Camino a la conexión

Vered Jaia Ginerman

Mi nombre es Vered Jaia, soy uruguaya, y tuve el mérito de hacer aliá a Eretz Israel en agosto del 2008. Desde ese momento vivo en el corazón de Ierushalaim. Soy estudiante de artes plásticas, educación y jasidut.

Vivir en Jerusalem

Quiero compartir con ustedes una anécdota que una amiga, que se llama Amital, me contó muy emocionada hace poco.

En el marco de una clase de dibujo, salió todo el grupo junto cargando hojas, lápices, pasteles, tablas de dibujo y otros objetos varios. Fue un martes por la mañana, y justo se dio que Amital no había alcanzado a terminar Shajarit (el rezo matutino). Había pensado salir un ratito de clase, hacer la tfilá (el rezo) en la cafetería y luego volver, como quien no quiere la cosa. Pero la tomó por sorpresa esta salida al parque. Éste era muy lindo, cabe decir. Una plaza con juegos para niños, rodeada de espacio verde con árboles y mesitas de madera aquí y allá. Más al fondo otra plaza, con juegos para niños más chicos. Y para el otro lado, una especie de campo baldío semi cercado. Alrededor del parque las casas son variadas. Hay antiguas, de piedra amarillenta con ventanas chicas y algún balconcito, y modernos edificios llenos de ventanas y ropa colgada. Un lugar excepcional para dibujar, temas sumamente variados se pueden encontrar ahí.

Mientras la profesora explicaba el cometido de la clase y todas las chicas la rodeaban de pie bajo el cálido sol de la mañana, Amital no podía dejar de pensar en qué iba a hacer. Estando en un parque no podía irse de repente, desaparecerse por veinte minutos. Tenía que quedarse dibujando. ¿Pero qué iba a hacer con Shajarit? Decidió que lo mejor sería fluir con todas, y Hashem ya la ayudaría a encontrar una solución.

La profesora dijo que se dispersaran por el parque, cada una debía buscar un lugar que le interesara dibujar. Amital empezó a caminar con sus compañeras. Fue al campo baldío, pero no la atrajo. Caminó por todo el parque, ningún lugar le llamaba suficientemente la atención. Caminó hasta que todas sus compañeras ya habían encontrado un sitio donde sentarse, y siguió de largo. Pasó la plaza de niños chiquitos y llegó al final de un camino. En el extremo opuesto del que venía estaba la calle. Justo en una esquinita formada por un jardín de infantes al lado del parque, había un murito. Se sentó sobre él. Miró a su alrededor y vio una imagen exquisita. Una composición diagonal, en que un camino (ese por el que venía caminando) cruzaba el dibujo y dejaba a ambos lados dos árboles y algunos arbustos, y en el medio, juegos de luz y sombra que le fascinaron. Ni una palabra más. Ahí mismo se quedó sentada. Y no lo podía creer. Casi sin darse cuenta había llegado al extremo del parque, y se había sentado en un murito que quedaba oculto por el jardín de infantes, con la colaboración de un alto árbol al costado. –Perfecto- pensó, -hasta que la profesora llegue acá, voy a tener tiempo de hacer Shajarit-. No podía creer la providencia divina que había tenido. Pero era sólo el comienzo.

Por precaución, decidió esperar a que la profesora viniera una vez, y sólo cuando se fuera tendría unos minutos tranquila. Para su sorpresa llegó rapidísimo, aparentemente quizo empezar por el fondo. En el correr de la siguiente hora, la profesora volvió otro par de veces, y ella todavía sin poder ocuparse del importante asunto. Es que el parque estaba lleno de gente, ¿cómo iba a hacer? Justo la hora de ir pasear con los chicos. Pero el siguiente milagro vino justo a tiempo. Cuando la profesora se fue la última vez, tras avisarle que en media hora se encontrarían todas las chicas en el extremo opuesto del parque para ver todos los dibujos, se hizo presente. De repente, el parque quedó completamente vacío. Hasta los gatos desaparecieron. Nadie. Amital no podia dar crédito a lo que veía. Se puso las pilas, miró al cielo agradecida, e hizo la tfilá.

Cuando terminó, le quedaba muy poco tiempo para avanzar en el dibujo antes del encuentro grupal. Así que intentó ocuparse rápidamente de las cosas que la profesora le había remarcado antes. Esta quedó satisfecha, y ni mencionó el que no hubiera avanzado casi nada en el último rato.

Me pareció que esta historia nos deja un mensaje muy profundo. Cuando uno tiene la intención correcta, cuando de todo corazón quiere hacer lo que debe hacer, y además está preparado para ver las señales que le mandan, incluso las cosas que parecen imposibles se pueden volver posibles. Dicen los sabios que por el camino que el hombre elige ir, por allí lo llevan. El primer paso, es elegir…

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