La torta Light que desapareció

Jana Segal

Nací y me críe en Uruguay, estudié en escuelas de Jabad, y escuelas hebreas de mi país. A los 17 años, me mudé a Bs As con mi familia y cursé mi último año de la secundaria en la escuela de Jabad. Viajé a Tzfat, Israel y estudié un año y medio con chicas de todo el mundo, aprendiendo y adquiriendo diferentes experiencias y conviviendo con “mentalidades distintas”. Por sobre todo, crecí como persona.

Y yo... ¿dónde me meto?

En Pesaj, tuvimos de invitada a una señora muy especial, que además de ser súper graciosa es re buena cocinera. En especial, le encantan las cosas dulces, hasta ella misma se denomina “una nasher”. Le fascina cocinar postres de todo tipo.
Como es obvio, en una mesa de Pesaj, se habla de Jametz, así como en Iom Kipur uno habla de comida, y en Sukot de lo lindo que es comer adentro. Así que nos relató sobre el último postre que había hecho aquella semana previa a Pesaj: Una Lemon Pie.
Obviamente no recuerdo sus palabras literales, pero intentaré redactarlas lo mejor posible:
“Quise hacerle una Lemon Pie a mi hija, que le encanta. Y yo, soy re nasher, entonces me encanta ponerle azúcar, y crema, y un montón de cosas. Pero, como me tengo que empezar a cuidar, quise hacerla original y le puse Splenda. La verdad que no tenía mucha fe en que iba a salir bien. Pero ¡No saben qué merengue que se formó!  Era gigante, fabuloso. La hice el miércoles, para poderla comer el viernes de noche en la cena de Shabat, así que la guardé en la heladera. A la mañana siguiente me levanto, y abro la heladera. El merengue había bajado. ¿Quién pudo haberse comido el merengue? Yo generalmente soy la que como lo dulces, y yo NO lo había comido. Bueno, a la noche me fijo de vuelta…y el merengue sigue consumiéndose. Yo la torta no la estaba comiendo, y sin embargo, estaba desapareciendo. Al día siguiente, abro de vuelta la heladera, y ¡casi que no hay merengue! Lo que quedaba era apenas una muestrita de lo que una vez había sido un gran merengue. Además se había quebrado la crema de limón que estaba debajo del merengue. No podía creer. ¡Y yo que creía que iba a poder deleitarme con una rica torta Diet hecha con Splenda!. Ni que hablar, que ninguno la comió. Pero ¡lo que nos reímos con esta torta!”
Y nosotros también con la historia…
Pero miren, qué interesante. La Splenda es como el azúcar, endulza igual, y además es dietética. Pero no es duradera, no es en verdad azúcar, sino una copia dietética de la misma. En cambio el azúcar, es duradera, porque es el verdadero dulce.
Nuestra alma está sedienta y quiere aprender Torá, y ahí empiezan las ofertas que no son las verdaderas. Y uno comienza a averiguar, a indagar. Buscar respuestas, siente deseo de encontrar la verdad.
Y en el mundo nos venden diferentes “propuestas”, “Clases de Kabalá”, etc. Sí, son dulces, sí, en el momento nos dan sensación de saciedad. Pareciera como si por fin hubiésemos hallado la respuesta. Pero no es duradera. Se consume.
La Torá, es el azúcar, y al ser la verdad, siempre perdura. A veces, por querer buscar cosas más “Light”, más dulces, uno se olvida de qué es lo que realmente pervive para siempre. La Torá es la fuente de la vida, es Eterna.
“Una copia nunca es tan buena como el original”.

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