Familia numerosa

Rabino Shlomo Tawil

Mi nombre es Shlomó Tawil, nacido en Buenos Aires, de las familias pioneras de Jabad en Argentina, emisario del Rebe de Lubavitch en la ciudad de Rosario desde Febrero de 1987, casado con Chaya Sarah Dahan de París Francia, 8 hijos, 2 nietos por ahora bli ain hará.

La voz del interior

Una de las dificultades más grandes en que se encuentran ese señor de barba y sombrero y esa señora de vestido recatado que usted ve por cualquier calle de cualquier ciudad es la educación de sus hijos. Primero de todo, es tenerlos. Si tienes que viajar en taxi porque no tienes auto- y en regla general las personas observantes tienen más que una parejita de hijos- tienes que tomar más de un taxi para toda la familia. Salvo en casos excepcionales que algún taxista generoso te lleva más de 4 pasajeros. En una oportunidad éramos mi señora, yo, 2 nenas y un bebé, éramos 5!!! El taxista no quería saber nada, con el argumento del seguro etc., entonces mi señora le dijo: “¿qué quiere que haga, que lo deje al bebe solo?”

Me acuerdo la cara que puso otro taxista cuando por excepción nos llevó a mi señora y a mí y cuatro de mis hijos y nos hizo el comentario de nuestra familia numerosa, cuando le repliqué que la otra mitad de la familia quedó en casa. Bueno, el tema de planificación familiar lo dejamos para otra oportunidad.

Segundo: no es fácil transmitir educación judaica de observancia de los preceptos y vivencias judías fuera de los grandes centros judaicos, cuando el ambiente social es en el mejor de los casos indiferente y se empeora cuando se torna riesgoso, porque va en contra de los valores tradicionales judíos de moralidad, ética y demás.

Cuando estás en el interior, la educación judaica y ni que hablar jasídica se torna más complicada. No hay escuelas religiosas, no tienes amigos con las mismas preocupaciones, te burlan en la calle y no te queda otra que remar contra la corriente o como nos enseñó el Rebe, “si no hay una escuela, hazla” o “haz de tu lugar un Eretz Israel”. Eso es lo que hicimos, creamos una comunidad, hicimos un Gan y un Talmud Torá, nosotros mismos fuimos los maestros de nuestros hijos, logramos amigos que sientan como nosotros. Nuestros hijos son las primeras “víctimas” de la misión, pero el Rebe nos aseguró que si no nos quedamos con los brazos cruzados, él se hace responsable por ellos. Al salir del Egipto bíblico los primeros que reconocieron a Di-s fueron los niños.

Cuando enviamos a nuestra hija mayor a estudiar a Buenos Aires en la escuela de Jabad tenía solo siete años. Tuvimos suerte que mis padres, que tengan largan vida, la albergaron en su casa (como a todos los siguientes). Baruj Hashem, esta niña creció con las mejores notas escolares, se casó con un muchacho excelente, tiene una hija y se dedican también a la misión del Rebe.

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