Los chocolates de la abuela

Historias personales

Antes que nada aclaro que no soy un santo ni mucho menos. Pero desde que me fui a vivir sólo, cada vez que voy a lo de mis padres intento (enfatizo esto eh, intento) dar una mano, cosa que antes jamás hacía. Ojo, no es algo de lo que esté orgulloso, pero es así: mientras vivía en familia, prácticamente ni movía un dedo.
Mis padres organizaron en su casa una cena con el resto de la familia para celebrar una seguidilla de cumpleaños (tanto mis hermanos como mi madre cumplen en fechas cercanas, así que decidieron liquidar varios pájaros de un tiro con una sola cena). La invitación era absolutamente informal, más que nada era una excusa para reunir a la familia.
Siendo en lo de mis padres, la comida era 100 % kosher, y es por eso que mis tíos, primos y abuelas (que no respetan el kashrut) se cuidan demasiado por no “desentonar”. Tal es así que, cuando llegó mi abuela, quiso sorprenderme con una atención: una amiga había viajado a Israel y ella le había pedido expresamente que trajera chocolates. Con el cambio y todo le habrán salido mucho más caro que cualquier otra opción de las que pueden encontrarse en Buenos Aires. Pero claro, mi abuela es una de las “chapadas a la antigua”, y creía que sólo estábamos comiendo golosinas de Israel. Según su imaginación, hacía muchísimo tiempo que no comíamos un chocolate, y pensaba que era como si le regalara agua a alguien sediento. Ella no termina de entender que eso de tener que comprar todo importado y de Israel ya es cosa del pasado. Digamos que, en el caso de una mujer que no está tan inmersa en el mundo del kashrut, ésto no deja de ser un comentario que incluso puede resultar gracioso. Pero lo cierto es que son muchos los argentinos que viven en Buenos Aires y no terminan de comprender que es innecesario seguir gastando muchísima plata en productos traídos de afuera, porque por suerte cada vez son más los alimentos que cuentan con certificado kosher.
No sólo ya no es necesario ir a comprar a los locales exclusivamente kosher para buscar ciertos productos, sino que, incluso, en éstos comercios, uno puede encontrar marcas más reconocidas que se han dado cuenta de que hay un público consumidor kosher que va a elegir sus mercancías.
¿O acaso no tomamos, por ejemplo, Coca-Cola o Pepsi? Bueno, del mismo modo que en las gaseosas, en cientos de rubros las principales marcas internacionales han incorporado el sello kosher para lo que ofrecen. Ya no es necesario comprar las marcas exclusivamente kosher, porque siempre son carísimas y realmente a veces el sabor no es el que buscamos.
Volviendo al caso de mi abuela, obviamente le agradecí y puse mi mejor cara de “nieto sorprendido”. Así que, si la conocen, ¡por favor no le digan que les conté!

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