Café sin retenciones

Tatiana Moszel

Mi nombre es Tatiana nací y me crié en Buenos Aires. Desde chica siempre tuve interés en la cocina. Tome clases particulares con un chef y siempre estoy en la búsqueda de recetas fáciles e innovadoras para agasajar a mi familia, amigos e invitados. Cosa que es posible sin dejar de lado todos los detalles del Kashrut.

Martín Lipszyc

Martín Lipszyc es periodista político y cultural desde hace 7 años. Luego de 4 años como columnista del programa "El Parquímetro", hoy se desempeña en el programa de Diego Ripoll en "Dale!" por FM Mega 98.3 y en el de Ale Lacroix en FM Urbana 89.5. Además, es colaborador asiduo del Suplemento SI de Clarín. Su interés en la gastronomía y el giro que tomó su familia respecto del kashrut hicieron que él se adentrara en la temática e investigara un poco más sobre las tendencias, las dificultades y las bondades de éste tipo de dieta. "Kosher Urbano" es, en definitiva, un muestrario de sus experiencias en el camino del kashrut.

Kosher Urbano

El descubrimiento fue producto de mi apuro. Dentro de mis tareas como periodista, comento los estrenos cinematográficos. Y, por lo general, las funciones privadas son por la mañana.
Aquella vez había salido apurado de mi casa, llegando justo para el comienzo de la película. Al finalizar, no había probado bocado y necesitaba un café con leche: me lo pedía el cuerpo. La función fue en el Hoyts del Abasto, así que apenas salí de la sala enfilé hacia el patio de comidas. No tenía mucho tiempo porque debía llegar a la radio, por lo que buscaba un café como para llevar.
Ahora que lo pienso, de haber tenido el tiempo suficiente como para sentarme un rato, jamás hubiese ido al Mc Donald’s kosher por un simple café. Pero lo cierto es que en esa cadena de hamburguesas sí venden los vasos listos como para el “coffee-to-go”, y en el otroMc Donald’s había demasiada gente. Ya en el puesto kosher me aclararon que la leche que utilizaban era de soja. Ahí dudé: ¿finalmente iba a sucumbir y probar tal engendro?
Siempre le había tenido rechazo. Llámenle prejuicio o como quieran, pero no me cerraba mucho la idea de que de una planta saliese un producto similar al que nos da la vaca. Perdido por perdido, acepté el desafío. Y el más sorprendido fui yo. Lo primero que pensé fue que el café con leche de soja no era taaaan malo. Pero a medida que lo degustaba me daba cuenta de que, si bien no era el clásico que tomaba todas las mañanas, era una bebida reconfortante, dulce, que suplía satisfactoriamente mi café matinal. Al terminar el vaso, ya en la calle, me había convencido: el café con leche de soja no está nada mal. Insisto: no tiene el exacto sabor al del producto lácteo, pero tranquilamente funciona como para aquel que tenga ganas de una bebida caliente y más sustanciosa que el té después de alguna cena cárnica.
Desde entonces, me di cuenta de que en esto de incursionar en el mundo kosher lo ideal es sacarse de encima los prejuicios.
Eso sí: pasarán muchos años hasta que acepte tomar un vaso de leche de soja sin agregados!

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