Januka en el Kremlin

Jana Segal

Nací y me críe en Uruguay, estudié en escuelas de Jabad, y escuelas hebreas de mi país. A los 17 años, me mudé a Bs As con mi familia y cursé mi último año de la secundaria en la escuela de Jabad. Viajé a Tzfat, Israel y estudié un año y medio con chicas de todo el mundo, aprendiendo y adquiriendo diferentes experiencias y conviviendo con “mentalidades distintas”. Por sobre todo, crecí como persona.

Y yo... ¿dónde me meto?

Como ya les conté en blogs anteriores, tuve la oportunidad de estar en Rusia para Janucá.
Se ve que recuerdo seguido esta experiencia porque realmente generó un gran impacto en mi. No todos los días uno va a Rusia, además, ¿no les pasa que cuando les hablan de Rusia lo ven tan alejado como decir “Marte”?
En fin, pasar Janucá en Moscú, al lado del Kremlin (La palabra rusa Kremlin, designa a la ciudadela de una ciudad. Las urbes antiguas de Rusia no estaban custodiadas por murallas, sin embargo, sus respectivas partes centrales (donde estaba situada la catedral, el palacio del soberano, entre otros edificios relevantes, sí estaban rodeadas por estas defensas. El Kremlin de Moscú alberga la sede del gobierno central del país. Durante siglos fue la residencia principal de los zares de Rusia, hasta que la capital fue trasladada a San Petersburgo;) fue una experiencia impresionante. Era increíble especular que hace veinticinco años, era impensable para un judío pasar al lado del Kremlin, y he aquí, que habían reunidos centenares de judíos con el “kit completo” de traje, barba y sombrero, cantando músicas jasídicas frente a una Menorá gigante. ¡Hasta había un coro de rusos!
Y hacía un frío…no había quien no bailara, y no porque les encantara bailar, sino porque si se quedaban quietos mucho tiempo iban a terminar petrificados.
Días más tarde, me encontraba con el grupo de chicas con las que originariamente había viajado. Estábamos viajando en el ómnibus por la Plaza Roja, el Kremlin, el mausoleo de Lenin, en fin, por todas aquellas zonas que en una época eran intransitables por judíos, y una de ellas, una chica de Ucrania con antepasados rusos nos contó la siguiente historia:
“Mi abuelo era un moré- maestro de judaísmo- aquí en Rusia en la época del comunismo. Como no se podía estudiar judaísmo abiertamente, él enseñaba en un Jeider (aula de estudio) clandestino en el fondo de su casa. Una vez, un alumno le preguntó: “¿Cuándo vamos a saber el momento de la llegada del Mashíaj?” A lo que él le respondió: “Cuando los hombres judíos puedan caminar frente al Kremlin vistiendo como judíos con la kipá en la cabeza”.
Y he aquí que hoy por hoy, al lado del Kremlin, se celebra cada año un encendido público de la Menorá, con la presencia de rabinos y de cientos de judíos, cantando y bailando orgullosos y sin miedo.
Mashiaj ya!

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario