¿¿Perdonando a Di-s??

Jana Segal

Nací y me críe en Uruguay, estudié en escuelas de Jabad, y escuelas hebreas de mi país. A los 17 años, me mudé a Bs As con mi familia y cursé mi último año de la secundaria en la escuela de Jabad. Viajé a Tzfat, Israel y estudié un año y medio con chicas de todo el mundo, aprendiendo y adquiriendo diferentes experiencias y conviviendo con “mentalidades distintas”. Por sobre todo, crecí como persona.

Y yo... ¿dónde me meto?

El otro día, me encontraba caminando por la calle con una amiga. Conversando, llegamos al tópico de cómo es posible a veces perdonar a gente que nos ha hecho cosas que nos hirieron, y por qué debemos perdonarlas. Así que me dijo que ella había leído un artículo muy interesante acerca de esto y me lo mandó. Yo quiero compartirlo con Uds.
Trata de un hombre que era muy feliz, casado con hijos, trabajo estable. Pero ahora se sentía solo. Nunca antes había experimentado ese sentimiento de soledad, pero últimamente se iba a haciendo más y más fuerte. Este hombre estaba gravemente enfermo, y sentía que Di-s lo había abandonado. Se acercaba Iom Kipur, y un día, chateando con un amigo intelectual, que también tenía la misma enfermad, le dijo: “Este Iom Kipur, no tendrías que ir a la sinagoga a pedir perdón a Di-s. Él tendría que ir hacia ti y pedirte perdón por todo lo que te está haciendo sufrir”. En ese momento, le vino un enojo interno hacia Di-s. Su amigo tenía razón.
Sea como fuere, aquél Iom Kipur, sí fue a la sinagoga pero muy enojado. Comenzó a rezar, a pedir perdón, pero a su vez pensaba: “Mis transgresiones no equivalen en lo más mínimo al sufrimiento que Di-s me está mandando”. El día de Iom Kipur llegaba a su fin, y el hombre seguía guardando una gran ira interna hacia Di-s. Incluso mientras leía que Di-s de todas formas nos perdona, porque Él nos ama, quiere que estemos unidos a Él, Él perdona a todos porque esa es su naturaleza…su enojo no se disipaba.
Hete aquí, que en cierto momento casi al fin del día, éste hombre comienza a pensar. “A veces me peleo con mi esposa, estamos un par de días enojados, pero llega cierto momento que no podemos estar más separado, ya que nuestro amor es tan fuerte que ninguna discusión nos puede separar. Y ya no importa quién tiene razón. Lo que importa es que volvamos a estar juntos”.
Lo mismo con Di-s. Es imposible soportar estar separado de Él. El no perdonar sería insoportable para la Creación.
“Lo único que quiero, en estos momentos más frágiles de mi vida, es no estar separado de Di-s ni de nadie a quien amo”
Esta historia, trae a mi cabeza otra historia, ocurrida hace un poco más de tiempo.
Una vez, Rabi Elimelej de Lizensk envió a uno de sus Jasidim a pasar Iom Kipur en un pueblo, y debía alojarse en una cierta posada y observar cómo el propietario hacía Kaparot. El Jasid, que hubiera preferido pasar Yom Kippur con su Rebe, no tenía más opción que hacer lo que el Rebe le había ordenado.
Aquella noche, la previa a Iom Kipur, cuando se realizan las Kaparot, se preparó para dormir, pero no cerró un ojo, esperando ver qué sucedería. Cuando todos los campesinos borrachos finalmente se fueron, vio al dueño de la posada lavándose las manos y luego aferrando dos cuadernos gruesos y desgastados. Abrió uno y comenzó a leer todas las transgresiones que había cometido durante el año “en tal y tal día no me comporté apropiadamente y engañé a mis clientes gentiles. En la fecha tal y tal no recé con la concentración adecuada, no he sido cuidadoso con lo que comí en la fiesta del pueblo. En otra oportunidad, pronuncié tal o cual palabra prohibida” y así sucesivamente.
Luego lloró amargamente y se arrepintió de corazón por todos los pecados cometidos. Decidió sinceramente no cometer más ese tipo de transgresiones y pidió a Di-s que lo perdonara.
Cuando terminó de leer el primer cuaderno, abrió el segundo y empezó a leer todos los contratiempos y dificultades que le habían sucedido durante el año “Cierto día me asaltaron la caja y me la dejaron vacía. El otro día fui golpeado por los campesinos borrachos, determinada semana caí gravemente enfermo” etc.
“¡Amo del Universo! Es cierto, de hecho he pecado, he transgredido, he cometido muchos delitos y faltas durante el año. Pero, en contrapartida, pasé por muchas dificultades y desgracias. Por lo tanto, Señor del Universo, hagamos las paces. Trataré de no retomar el camino del mal y no cometer estos pecados el año que viene. A cambio Tú, inscribe a mi familia y a mí para un año bueno, larga vida y paz “
Levantó sus dos cuadernos, girándolos sobre su cabeza y exclamó, “Esto es mi cambio, mi sustituto, esta es mi expiación”. Luego, quemó los dos cuadernos.
El jasid, que estaba recostado en un rincón fingiendo dormir, se sorprendió de cómo un simple posadero le había enseñado una lección de honestidad y verdadera teshuvá”.Que seamos inscriptos y sellados para un año bueno y dulce, y que tengamos el mérito de presenciar la llegada del Mashíaj YA este año.

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