Los hijos te escuchan

Betty Katz

Beatriz (Betty) Literat Katz es médica cirujana, ginecóloga y sexóloga clínica.  Es miembro de la International Society for Sexual Medicine y docente de la UBA. También es judía observante, madre y abuela. Sus inquietudes la han llevado a unir la ciencia médica con el conocimiento judaico en la teoría y en la práctica: “la gente no necesita tener conflictos pensando qué es lo válido, si ciencia ó religión; se puede, se debería vivir con ambas”, dice. Para ello ha pasado los últimos 20 años estudiando Torá y las fuentes judías del jasidismo y dando conferencias en las cuales expone temas médicos de su especialidad, a la luz de los conceptos judaicos. Gran admiradora de Maimónides (1135-1204), reconoce que “fue un formidable sexólogo y defensor a ultranza de los derechos de la mujer”. “En esta época de tanta confusión, todos deberíamos tener en nuestra mesa de luz algún buen libro sobre judaísmo” dice, “dormiríamos mejor a la noche y nos despertaríamos más contentos cada mañana.

Doctora: su diagnóstico por favor

Una canción de los años 80 compuesta y cantada por Barbra Streisand dice: “¡Cuidado con lo que hablas, los hijos te escuchan! ¡Cuidado con lo que haces, los hijos te miran!” y mientras la oía, me acordé que mi papá, cuando pasaba por el lugar donde los chicos escuchábamos en la radio cosas “para grandes”, cambiaba el programa sin preguntarnos, sólo diciendo: “esto les intoxica el cerebro”.

La verdad es que no nos dábamos cuenta por qué eso que habíamos estado escuchando nos intoxicaba y ni siquiera preguntábamos; si lo decía papá, por algo sería. Pero una vez me acerqué y le pregunté; él me contestó que a esa edad mi cerebro era muy joven y todavía no tenía la posibilidad de filtrar las ideas buenas y dejar la basura afuera. “Sin darte cuenta”, me dijo, “va a entrar basura en tu cabeza y después no vas a poder sacártela más”, “hay que dejar espacio libre para el estudio y para que puedas pensar cosas buenas y útiles”.

Otro tanto hacía con los libros y revistas que leíamos, les daba una mirada y los seleccionaba para nosotros. Por supuesto que aún así desobedecíamos y leíamos a escondidas libros que él no hubiera aprobado que leyéramos a esa edad; por cierto no éramos chicos sumisos.

Con la televisión no pudo hacer mucho, porque las imágenes, aparentemente inofensivas, que mirábamos fascinados, no justificaban la “agresividad” (en la adolescencia ya usábamos esa palabra para calificar actitudes que considerábamos autoritarias, de nuestros padres) de cambiarnos el canal abruptamente, aunque al pasar por allí, él se pudiera dar cuenta de que el programa que veíamos no nos aportaba “cosas útiles y buenas”. Recuerdo que, en su desesperada impotencia nos repetía: “¡¿no se dan cuenta que los estupidiza y les quita el estímulo para razonar?!”.

Hace unos años tuve la suerte de asistir en Nueva York a una conferencia del prestigioso psiquiatra y rabino Abraham Twerski, quien la inició diciendo: “el enemigo principal de la salud mental de nuestros hijos se llama Internet” y después se refirió al enorme esfuerzo que los padres deben hacer para preservar su rol de maestros y guías de sus hijos, impidiendo que sus cerebros se vayan contaminando en forma sigilosa, traicionera y progresiva con información innecesaria, negativa y a destiempo de su edad.

Recalcó lo difícil que es para los padres competir con el “afuera”, que como una manada de lobos, parece querer tragarse el cerebro de los jóvenes, pero, insistió en que “las mentes de ellos son nuestro más preciado tesoro y debemos preservarlas”.

Muchas veces pienso que los padres y los abuelos deberíamos organizar campañas del tipo: “Padres en movilización activa por la defensa de la salud mental de nuestros hijos”, en lugar de acompañarlos sumisamente (porque los sumisos ahora, parecen ser muchos padres) o dejando a los jóvenes solos, en la incierta aventura de recorrer todo cuanto la sociedad y los medios tienen para ofrecer, sea esto útil o no, necesario o no, instructivo o no, ético o no.

Muchos padres ni siquiera son concientes de que son modelo y espejo para el comportamiento de sus hijos. Streisand dice en la canción: “Cuidado antes de decir ¡oye lo que te digo!, ellos te escucharán y el influjo de tus palabras podría volverse en tu contra”.

A la gente de esta época le encanta ir de shopping y el mundo se ha vuelto un shopping descomunal con delivery incluido, para toda idea y creencia que permitamos entrar a nuestros hogares.

Gracias a Di-s por la tecnología bien usada, también disponemos de los mensajes de la Torá y abundancia de temas de judaísmo en Internet, además de libros y publicaciones, videos y audios, que están disponibles para que los adultos las elijamos como una opción saludable, para intentar desintoxicarnos, para mejorar nuestra nutrición psíquica y espiritual y, principalmente, para ayudarnos a formar las mentes jóvenes. Pero en las mentes jóvenes, donde aún no funciona del todo el filtro que permite seleccionar y priorizar, muchos mensajes contradictorios solo crean confusión.

Como decía mi papá: “la basura ocupa espacio y no deja lugar para lo útil y necesario”.

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Estoy sentada en una plaza leyendo el diario mientras veo chiquitos jugando en el arenero y adolescentes que pasan de aquí para allá; mi mirada va desde ellos, a las noticias que me estremecen, muchas de las cuales los tienen como protagonistas y pienso en la canción de Streisand: …“¿Qué dejarás a tus hijos cuando mueras? Solamente lo que hayas puesto en sus cabezas…”

Dra. Beatriz (Betty) Literat Katz

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