Dos orejas y una boca

Betty Katz

Beatriz (Betty) Literat Katz es médica cirujana, ginecóloga y sexóloga clínica.  Es miembro de la International Society for Sexual Medicine y docente de la UBA. También es judía observante, madre y abuela. Sus inquietudes la han llevado a unir la ciencia médica con el conocimiento judaico en la teoría y en la práctica: “la gente no necesita tener conflictos pensando qué es lo válido, si ciencia ó religión; se puede, se debería vivir con ambas”, dice. Para ello ha pasado los últimos 20 años estudiando Torá y las fuentes judías del jasidismo y dando conferencias en las cuales expone temas médicos de su especialidad, a la luz de los conceptos judaicos. Gran admiradora de Maimónides (1135-1204), reconoce que “fue un formidable sexólogo y defensor a ultranza de los derechos de la mujer”. “En esta época de tanta confusión, todos deberíamos tener en nuestra mesa de luz algún buen libro sobre judaísmo” dice, “dormiríamos mejor a la noche y nos despertaríamos más contentos cada mañana.

Doctora: su diagnóstico por favor

Sentarme a leer a la sombra de un arbol frondoso es un encantador placer para mí. Puedo llegar a abstraerme tanto en la lectura que no escucho nada de lo que pasa a mi alrededor. Pero esa tarde, el sonido que se abrió paso desde mi entorno hasta mi cerebro era de dos voces airadas que discutían, por lo tanto, mi concentración en la lectura se fue disolviendo entre las palabras que, en contra de mi voluntad, se filtraban por mis oídos.

¿Era importante el motivo de la discusión? Seguramente que sí para los que discutían y ya estaba por levantarme e ir a buscar otro lugar más tranquilo para continuar con mi lectura cuando escuché que uno de ellos dijo algo en voz baja que provocó una risita de la otra persona. Inmediatamente cambió el tono del diálogo y, aunque con cierta tensión en las voces, continuaron polemizando aunque, esta vez en un tono más reflexivo. Realmente no me interesa la vida ajena y me hubiera ido, pero algo en esas voces me provocó una sana curiosidad y continué pretendiendo leer mientras escuchaba la manera deslumbrantemente inteligente en que estas personas, (no revelaré si eran mujeres o varones porque no viene al caso, utilizaré el género femenino pues hablo de personas), transformaban dos posiciones aparentemente muy divergentes, en un proyecto común para mejorar su relación.

Nunca conoceré sus rostros (porque ni me di vuelta para mirarlos), pero esa tarde dos desconocidas me dieron una lección práctica de excelencia acerca de cómo discutir sin pelearse, que quiero compartir con ustedes.

  • Siempre hablaron del problema como si fuera un obstáculo que ambas debían enfrentar; si una de ellas acusaba a la otra o la responsabilizaba, la otra hacía un silencio y entonces, la primera se retractaba y volvían a plantear el problema como quien habla de un enemigo común. Escuché muchas veces las frases “yo se que nunca tuviste la intención”, “te lo señalo para que te des cuenta cuánto me molesta”, “¿qué puedo hacer para ayudarte con esto?”, “está bien que discutamos para ventilar nuestro enojo y solucionar esto”, “¿cuál es, objetivamente y sin pasión, tu punto de vista?”.
  • Se llamaron todo el tiempo por sus nombres y a veces utilizaron diminutivos cariñosos, aunque el tono y el contenido de la discusión para ellas fueran muy emotivos. Nunca se dijeron cosas insultantes ni usaron palabras groseras para dirigirse una a la otra.
  • Una de ellas prestaba más atención a lo que decía la otra y se lo hacía notar constructivamente al decirle “sé lo que querés decirme”, “te repito tus propias palabras”, “te repito lo que te acabo de decir porque creo que no me interpretaste”; “¿querés que te lo explique de nuevo con otras palabras, porque me parece que no llegás a entenderme?”.
  • Un par de veces pidieron a la otra un receso, lo cual me pareció gracioso y admirable al mismo tiempo, me hizo acordar a los intervalos en las peleas de boxeo. Utilizaron la frase, “paremos un par de minutos porque nos vamos a enredar mal”. Una vez propusieron dejar la discusión para el día siguiente porque sentían que no avanzaban con las ideas para llegar a una solución “esto se nos está yendo de las manos”, dijeron.
  • En todo momento dejaron en claro que eran dos personas que querían llegar a una solución que no humillara a ninguna de ellas. También se percibía que no era una pulseada para comprobar quien era la más fuerte o quien tenía la razón, sino que ambas debían ayudarse para saltar o resolver el obstáculo y continuar con su relación.

- Sobre el final, ambas dijeron cosas como “me gustaría que me ayudes a…” y “me resulta difícil darme cuenta…por eso te pido que me avises cuando digo o hago algo que te molesta”.

Esa tarde recibí un gran regalo, fui testigo de un modo inteligente, sensible y efectivo del manejo de la comunicación entre dos personas con puntos de vista opuestos y quedé pensando en las enseñanzas jasídicas. Tenemos dos oídos para poder escuchar al otro con atención, reflexivamente y con la mente abierta, pero una sola boca para expresarnos con cuidado, verdad y con emociones positivas y constructivas.

Dra Beatriz (Betty) Literat Katz

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