El dilema de la lluvia

Vered Jaia Ginerman

Mi nombre es Vered Jaia, soy uruguaya, y tuve el mérito de hacer aliá a Eretz Israel en agosto del 2008. Desde ese momento vivo en el corazón de Ierushalaim. Soy estudiante de artes plásticas, educación y jasidut.

Vivir en Jerusalem

El jueves estaba en la biblioteca de la facultad y oí a dos chicas hablando:

-Fijate en internet el pronóstico, a ver cómo va a estar en Shabat. Espero que no llueva- agregó.

Su amiga le contestó espantada- ¡¿Cómo que no llueva?! ¡Ojalá que sí llueva!

-No, es que tengo que ir a un lugar en Shabat, y si llueve no voy a poder ir…

En ese momento observé a ver qué estaba pasando. La chica que quería saber el pronóstico del tiempo estaba pasando por un difícil dilema. La otra le pasó una mano por sobre el hombro, y empezó a explicarle amistosamente, cuánto era la lluvia más importante que su paseo de Shabat.

En un momento otra chica que estaba ahí sentada empezó a contar:

-Eso es lo que me pasó a mí. Porque me casaba en invierno, y de verdad no quería que lloviera ese día. Pero no podía rezar para que no lloviera, o sea, ¡necesitamos que llueva!

Es algo que nos pasa a muchos. Descubrí que hay cantidad de israelíes, y no digo la mayoría solamente porque no ví ninguna estadística real, a los que no les gusta el invierno. Viven casi todo el año de verano sin ver caer una gota de agua, y pareciera que así lo prefieren. Sin embargo, la situación de sequía general, y especialemente de los últimos años, es un tema sabido por todos. Hay personas que dicen: -Que llueva, pero en el Kineret, no acá.- Claro que es un dilema difícil. De un lado están mis deseos personales, a los cuales la lluvia más que incomoda. Pero por otro, sé perfectamente cuánto hace falta la lluvia en mí tierra, y cuán difícil está la situación. Lo que me dará disfrute momentáneo versus una imperiosa necesidad. Más difícil aún es a la hora de rezar. Todos los días del invierno, en cada uno de los rezos, pedimos por lluvia. El rezo debe surgir del corazón. ¿Pero cómo lo convenzo de lo que mi intelecto entiende? Sé que tiene que llover, pero preferiría que justo hoy no… ¡Qué enfrentamiento! ¿Se imaginan ese corazón, dentro de esa persona, cómo late con fuerza y quiere hacer lo correcto?, pero ¡qué difícil es!

Por otro lado, aprendí también cuánto valoran las personas acá cada gota de lluvia. Aunque pueda ser incómodo, generalemente al oír que “afuera está lloviendo”, o al sentir la lluvia, se oyen variados “¡Baruj Hashem!”. Más de uno sale a sentir las gotas en su rostro y sonrisas cómplices se esparcen por todos lados. A todos nos incomoda andar por un mundo mojado, o peor aún, mojarnos nosotros mismos. Pero, ¡qué bendición acabamos de recibir! La primera vez que escuche una exclamación de agradecimiento por la lluvia, no entendí qué pasaba. Estaba acostumbrada a lamentarme cada vez que una lluvia me tomaba desprevenida. Pero la alegría no viene de mi comodidad personal, la cual no se ve nada favorecida. Viene de un sentimiento de pertenencia, a un pueblo y una tierra. A un bien común.

Incluso aquellos que extrañábamos los días nublados y chapotear por los charcos, no es de ahí que viene la alegría (aunque un poco capaz que sí…). La alegría más grande viene del agradecimiento que uno siente para con el Creador del mundo, por habernos dado tan grande bendición.

Sea Su voluntad que continúen las lluvias de brajá en Israel, y que cada día mejoremos en el enfrentamiento entre nuestros intelecto y corazón. ¡Hasta la próxima!

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