El auto no es mío

Jana Segal

Nací y me críe en Uruguay, estudié en escuelas de Jabad, y escuelas hebreas de mi país. A los 17 años, me mudé a Bs As con mi familia y cursé mi último año de la secundaria en la escuela de Jabad. Viajé a Tzfat, Israel y estudié un año y medio con chicas de todo el mundo, aprendiendo y adquiriendo diferentes experiencias y conviviendo con “mentalidades distintas”. Por sobre todo, crecí como persona.

Y yo... ¿dónde me meto?

El otro día, fui con mi marido a comprar algunas cosas en la verdulería.

Llevamos el auto, ya que tendríamos que cargar bolsas pesadas.

Lo dejamos estacionado y nos fuimos.

Luego de cinco minutos salimos, para notar que…la grúa se había llevado el auto. Resultó ser que tocaba la línea amarilla.

En eso, mi marido se da media vuelta y ve el auto colgando de la grúa en el semáforo de la esquina. Me tiró las bolsas con las verduras y comenzó a correr. Yo me quedé juntando los tomates que rodaban por la acera, y me paré a esperar.

A los cinco minutos, me llama por teléfono y me dice que está con el auto y que ahora pasa a buscarme.

En el camino hacia casa, me contó lo sucedido.

“Mientras corría preparé las llaves en el camino, abrí la puerta del auto y empecé a tocar bocina. Los hombres empezaron a gritar “¿Qué tocásbocina? Ya te lo bajamos. Entonces yo les dije: “Lo que Ustedes hacen es ilegal, porque le tienen que poner las rueditas de atrás y no se las pusieron. Entonces me dijeron: “Denuncianos si querés”. “No voy a perder el tiempo denunciándolos”, acotó. “Además, ellos ¿qué hacen? Para llevárselo más rápido, no le ponen las rueditas, y después de unas cuadras paran y ahí se las ponen”, me contó.

Días más tarde, estábamos caminando y vemos que una grúa se lleva un auto…también porque tocaba la línea amarilla.

Y obviamente, no tenía colocadas las rueditas de atrás.

Mi esposo salió corriendo, y les dijo que era ilegal lo que hacían. Entonces le preguntaron: “¿El auto es tuyo?” El respondió que no. “Entonces, ¡desaparecé de aquí!”, le gritaron los insolentes. Pero él no se daba por vencido. “Es ilegal, ustedes le tienen que poner las rueditas de atrás”. Ellos seguían con los insultos. Entonces, le digo a mi esposo: “Sácales una foto”. “Buena idea”, me respondió. Cuando vieron que sacaba el celular para fotografiarlos, le pusieron las rueditas de atrás.

Nosotros nos fuimos, y en el camino, mi esposo me dijo: “De todas formas no logré lo que quería…que llegara el dueño. Le quise dar más tiempo, pero igual no vino”.

Quedé pensando: Si cada uno se preocupara por el otro como nos preocupamos por nosotros mismos, qué distintas serían las cosas, ¿no?

En la Torá está escrito “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Prácticamente hablando, esto significa: Cada mañana cuando te levantes, dí: “Acepto sobre mi la Mitzvá de amar a mi compañero como a mi mismo”

Seguir con la ley de oro de Hilel: “Si no te gustaría que te lo hagan a ti, no se lo hagas a otro”

Habla sólo bien del otro. No escuches siquiera una palabra mala, a menos que surja de la conversación un beneficio real.

Preocúpate por la propiedad de tu compañero como te preocuparías por la tuya

Siempre busca oportunidades para hacerle un favor a otro judío.

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