Madres en la mina de oro

Por Rajel Arbus
Piensa en un minero que se encuentra en una mina de oro. Trabaja en las profundidades más oscuras de la tierra, expuesto a innumerables peligros. Podría morir de un derrumbamiento, avalanchas, gases venenosos e incluso posiblemente de los trabajos duros… ¿Qué es lo que lo motiva a seguir trabajando y poniéndose en peligro? ¿Cuál es la fortaleza interior que le posibilita avanzar con ímpetu a pesar de tantos desafíos difíciles? La fe. Su fe inquebrantable en que descubrirá oro en las profundidades de la tierra.
Debemos vincularnos con nuestro trabajo como padres y educadores exactamente del mismo modo. El trabajo del educador es similar al del minero. Es difícil, exigente y a veces nos conduce incluso a la desesperación. Pero nosotros como educadores estamos fijados en nuestra meta. Conocemos el valor y el poder del alma judía. Al igual que todo miembro del pueblo judío, nuestro hijo recibió una gran alma… Es posible que su alma esté oculta bajo una capa de impulsos en conflicto, terquedad y rebeldía. Y es posible que su alma esté en necesidad de largos años de limpieza, pero la chispa Divina dentro de él está viva y bien. En cada niño hay un «bien» enterrado. Este tesoro existe aun cuando el niño y los padres no estén todavía al tanto de su existencia. La constante fe en nuestros corazones de que dentro de nuestros hijos está enterrada una chispa Divina ayudará a nuestro niño a revelarla durante los años de su educación. Esta fe también nos dará a nosotros, sus educadores, la fortaleza de sobreponernos a las dificultades, levantarnos nuevamente después de tropezar y continuar educando a nuestros hijos.

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