¿Qué timbre tocamos?

Jana Segal

Nací y me críe en Uruguay, estudié en escuelas de Jabad, y escuelas hebreas de mi país. A los 17 años, me mudé a Bs As con mi familia y cursé mi último año de la secundaria en la escuela de Jabad. Viajé a Tzfat, Israel y estudié un año y medio con chicas de todo el mundo, aprendiendo y adquiriendo diferentes experiencias y conviviendo con “mentalidades distintas”. Por sobre todo, crecí como persona.

Y yo... ¿dónde me meto?

El edificio en donde vivo es apto profesional. Hay psicólogos, estilistas, médicos, dentistas, y más. Tiene trece pisos, con cuatro departamentos por piso.

¿Para qué les cuento todo esto?

Bueno, verán. En la entrada del edificio, como en todos, están los timbres. Siendo que hay trece pisos, como les dije, hay catorce filas horizantales, con cuatro botones en cada una.
No es un error garrafal matemático lo que acabo de redactar. Sí, hay trece pisos. Pero están las oficinas profesionales. Que son cuatro más.

Esos cuatro botones, constituyen la primera fila contando desde abajo. Cada botón, está señalizado con una pequeña placa, escrita en ella el nombre de la empresa, o sociedad, o nombre de la oficina. Yo vivo en el 1er piso. O sea, que la fila de timbres del primer piso está, obviamente, arriba de la fila de timbres de estas cuatro oficinas, y arriba de estas plaquitas.

Ahora bien, una persona que mira este tablero, probablemente no lo encuentre muy complejo de descifrar. Los trece pisos, están muy claramente señalizados, al estilo batalla naval; el número del piso del lado izquierdo, y la unidad del departamento arriba, (A, B, C y D). Los cuatro botones de abajo, son obviamente algo “fuera” de este rectángulo de pisos y letras, y además, a las claras se ve de qué oficina o lugar de trabajo son.

Resulta ser, que la placa que señala el botón debajo del nuestro es de una sociedad de odontólogos. Debajo de estos cuatro botones extra, no hay nada, así que: Esa plaquita, ¿señala el botón de abajo o el botón de arriba? ¡Obvio que el botón de abajo!

Pero la gente no lo ve tan simple como es. De mañana, mediodía y tarde, constantemente nos tocaban el timbre. Estas son algunas de las pocas conversaciones que hemos mantenido con estos distraídos pacientes:

“¿Quién es?”
“Irma Pérez”
“¡Equivocado!”
“Disculpe”.

O, están aquellas un poco más elaboradas, como ser:
“¿Quién es?”
“Juan López”
“¿Ud va a …. (dicha asociación de dentistas)?”
“Sí”
“Bueno, ¿ve la plaquita? El botón que tiene que presionar es el de abajo”
“Ay, disculpe, no me dí cuenta”

Y también están las más directas:
“¿Quién es?
“María Rodriguez”
“¡Es abajo!”
“Ay, ¡Gracias!”

Hasta que un buen día, nos cansamos de tanto timbre, y decidimos hablar con la administración para que nos muevan la plaquita, y la coloquen debajo del botón del timbre. Así, no habría seguro ninguna confusión.

Y así se hizo.

Durante cierto tiempo, hubo un poco más de paz y tranquilidad. Hasta que un día:
“Riing”
“¿Quién es?”
“Juan B”
Nooooo. ¡No lo podíamos creer!
“Equivocado. ¡Es abajo!”

Y otro día:
“Riiing”
“¿Quién es?”
“Aída. F”
¡Otra más!

¿Pero es que la gente no se da cuenta de nada? ¡Es incomprensible! “Seguro que estas son personas que siempre vienen al odontólogo, y siempre tocaban mal el timbre, y no se habrán dado cuenta que la plaquita cambió de lugar”, pensamos.

Y eso es lo que sucede, cuando hacemos las cosas sólo por costumbre.

Hashem nos ordenó cumplir muchas Mitzvot (preceptos). Hay quienes las cumplen porque sí, sin ganas, “porque mi padre me dice que lo haga”, porque “en el colegio me obligan”, porque “queda mal”, o porque “ya me acostumbré a hacerla. Se hizo un ritual”. O bien, hay quienes las cumplen porque se sienten meritorios y felices que hacen lo que Hashem les pidió. Y aunque todos los días tengan que hacer lo mismo, cada día es algo nuevo, una fuerza nueva y unas ganas nuevas de querer hacer las cosas, y no simplemente “una costumbre”.
Cuando dejamos de hacer las cosas “por costumbre”, nos damos cuenta de una nueva realidad, podemos ver los cambios. Es cuestión de frenar unos instantes y recapacitar. Lo que hago, ¿lo hago porque sí, o lo hago con ganas porque esa es la voluntad Divina?.

Antes de tocar el timbre, miremos por unos instantes el tablero completo. ¿Algo cambió?

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