Akiva lo entendió

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Akiva, el pastor, se encontraba en un momento crucial de su vida. Al borde de los cuarenta años, recién casado con la mujer de sus sueños, Rajel, quien había dejado todo por él. Era un completo ignorante, no conocía siquiera la forma de las letras, solamente conocía las palabras de las plegarias, por haberlas memorizado. Su esposa le insistía constantemente, en que deje su trabajo con los animales y se dedique al estudio. Su respuesta era siempre la misma: “Lo voy a pensar”. Y cuando lo hacía, se auto-convencía que ya era muy tarde. “Estoy pisando los cuarenta, todo una vida detrás, mi destino está marcado.”

Cierto día se encontró con sus colegas pastores, en el manantial del cual saciaban la sed de las ovejas. Llegó temprano. Observando, percibió que la roca que cubría los piletones, tenía un hueco importante. Preguntó a los otros, quien había perforado de esa manera la roca. La respuesta lo impresionó, y le cambió la  vida. Y la nuestra también. “El goteo constante del agua sobre la piedra, acabó por agujerearla.” Akiva reflexionó: Si el agua, un líquido, puede penetrar algo tan sólido como una roca; la Torá, que es más filosa que un cuchillo, seguro que puede impregnar mi corazón.
No fue en ese momento que comprendió la grandeza de la Torá, ya que aún no había estudiado. Lo que cambió fue su visión de la realidad. En su mundo, el fuerte siempre vencía. El rico oprimía al pobre. El poderoso conquistaba al débil. La fuerza doblegaba la razón, el puño por sobre la educación. Ejemplos no le faltaban.Vivimos del día a día, parece que la corrupción, el crimen, la maldad de carácter, la traición, y la falta a los principios; la necedad, la frivolidad, y la oscuridad, son invencibles. Da la sensación, que todos los esfuerzos por corregir el rumbo son infructuosos. Que a pesar de todos los movimientos ecologistas, la contaminación continúa a paso firme. Que sin importar cuantos policías hay, el crimen no se detiene. Que la justicia se vende al mejor postor. Que las conveniencias personales prevalecen sobre la justicia social, y el bien general. En ese mundo también vivía Akiva. Entonces tuvo la visión del agua rompiendo la piedra. Comenzó a prestar atención a los detalles. Dentro de cada situación  adversa, existen detalles de esperanza. Aún en la peor oscuridad, se encuentran chispas de luz.Este es también el ejemplo que nos da Januca. Un imperio poderoso, acostumbrado a someter pueblos y tribus bajo su suela, no pudo con el espíritu de los Macabeos. Su victoria, no fue rápida, ni definitiva, y su lucha continuó por muchos años más, sin ni siquiera contar con un final feliz, ya que al cabo de continuas luchas con las diferentes potencias, acabaron por desterrarlos de su tierra. Pero dejaron el mensaje claro: El judaísmo estaba vivo, y para siempre. Nos demostraron, que encendiendo una pequeña llama cada día, se logra mucha luz, y se expulsa mucha oscuridad. Que el esfuerzo diario y genuino se acumula, hasta convertirse en una fuerza poderosa, como una bola de nieve, que a cada giro, es mayor, hasta que es imparable. Akiva lo entendió todo en un flash, y se convirtió en Rabí Akiva, uno de los más grandes sabios de todas las épocas, con una inmensurable influencia en el Talmud, y la Halajá-ley Judía.Si nosotros lo entendemos, lograremos lo mismo. Un cambio inimaginable antes del intento. Rabí Akiva es la prueba.

Rabino Yoni Kapeluschnik.

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