¿Cuántos hijos piensa tener?

“AMARAS A TU PERRO”
Me encanta caminar. Y lo hago todos los días. Observo todo lo que me rodea. Muchas veces lo que veo me lleva a conectarme con las enseñanzas de nuestra sagrada Torá.
Quienes caminan por las calles de la ciudad de Buenos Aires están acostumbrados a ver a los paseadores de perros profesionales. Un fenómeno por si mismo. Y por supuesto, a las miles de personas que pasean a sus propios perros. Quería compartir algunas escenas que dejaron en mi una fuerte impresión:
ESCENA I: El paseador retira a uno de los perros y la dueña, que acompaña a su cachorro hasta la puerta, lo saluda efusivamente. Le tira un beso enorme y le dice: “¡Chau mi amor!”
ESCENA II: Un señor camina junto a su perrito. Cuando llegan a la esquina, frente a la puerta de un bar, el hombre se da vuelta, mira al can y le dice: “ Quédate por aquí. Entro, tomo un café y vuelvo. ¡Cuídate!”
ESCENA III: Un matrimonio esta despidiéndose de una tercera persona antes de subir a su automóvil. De repente la señora llama a su perro y le dice: “Tomasito, ¿ya le dijiste chau al tío?”
ESCENA IV: Una mujer sale al encuentro de su marido, acompañada de su perro. Cuando lo ve venir grita: “Cachito, mirá ¡Ahí viene papá!”
No quiero que me mal interpreten. No estoy en contra del hecho de poseer un perro. Sé perfectamente que para muchos seres humanos, es la única y fiel compañía.
Además uno de los Siete Preceptos Universales -que fueron entregados a Noaj- exige no hacer sufrir a los animales. Se entiende de ello que debemos tratarlos bien.
Pero a veces perdemos la perspectiva correcta.
Una pareja amiga que asiste al Beit Jabad esta esperando su quinto hijo. El no es un rabino ni ella una rabanit. Sin embargo aguardan a su vástago con mucha alegría. Pero no siempre son bien mirados por la sociedad que los rodea. ¡Otro hijo! Para qué ¿A tu edad? Sabés lo que significa criar a un hijo? No se si serían tan objetados, si hubiesen decidido incorporar a la familia otro perro.
Recuerdo algo que nos sucedió cuando esperábamos nuestro cuarto hijo. Habíamos ido con mi esposo al supermercado. Éramos muy jóvenes, y la cajera -mientras nos cobraba- nos preguntó simpáticamente, con una enorme sonrisa: “¿Es el primero?”
“No”, respondimos. “Es el cuarto”
La mujer se puso seria, nos miró asustada y dijo con absoluta seguridad: “¡Entonces ahora, cerramos la fábrica!”
La miré a los ojos y le dije: “¡No, vamos a recibir a todos los que Di-s nos mande!”
La mujer, espantada, no pudo decir nada más. Pero más espantada estaba yo. Una persona absolutamente desconocida, hablaba en primera persona del plural, diciendo “cerramos”. ¿Se trataba de su fábrica? El concepto del control de natalidad esta tan arraigado, que ni siquiera nos planteamos si es acertado o no.
Una vez charlaba con una mujer, cuando yo estaba embarazada de mi sexto hijo. Ella, discutía apasionadamente conmigo acerca del hecho de tener tantos hijos. De pronto me dijo: “Lo que sucede es que los padres de una familia numerosa deben dividir el cariño. ¡Los niños crecen faltos de amor!”
Se me llenaron los ojos de lágrimas -seguramente sensible por el embarazo- y le dije: “Nada más lejano de la realidad ¡Todo en el mundo se divide. Sin embargo, el amor se multiplica!”
Cada hijo que llega al hogar es un cargamento más de amor, bendición y cariño. El tener una familia grande es una de las más hermosas experiencias que la persona puede vivir.
Si, claro, no es soplar y hacer botella. Implica una gran responsabilidad, mucha organización y dedicación. Seguramente, en algunos casos, significa privarse de algunas cosas. Pero es la inversión que más rentabilidad otorga. No sólo a corto, sino a larguísimo plazo, hasta el final de las generaciones. Ustedes dirán que es sumamente difícil. Voy a responder con las palabras de mi marido, ante esa misma pregunta: “No es tan difícil como ustedes creen ni tan fácil como yo lo digo, pero ¡vale la pena!”
Que el Todopoderoso otorgue la posibilidad de ser padre a todos aquellos que luchan con tanto valor y sacrificio para poder lograrlo. Y que todos aquellos que poseen la gran bendición de poder traer hijos al mundo, no la desperdicien y hagan que sea habitado por hombres y mujeres que reconocen la grandeza de Di-s.
Miriam Kapeluschnik

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