Mi cuerpo es mío…

Betty Katz

Beatriz (Betty) Literat Katz es médica cirujana, ginecóloga y sexóloga clínica.  Es miembro de la International Society for Sexual Medicine y docente de la UBA. También es judía observante, madre y abuela. Sus inquietudes la han llevado a unir la ciencia médica con el conocimiento judaico en la teoría y en la práctica: “la gente no necesita tener conflictos pensando qué es lo válido, si ciencia ó religión; se puede, se debería vivir con ambas”, dice. Para ello ha pasado los últimos 20 años estudiando Torá y las fuentes judías del jasidismo y dando conferencias en las cuales expone temas médicos de su especialidad, a la luz de los conceptos judaicos. Gran admiradora de Maimónides (1135-1204), reconoce que “fue un formidable sexólogo y defensor a ultranza de los derechos de la mujer”. “En esta época de tanta confusión, todos deberíamos tener en nuestra mesa de luz algún buen libro sobre judaísmo” dice, “dormiríamos mejor a la noche y nos despertaríamos más contentos cada mañana.

Doctora: su diagnóstico por favor

Los últimos datos estadísticos están mostrando que la tendencia a la longevidad, lograda por las poblaciones de los países desarrollados en la última década, se ha detenido y en algunos países ha retrocedido.

A finales del siglo veinte, la expectativa de vida promedio en las poblaciones de países de primer mundo era de 70 años para el hombre y 74 para la mujer, aproximadamente.

Esta tendencia continuó en aumento durante los primeros años de este siglo; los sociólogos comenzaron a hablar sobre el sueño de lograr la centuria para la población de países con condiciones avanzadas de desarrollo. Sin embargo, en estos últimos tiempos, las organizaciones médicas están alertando a esas mismas poblaciones porque las condiciones de bienestar que favorecieron la prevención de ciertas enfermedades y su atención temprana en su momento, se están volviendo actualmente en contra de sus beneficiarios.

La medicina ya no tiene que combatir las infecciones, la desnutrición, la mortandad infantil o materna en esos países, que eran las causas de que las personas no alcanzaran la longevidad, pero ahora tiene que luchar contra los malos hábitos que se crean en las condiciones de mayor desarrollo material: la sobrealimentación, el sedentarismo, los hábitos tóxicos que aparecen en las personas para “llenar huecos emocionales” y lo último, las depresiones y otros cuadros psicológicos y psiquiátricos que se detonan cuando se padece de soledad, falta de comunicación, contención familiar y social, en definitiva, aislamiento, que es la patología paradojal más recientemente definida por los médicos, en la época de las redes sociales y elchat.

Los países nórdicos, que en su momento fueron modelo de un estado de bienestar envidiado y admirado por el mundo, actualmente tienen el mayor índice de suicidios, alcoholismo y adicción a drogas en una población en la cual el prototipo social es la persona que vive sola.

Los Estados Unidos, que en algún momento fueron el paradigma de la población saludable y con mayor expectativa de vida,  están realizando desde hace unos años, campañas de reeducación alimentaria, promoción de la actividad física y abandono de hábitos tóxicos porque han aumentado peligrosamente las enfermedades, producto del bienestar material.

Maimónides, el RamBam escribió en el año 1170, en sus tratados sobre salud, acerca de la necesidad del ser humano de mantener un equilibrio entre su alimentación, su evacuación, su actividad física, su higiene personal (recordemos que era la Edad Media y la gente ni siquiera conocía la importancia de lavarse las manos) y su actividad intelectual y espiritual. El era un judío devoto y también médico y, como dicen nuestras fuentes:“Di-s habilita al médico para curar”.

Leyendo hace poco las cartas del Rebe Menajem M. Schneerson acerca de la salud, encuentro estos párrafos “..Cuán precioso es para Di-s el cuerpo del judío” “… que debe tener en cuenta que su propósito en la vida son los actos de bien y para realizarlos requiere de un cuerpo saludable y de una mente lúcida”… “Ejercitar el pensamiento en temas espirituales y realizar mitzvot logra la armonía psicofísica del individuo, restablece la paz entre el cuerpo y el alma; esta paz se extiende a su entorno y a las otras personas”.

Está claro que cuando uno se siente bien y armonizado, emana buenas ondas a su alrededor y siente la necesidad de “contagiar a los demás” con su propio bienestar.

Y agrega el Rebe “Todo lo anterior lleva al verdadero estado de paz respecto del cual el profeta Ieshaiahu dice…Nación no levantará la espada contra nación y nunca más aprenderán a hacer la guerra”.

(Igrot Kodesh, Vol 21, pag 335)

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