No perdamos la fe

Jana Segal

Nací y me críe en Uruguay, estudié en escuelas de Jabad, y escuelas hebreas de mi país. A los 17 años, me mudé a Bs As con mi familia y cursé mi último año de la secundaria en la escuela de Jabad. Viajé a Tzfat, Israel y estudié un año y medio con chicas de todo el mundo, aprendiendo y adquiriendo diferentes experiencias y conviviendo con “mentalidades distintas”. Por sobre todo, crecí como persona.

Y yo... ¿dónde me meto?

En estos momentos me encuentro en Mendoza, sentada en la oficina del Beit Jabad con mi marido.

Vinimos a reemplazar al Shliaj (emisario del Rebe) que  se encuentra ausente temporalmente, por dos semanas y media.

Mi esposo quedó encargado de dirigir el Minián (grupo de mínimo 10 hombres para el rezo, para poder leer la Torá, decir Kadish) de los lunes, jueves y Shabat, y ocuparse de diferentes quehaceres cotidianos que pueden presentarse en momentos imprevistos.

La gente de la comunidad es sumamente cálida. Además es increíble que haya un almacén con un montón de artículos Judaicos y alimentos Kosher.

A veces se complica formar un Minián, pero la gente acá tiene tanta fe y buena voluntad, que les digo, es impresionante cómo a último momento se logra.

Este Shabat al mediodía por ejemplo, eran 7 hombres. O sea, faltaban 3 para poder recitarse el Kadish. Viene Daniel, un hombre muy optimista, y dice: “Ahora tiene que venir tal”. Al minuto tocan la puerta. Se presenta el “tal”.  Luego dice, “Todavía falta que venga…” Y efectivamente, tocan la puerta, y aparece el 9no. Falta uno. “Ahora va a venir el último”. Y ¡Sí!  En ese momento, tocan la puerta, y el 10mo y último hombre que faltaba para completarse el Minián aparece.

Otra vez, ocurrió un hecho similar. De vuelta faltaban tres personas para el minián. Viene Daniel y dice: “Dejemos 3 sidurim para cuando vengan”. En ese momento, tocan la puerta, y tres hombres entran a la sinagoga.

Uno siempre tiene que hacer lo máximo para poder lograr las cosas. Hasta que llega un momento en el que ya no está en manos de uno hacerlo o no hacerlo, y ahí es cuando hay que recurrir a la fe. De ahora en más, Di-s me va a mandar la respuesta. No sirve quedarse de brazos cruzados y esperar a que las cosas caigan del cielo. Uno tiene que hacer todo el esfuerzo posible, y cuando ve que ya no depende de él, Di-s le termina el trabajo.

No sabemos cuando vamos a tener minián cuando no, pero uno tiene que prepararse de todas formas. Llamar por teléfono, preparar la lectura de la Torá, algunas palabras de Torá, etc. Y tener fe. Aunque no dependa de nosotros, cuando uno realmente pone esfuerzo en hacer algo y confía en que Di-s lo va a ayudar, Él lo ve, y le manda la respuesta.

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