La lección

…Para acrecentar mi entrada mensual, me dedicaba a dictar clases privadas de piano. A lo largo de 30 años descubrí que los niños poseen diferentes niveles de talento musical…

Una maestra de escuela primaria de Des Moines, Iowa relató: Para acrecentar mi entrada mensual, me dedicaba a dictar clases privadas de piano. A lo largo de 30 años descubrí que los niños poseen diferentes niveles de talento musical. Entre aquellos que aceptaban el desafío musical se encontraba Roby, un niño de 11 años. Su mamá (soltera) lo dejó un día en la puerta de casa para su primera lección. Expliqué a Roby que siempre es preferible comenzar a una edad más temprana, pero el niño me respondió que su sueño era que su madre lo oyera algún día tocar el piano. Y así comenzó a estudiar. Desde el principio supe que era un esfuerzo sin esperanza. Por más que trataba y se esforzaba, no poseía la menor idea de los tonos y ritmo. Pero de todas formas, obedientemente estudiaba las escalas y repasaba las piezas que se le exigían. Pasaban los meses y todo seguía igual. Su madre siempre lo esperaba en la puerta, dentro de un antiguo auto, saludaba con la mano, pero nunca se acercaba a conversar. De pronto, Roby dejó de venir. Pensé en llamarlo, pero asumí que debido a su falta de habilidad para tocar el piano había decidido dedicarse a otra cosa. En cierta forma me alegré de que no regresara. Varias semanas después envié un e-mail a mis alumnos, avisándoles de un próximo recital que estaba organizando. Para mi sorpresa, Roby me llamó para preguntarme si podía participar. Le expliqué que podían participar sólo aquellos que concurrían ahora a clase. Me contó que su madre había estado enferma, pero que él había seguido practicando. “¡Sra, debo tocar! ¡Por favor!” No pude negarme. Llegó la noche del recital. El auditorio estaba repleto de gente. Puse a Roby en último lugar. Pensé que no causaría ningún daño que tocara antes de mis palabras de cierre. El evento transcurrió sin inconvenientes. Entonces Roby subió al escenario. Sus ropas estaban arrugadas y su cabello totalmente desarreglado. “¿Por qué su madre no lo vistió para la ocasión?” pensé. Roby se sentó frente al piano y comenzó. Anunció que tocaría el Concierto Nº 21 de Mozart. No estaba preparada para lo que oí después. Sus dedos flotaban sobre las teclas. Nunca había escuchado ejecutar a Mozart a esa edad, tan maravillosamente. Cuando concluyó todos aplaudían de pie. Corrí a él y le dije: “¡Nunca te oí tocar así!” Roby explicó en el micrófono: “Mi madre falleció esta mañana. Ella era … sorda. Por eso recién esta noche, desde el cielo pudo escucharme. Quería que sea especial”. Esa noche Roby me enseñó lo que era la perseverancia y el amor. Roby fue asesinado en el atentado de Oklahoma en 1995, cuando se encontraba… tocando el piano.
La Providencia Divina muchas veces pone en nuestro camino a muchas personas. Nunca debemos “descartar” a los individuos pensando que nada pueden aportar al Plan de Di-s. Cada persona es importante. Cada uno tiene algo para dar. Incluso aquel que “aparenta” no alcanzar los objetivos. Como dice el Rey David Z”L: “De todos los que me enseñaron obtuve sabiduría” (Salmos 119).

Gentileza Rab. Pini Baumgarten

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