Motivación Positiva

La motivación es esa fuerza que tenemos dentro, aquella que nos impulsa a realizar cosas y la que nos otorga el poder para transformar la naturaleza material de la materia en naturaleza espiritual. De este modo, las personas positivamente motivadas son las que resultan capaces de sortear los desafíos del día a día.
La motivación está lejos de ser una virtud, sino es ante todo nuestro fuego sagrado interior capaz de abrirnos las puertas a lo absoluto, es el estado vital del ser por el cual éste es a imagen del Supremo en tanto ser realizador.
Una persona motivada es una persona que cree en sí misma y en su potencial, cree en los demás y en la capacidad de perfeccionar el mundo a través de acciones concretas y por su fe en el poder transformador de las mismas.
La motivación es aquella energía que nos brinda una visión diferente de la existencia. Motivación es acción y creación, es el puente entre uno mismo y sus realizaciones.
Sólo existe una manera de estar motivados: obrar con motivación, pues si debiéramos esperar reunir las condiciones ideales para sólo luego motivarnos, podría ocurrir que jamás nos viésemos motivados, pues siempre hallaríamos excusas para evitar motivarnos.
En definitiva, no son las cosas que nos salen bien las que nos motivan, sino a la inversa: es la motivación la que nos lleva a que hagamos las cosas bien.
Si consideramos que es imposible vernos motivados por las condiciones actuales en las que debemos desempeñarnos, lo más probable es que jamás emergeremos de semejante escenario.
Es menester que creamos en nosotros mismos, en nuestro potencial, en nuestra capacidad de inclinar la balanza del mundo para el lado del bien. Abandonar todo pensamiento negativo y desarrollar una motivación positiva para con el mundo y la sociedad.
El Rebe Maharash fue un gran Maestro de la Sabiduría Interior de la Torá. Él resumió todo el concepto expuesto en tan sólo algunas palabras: “Ante un obstáculo, ni intentes pasarlo por alrededor, o por debajo, más bien pásalo directamente por arriba como si no existiese”. El Rebe Maharash no lo planteó como un concepto, sino como una actitud de vida. Él lo llamó “Lejatjila Ariber”
Rabino Rubén Segal

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