gran admiradora de Maimónides (1135-1204), reconoce que “fue un formidable sexólogo y defensor a ultranza de los derechos de la mujer”. “En esta época de tanta confusión, todos deberíamos tener en nuestra mesa de luz algún buen libro sobre judaísmo” dice, “dormiríamos mejor a la noche y nos despertaríamos más contentos cada mañana.

Doctora: su diagnóstico por favor

¿Experimentaste alguna vez la sensación de estar suspendida/o en el vacío?

¿O la de estar en el medio del océano, metida/o en el agua y sin ver la costa a tu alrededor?
Son sensaciones que provocan mucho miedo, angustia y ansiedad. Depende de cada persona qué cosa pueda ser el detonante de esta atemorizante experiencia; en algunas, la causa podría ser una enfermedad, lo aleinu (que no suceda) o la pérdida del trabajo o de una pareja ú otras mil posibilidades generalmente relacionadas con pérdidas, a veces de seres queridos, de la propia salud o del bienestar material al cual una/o está acostumbrada/o.

En realidad la sensación profunda va más allá de la pérdida propiamente dicha, es la idea de sentir que “se mueve el piso”, que no tenemos donde pararnos ni de donde agarrarnos cuando se produce un cambio en nuestras vidas y no sabemos qué hacer. Nos sentimos perdidos y sin saber adonde ir en busca de ayuda.
Miramos hacia un lado, hacia el otro, escudriñamos las caras de quienes nos rodean indagando mentalmente a quién recurrir y sintiendo que nadie nos puede proveer la solución que necesitamos desesperadamente.
Es una sensación horrible que nos hace pensar en el fin de nuestra vida; hay personas que sienten, paradójicamente, que preferirían dejar de vivir antes de continuar sintiéndose en peligro contínuo y con tal grado de impotencia paralizante.
La intensa angustia ante la sensación de miedo extremo, les hace preferir a algunas personas, la certeza del final de la vida, antes que la torturante incertidumbre.
Este intenso malestar emocional es el resultado de un estado clínico que se llama Disestrés o Máximo estrés y, a nivel orgánico está sostenido por una descarga de adrenalina y otras sustancias neuroquímicas que se liberan en el cerebro cuando pensamos que “estamos perdidos”. Mientras continuemos pensando eso, el malestar continuará.
Si este cuadro clínico se mantiene en el tiempo sin cambios, puede producir graves enfermedades, como consecuencia de la alteración que produce en el funcionamiento de los diferentes órganos y sistemas del cuerpo, como por ejemplo, enfermedades cardiovasculares ú otras enfermedades crónicas muy graves.
Sin embargo, si se encuentra una salida exitosa al problema, o aparece un pensamiento que promete una solución, el alivio se produce de inmediato y una poderosa sensación de bienestar y tranquilidad invade el cuerpo entero, gracias a la liberación de otras sustancias que barren de la sangre a las anteriores inmediatamente, llamadas Endorfinas.

Cuando leemos la historia del pueblo judío tenemos miles de ejemplos de situaciones en las cuales los judíos estuvieron en extremo peligro, hasta de sus vidas. Nos resultaría imposible pretender ponernos en su lugar y sentir realmente el sufrimiento que nuestros antepasados padecieron en las diferentes épocas, en este tipo de situaciones.
¿Cómo hicieron para sobrevivir?¿Los diezmaron las enfermedades sufridas como consecuencia del estrés extremo? La historia dice que no.

Nuestra historia nos dice que en todas las épocas el único pensamiento salvador, el sostén ante la incertidumbre fue: “sabe que Di-s está contigo en todos los momentos de tu vida, no estás solo” y “aunque esta situación se vea como algo malo, existe en su interior lo positivo, un propósito espiritual”. Esta certeza del judaísmo es la que les dio a hombres y mujeres durante milenios la esperanza y la convicción de que, aunque no podamos verlo en ese momento, somos partes integrantes de un buen plan y que, por lo tanto, como piezas de ese rompecabezas que Hashem va ordenando, somos los componentes de un sistema armonioso, de un orden y de un propósito. No existen piezas “perdidas” en este aparente rompecabezas.
¿Que es difícil enfocarse en esto cuando las cosas se ponen inseguras? ¿Que hay que estar entrenado en tener una fe y una confianza muy firmes en Di-s? Seguro, es lo que sentimos muchos seres humanos, tal vez la mayoría.
Creo que Elul nos da la oportunidad de realizar una parte de este entrenamiento, al reunirnos con Hashem cada día del mes, aprovechando que, como dicen nuestros sabios, nos da audiencias continuadas durante todo este tiempo. Para acostumbrarnos a hablarLe, a contarLe, a pedirLe y por supuesto para agradecerLe por lo que sí entendemos y tenemos como bueno a nuestros ojos.
PidámosLe entonces a Di-s que nos enseñe a ver lo bueno en medio de las dificultades, a tener paciencia cuando no lo vemos de inmediato y mejor todavía, pidámosLe que como Padre cariñoso no Se esconda más de nosotros y Se nos revele con amor para un Año Dulce y pleno de alegrías materiales y espirituales.

Betty Literat Katz

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