Amores engañosos

Betty Katz

Beatriz (Betty) Literat Katz es médica cirujana, ginecóloga y sexóloga clínica.  Es miembro de la International Society for Sexual Medicine y docente de la UBA. También es judía observante, madre y abuela. Sus inquietudes la han llevado a unir la ciencia médica con el conocimiento judaico en la teoría y en la práctica: “la gente no necesita tener conflictos pensando qué es lo válido, si ciencia ó religión; se puede, se debería vivir con ambas”, dice. Para ello ha pasado los últimos 20 años estudiando Torá y las fuentes judías del jasidismo y dando conferencias en las cuales expone temas médicos de su especialidad, a la luz de los conceptos judaicos. Gran admiradora de Maimónides (1135-1204), reconoce que “fue un formidable sexólogo y defensor a ultranza de los derechos de la mujer”. “En esta época de tanta confusión, todos deberíamos tener en nuestra mesa de luz algún buen libro sobre judaísmo” dice, “dormiríamos mejor a la noche y nos despertaríamos más contentos cada mañana.

Doctora: su diagnóstico por favor

(Fundamento científico)

Las vacaciones de verano en la playa, según señalan con insistencia las revistas y la televisión, son la época más propicia para que las personas encuentren romances.  Por cierto, el contacto con el propio cuerpo al aire libre, la escasa ropa y el abundante exhibicionismo de un estado de ánimo eufórico, estimulan la imaginación y producen una descarga de sustancias químicas (neurotransmisores) que provienen del cerebro e invaden el cuerpo estimulando los sentidos.
Según muchos estudios de investigación, estas sustancias sumadas a ciertas hormonas que también se liberan en la sangre como consecuencia del estímulo visual sobre todo, producen una “borrachera hormonal”, es decir que la percepción de las cosas puede sufrir una alteración y lo que creemos ver, escuchar y tocar, a veces no es la realidad misma sino una tergiversación producida por nuestro propio deseo, condimentado con las sustancias químicas en cuestión. Esto es muy fácil de demostrar, ¿escucharon alguna vez decir “la comida parecía más rica de lo que era por estar en buena compañía”? ó “ni me acuerdo de lo que hicimos, pero ¡lo pasé de bien….!.”.
No son pocas las veces en que, concretado un encuentro con “alguien especial que conocí en las vacaciones”, se le dice adiós a la persona que se suponía era la adecuada para uno, porque la química de las vacaciones es mucho más fuerte y a menudo mueve estructuras…por un tiempo.
Semanas más tarde, la vuelta al trabajo y a las actividades del mundo cotidiano calma la euforia, se comienza a opacar el deslumbramiento y a ese “alguien especial” lo empezamos a ver común y corriente, hasta que la “canilla hormonal” se cierra y se terminan las sensaciones mágicas.
Lo que acabo de explicar es una versión muy simplificada de lo que hace nuestro sistema neurohormonal ante estímulos visuales, auditivos, táctiles y de nuestra imaginación. Este funcionamiento se ha ido descubriendo en los últimos veinte años.

(Fundamento científico)Las vacaciones de verano en la playa, según señalan con insistencia las revistas y la televisión, son la época más propicia para que las personas encuentren romances.  Por cierto, el contacto con el propio cuerpo al aire libre, la escasa ropa y el abundante exhibicionismo de un estado de ánimo eufórico, estimulan la imaginación y producen una descarga de sustancias químicas (neurotransmisores) que provienen del cerebro e invaden el cuerpo estimulando los sentidos.Según muchos estudios de investigación, estas sustancias sumadas a ciertas hormonas que también se liberan en la sangre como consecuencia del estímulo visual sobre todo, producen una “borrachera hormonal”, es decir que la percepción de las cosas puede sufrir una alteración y lo que creemos ver, escuchar y tocar, a veces no es la realidad misma sino una tergiversación producida por nuestro propio deseo, condimentado con las sustancias químicas en cuestión. Esto es muy fácil de demostrar, ¿escucharon alguna vez decir “la comida parecía más rica de lo que era por estar en buena compañía”? ó “ni me acuerdo de lo que hicimos, pero ¡lo pasé de bien….!.”.No son pocas las veces en que, concretado un encuentro con “alguien especial que conocí en las vacaciones”, se le dice adiós a la persona que se suponía era la adecuada para uno, porque la química de las vacaciones es mucho más fuerte y a menudo mueve estructuras…por un tiempo.Semanas más tarde, la vuelta al trabajo y a las actividades del mundo cotidiano calma la euforia, se comienza a opacar el deslumbramiento y a ese “alguien especial” lo empezamos a ver común y corriente, hasta que la “canilla hormonal” se cierra y se terminan las sensaciones mágicas.Lo que acabo de explicar es una versión muy simplificada de lo que hace nuestro sistema neurohormonal ante estímulos visuales, auditivos, táctiles y de nuestra imaginación. Este funcionamiento se ha ido descubriendo en los últimos veinte años.

(Fundamento judío)

Nuestras fuentes conocen muy bien la química sexual, de hecho hablan de ella en muchos pasajes. También nuestros Sabios, conocedores de la fuerza que tiene el impulso sexual en el ser humano, han escrito tratados acerca del tema. Seguramente que no con la terminología científica, sino a través de los relatos de las vidas privadas de sus protagonistas y enfatizando modelos de conductas positivas y negativas, ya que su objetivo es abrirnos los ojos para que no nos engañemos con las apariencias y no cometamos errores lamentables. Como sabemos, la mejor forma de aprendizaje se obtiene a través de los ejemplos y ésta es la metodología que la Torá utiliza.

Uno de los pasajes bíblicos conmovedores es el relato de la Parashá Lej Lejá en que Abrám y Sarai van a Egipto y él le dice a ella “Mira, ahora sé que eres una mujer hermosa….dí por lo tanto que eres mi hermana”. ¿Después de tantos años de matrimonio, recién  él se da cuenta de la belleza de Sarai? ¿Acaso estuvo mirando para otro lado? Este pasaje nos quiere decir que Abrám le prestaba más atención al temperamento y actitudes de su mujer y era sobre estas bases que el matrimonio se sostenía; su belleza no era algo relevante en ese matrimonio, y sin embargo, refieren las fuentes que fue este un matrimonio tan sólido que admitió aún la presencia de otra esposa y otro hijo en el medio sin debilitarse.

Otro pasaje aleccionador es el de Itzjak y Rivká; en la Parashá Jaié Sará cuando ella ve por primera vez a Itzjak, cubre su cara con un velo; y el relato continúa diciendo “Itzjak la llevó a la tienda de su madre, se casó con ella y él la amó”. Rivká había pasado varios años antes del casamiento cumpliendo las mitzvot de la mujer, en la tienda de su suegra, Sará, y él la amó no por su bello rostro sino por sus buenas cualidades y su devoción al judaísmo, que ella demostraba al continuar el buen ejemplo de su suegra fallecida.

Existen muchos ejemplos similares como el de Iaacov y Rajel y el de Elkaná y Janá (madre de Shmuel HaNaví), en los cuales el temperamento femenino que se sostiene en acciones positivas y amables, logra el apego indestructible del hombre hacia su mujer. En todos los casos, el recato es un factor permanente y no solamente el recato en la vestimenta, sino en el habla y en el comportamiento, lo cual define la esencia de la femineidad tal como la describen nuestros sabios: “La auténtica belleza de la Princesa, está en su interior”.

Este es el mensaje que nuestro Creador nos da desde hace más de 5000 años acerca de la atracción, la elección y la perdurabilidad de las relaciones amorosas.

Dra. Beatriz Literat Katz

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