Tres personas pidieron a Hashem…

“Tres personas pidieron a Di`s incorrectamente. Sin embargo, dos recibieron la respuesta que esperaban y la tercera no. ¿Quiénes eran?

Eliezer, el sirviente de Avraham; Shaúl ben (hijo de) Kish; e Iftaj el Giladi”.
Estudiemos ahora las historias de estos tres hombres:

ELIEZER, EL SIRVIENTE DE AVRAHAM

Era el crepúsculo. Los campos de trigo se extendían tan lejos como el ojo podía ver, sus gavillas doradas se balanceaban con la brisa. Eliezer, el sirviente de Avraham, caminaba lentamente entre los campos, echando una mirada en todas las direcciones para supervisar a los pastores mientras arreaban a sus ovejas de vuelta a los corrales para pasar la noche.
“Bendito eres tú para Hashem, Eliezer, sirviente de nuestro maestro Avraham” exclamaron los pastores mientras Eliezer se acercaba. Él agradeció el saludo de ellos con una seña humilde con la cabeza y unas palabras amables antes de continuar su camino.
En la distancia, uno podía divisar la amplia carpa de Avraham Avinu (Abraham nuestro padre). Esta estaba abierta en todas las direcciones a fin de que los viajeros fatigados no se tuvieran que molestar en encontrar la entrada, no importa desde donde venían.
Los rayos del sol, al ras del horizonte al oeste, perfilaban la figura alta de Eliezer contra los arbustos. El había terminado sus obligaciones de ese día y ansiaba hablar con su querido amo. Eliezer disfrutaba estar en presencia de Avraham y aprender de todas sus acciones.
“Bendito eres tú para Hashem, el Creador del mundo” dijo Eliezer a su amo mientras entraba a su carpa.
“Bendito eres tú para tu Amo” respondió Avraham con afecto, agregando “la comida está lista. Ven a lavarte tus manos, bendice al Creador, y come. Seguramente estás cansado y hambriento”.
Eliezer reflexionó, “¿Quién imaginaría que yo soy sirviente en esta casa? ¡Mi amo me trata como a un hijo!”.

* * *

Después de comer y descansar un poco, Eliezer salió para tomar un poco de aire fresco. El cielo ya estaba lleno de estrellas. Eliezer se apoyó contra el tronco de un árbol de plátano y se sumergió profundamente en un pensamiento.
“Amo del mundo” reflexionó “¡Cuan grande es la bondad que Tú derramaste sobre mí! Yo soy un esclavo de nacimiento, un canaanita abominable. ¿Cómo es, entonces, que yo pude elevarme sobre la contaminación de esta tierra y logré entrar a la casa del elegido de todas Tus creaciones, mi amo, Avraham? ¿Cómo gané el privilegio de sentarme junto a él y experimentar la gracia de su presencia?”
.Las hojas revoloteaban suavemente en la brisa. Los pájaros que anidaban en el denso follaje hacía tiempo que estaban dormidos. Las estrellas titilaban y parecía que les estaban guiñando un ojo desde las alturas aterciopeladas, como si estuvieran diciendo, “Que duerman bien, que duerman bien”.
La brisa soplaba rápidamente en silencio. Eliezer, también, se quedó dormido al pie del alto árbol de plátano, sobre una cama de pasto suave.
Soñó con él mismo cuando era un joven y vivía en el palacio del malvado Nimrod. La vida era tan amarga en medio de la maldad del palacio. Nimrod idolatraba el poder y negaba al Di’s viviente. Exaltaba la fuerza y el mal. Favorecía a aquéllos que usaban su poder para robar, saquear y asesinar, con el fin de satisfacer sus deseos. Nimrod detestaba a los débiles y los indefensos, los honestos y los justos.
El alma sensible de Eliezer estaba hastiada de lo que lo rodeaba. Y entonces llegó ese día trascendental. Avraham fue salvado milagrosamente del horno ardiente al cual Nimrod lo lanzó y como una muestra de respeto, Nimrod le dio Eliezer a Avraham como sirviente.
Para Eliezer, la mudanza del palacio de Nimrod a la casa de Avraham era como salir de una neblina densa y negra a la luz brillante. Las puertas del amor y la fe fueron abiertas rápidamente de par en par delante de él y él estaba deslumbrado.
Eliezer era un estudiante afanoso, y Avraham Avinu eran un maestro sin igual. Al principio, le enseñó a su sirviente las leyes de la Torá y los caminos de la benevolencia. Al mismo tiempo desarraigó las supersticiones necias y las malas maneras que Eliezer aprendió de Nimrod.
“Hay sólo un Amo en este mundo, un Creador Quien constituyó todo el mundo y todo lo que contiene” le explicó Avraham “Nosotros, Sus creaciones, estamos obligados a servirLe y a obedecer Sus preceptos, pues nosotros estamos vivos debido a Su bondad”.
Eliezer asimiló profunda y afanosamente las enseñanzas de su maestro. Repasaba sus lecciones día y noche. Sobre todo, Eliezer aprendió simplemente de observar a Avraham. Su maestro nunca movía un miembro de su cuerpo, para otra cosa que para agradecer al Creador. Con el tiempo, Eliezer, también, comenzó a enseñar a aquéllos que adoraban ídolos que sus estatuas de madera y piedra eran impotentes, y que posternarse a ellos es en vano. La gente escuchaba y prestaba atención. Estaban obligados a admitir la lógica de sus palabras y, una vez que estaban convencidos, arrojaban sus ídolos e iban con Avraham a aprender más acerca del Creador. De este modo, Avraham, ayudado por Eliezer, expandía la creencia verdadera en el Di’s Unico.

