Bolsas

Vered Jaia Ginerman

Mi nombre es Vered Jaia, soy uruguaya, y tuve el mérito de hacer aliá a Eretz Israel en agosto del 2008. Desde ese momento vivo en el corazón de Ierushalaim. Soy estudiante de artes plásticas, educación y jasidut.

Vivir en Jerusalem

Un clásico de la música israelí es una canción llamada “Una Señora Con Bolsas”. Con tono divertido cuenta sobre una señora que sube al ómnibus con un montón de bolsas llenas de todo tipo de alimentos, las cuales empieza a colocar en asientos, ocupando todo lugar libre. Llega un punto en que no quedan mas asientos, y se le pide a un niño que ya mismo se pare, que cómo no vio que la señora necesita un lugar

De chica escuchaba esta canción, y me resultaba muy divertida. Trataba de adivinar qué significaban las palabras que describían lo que había en cada bolsa. Lo único que me acuerdo que entendía es “jumus, tjina” y “klementina” (mandarina). Hace muchos años que no la escucho, pero a veces se me viene a la mente, cuando el ómnibus en el que viajo recoge gente en el shuk (la feria). Ahí se bajan la mitad de los pasajeros, parte de los cuales llevan carros y bolsas vacías. Esto es un gran alivio momentaneo, porque en seguida un grupo de personas se ocupa de llenar el espacio vacío, y aún más que antes, ya que en su caso los carros y bolsas están repletos. Muchas veces hay personas que se suben con demasiadas bolsas. Empeizan a ponerlas sobre los asientos, a dispersarlas por el piso. Ruedan las frutas por el pasillo, hay que atar los carros o sostenerlos fuerte. Una bolsa de nylon llena de panes, otra llena de paquetes de bamba y crembo, bolsas con verduras y con frutas secas. La canción se queda corta, y yo todavía más. Una vez me subí, y me encontré con que no había ningún lugar para sentarse, pero tres asientos estaban ocupados por cantidad de bolsas. Otra vez, vi subir a un señor, que venía con un carro lleno y un montón de bolsas. Fue toda una complicación para ubicar el carro en una posición que no se moviera por todos lados, hasta que consiguió trancarlo entre dos asientos enfrentados, sentarse en uno, y en otros dos poner todas sus bolsas. En medio del asunto, abrió un paquete de bisli y se puso a comer. Y lo mejor es que el chofer estaba esperando que el hombre se acomodara: hasta que él no le dijo no arrancó.

Cada vez que me topo con una situación así dudo por un momento si disgustarme o reirme. Y baruj Hashem termina dándome mucha gracia. La gente se siente tranquila como en su casa, o en su propio coche. No tienen problema, viajan con todas las compras para Shabat a cuestas, y ya todos lo saben, y ayudan, y generalmente no se quejan. Hasta me tocó a mí una vez viajar muy cargada. No con bolsas de la feria, pero sí iba con una mochila y una valija muy pesadas. Cuando me tenía que bajar salió la valija volando por el pasillo, y alguien muy amable se ocupó de bajármela a la vereda, sin que yo le dijera nada.

Aunque el viaje sea a veces un poco apretado y ruidoso, es lindo ver el sentimiento de responsabilidad mutua y comprensión entre las personas. Y sí, habrá que seguir atrapando las mandarinas que ruedan hasta nuestros pies, o haciendo espacio para diversos carros de feria que necesitan ser estacionados. Beezrat Hashem sabremos disfrutar también de estas extrañas situaciones y no perder nunca la sonrisa. ¡Hasta la próxima!

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