¡Lejaim!

Vered Jaia Ginerman

Mi nombre es Vered Jaia, soy uruguaya, y tuve el mérito de hacer aliá a Eretz Israel en agosto del 2008. Desde ese momento vivo en el corazón de Ierushalaim. Soy estudiante de artes plásticas, educación y jasidut.

Vivir en Jerusalem

A veces pasa que viene un viento del desierto, y con él, un calor tremendo. Entiendo que estamos en verano, ¿no es obvio? ¿Verano en pleno mayo? Pero hasta hace unas semanas disfrutábamos de una temperatura agradable y por demás aceptable, qué necesidad de llegar al calor actual. De repente anunciaron que subiría la temperatura, que vendría un jamsín o un sarabi, no entendí bien. Parece que son vientos del desierto que vienen de puntos distintos. Ahora andamos por la calle sintiéndonos poco menos que buzos dando inútiles brazadas en una nube estática de calor. Cada rato en la calle es un esfuerzo de por sí, y todo lo que uno quiere es volver a un lugar cubierto y ventilado donde sea más fácil pensar y moverse. Y ésto es lo que sucede en Jerusalem, ciudad que se caracteriza por lo fría que es, no quieran saber cómo van las cosas en la costa por ejemplo, en donde a la inverosímil temperatura se le suma la humedad del Mediterráneo.
En un país en que la mayor parte del año se vive de verano, la industria de las bebidas y refrescos debe desarrollarse bastante para satisfacer la demanda. Algo que nunca había visto es la variedad de jugos frutales que pueden adquirirse acá en cualquier kiosco en la calle. Jugos de las frutas más comunes como manzana o naranja, pero otros más especiales como mango, limón con menta, cereza, granada, paciflora, banana con frutilla. Y claro está todos los tipos de aguas con sabores, tes fríos, jugos 100% jugo exprimido, bebidas energéticas, chocolatadas y gaseosas. Y la cereza de la torta la representan los locales que hay por todos lados en que te exprimen el jugo en el mismo momento con exprimidores especiales para los distintos tipos de fruta. En estos lugares se puede ver que uno de los sabores preferidos es zanahoria, y dicen que su jugo queda buenísmo con jengibre.
No es de extrañar, viéndolo desde otro ángulo, que nos preocupemos tanto por la bebida. Siendo que aunque no nos demos cuenta, es tan común y necesario en nuestro pueblo hacer cada tanto un lejaim, brindar por la salud, mientras decimos algún dvar torá. Es interesante pensarlo así, porque al final siempre resulta que todas las cosas son por algo. Y a parte de evitar la deshidratación de sus habitantes, la tremenda cantidad de bebidas puede cumplir también con la función de unir al pueblo más fuertemente, como dice un cuento jasídico que escuché hace un tiempo, que siete años de amistad no pueden más que un único lejaim.
Así que Lejaim u lebroje para todos!

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