* * *
“¡Eliezer, Eliezer!” exclamó una voz.
Avraham estaba de pie a la entrada de su carpa, sus ojos brillaban con una luz sagrada.
Eliezer se despertó estremecido.
“Ven aquí, hijo mio. Tengo algo para discutir contigo” dijo Avraham tiernamente. Una luz suave iluminaba la carpa. Los invitados ya estaban dormidos. Avraham miró directamente a los ojos de su sirviente y le dijo: “Tú seguramente te das cuenta que ya soy mayor y que mi hijo ha alcanzado la edad de casarse. Yo no quiero que tome una mujer de los canaanitas, pues Canaán fue maldecido por Noaj para siempre.
“Yo te he elegido a ti, mi sirviente piadoso, para que vayas a la ciudad donde nací, Jarán, y que busques una mujer de mi familia para que sea la esposa de Itzjak”.
En la luz débil, Avraham no podía ver qué pálido Eliezer se volvió al escuchar esas palabras. ¿Pero por qué? ¿Acaso Eliezer no era verdaderamente un sirviente leal? ¿No quería a Avraham con toda su alma? Entonces, ¿por qué su corazón se encogió al escuchar el pedido de Avraham?.
Eliezer tenía otros planes para el futuro de Itzjak. Al comprender que nadie estaba más cercano a Avraham que él, Eliezer ansiaba que su hija agradable, recatada y culta se casara con Itzjak. Pero ahora, su sueño fue frustrado.
Eliezer se encontraba todavía sumergido en sus pensamientos cuando Avraham habló nuevamente: “Quiero que me jures en nombre de Hashem que no permitirás que mi hijo se case con una muchacha canaanita, sino sólamente con una muchacha de mi familia”.
“Pero ¿qué sucederá si ella se niega a dejar su tierra natal? ¿Debo yo llevar a Itzjak a Jarán?”.
“¡Jamás!” dijo Avraham “Mi hijo nunca debe dejar la tierra santa de Eretz Israel (la Tierra de Israel). Estoy seguro que Hashem te otorgará éxito en tu misión. Si no logras convencer a una muchacha adecuada que venga acá, te eximo de tu juramento. Entonces permitiré que Itzjak se case con una hija de Aner, Eshkol o Mamre”.

* * *

Eliezer era un sirviente fiel y estaba deseoso por cumplir los deseos de su amo. Cargó todos los obsequios valiosos que Avraham preparó para la futura esposa de Itzjak y su familia sobre los lomos de los camellos. Avraham también le dio un documento por medio del cual traspasaba por escritura todas sus pertenencias a Itzjak, y Eliezer puso esto en su cinturón. Ahora estaba listo para irse.
La caravana emprendió un viaje que normalmente duraba dos semanas y media. Pero Eliezer fue bendecido con ayuda Celestial. Un ángel fue delante de él y acortó el camino: después de sólo tres horas llegó a Jarán. Se frotó los ojos con asombro. “¿Es posible que nosotros realmente ya estamos acá?” se preguntó.
Eliezer condujo a los camellos hacia la fuente. El sol se estaba ocultando, y él le ofreció una plegaria a Hashem:
“¡Señor del mundo! Por el mérito de mi amo, Avraham, guíame para que pueda elegir la esposa correcta para Itzjak. Por favor, Hashem, otórgame una señal a fin de que pueda saber que he elegido correctamente…

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