El mejor negocio

El exitoso comerciante judío, Mr. Goldman, entra al banco y pide hablar con el gerente…


El gerente saca inmediatamente la calculadora de su bolsillo, pulsa unos botones y le anuncia: “Veintidós dólares”. “Muy bien, dice Goldman, “Lo tomo”.

Bueno, un momento. Primero debemos chequear su cuenta. Debe darnos su Documento de Identidad, y deberá dejar alguna garantía. ¡No podemos darle 5000 dólares sólo porque Ud. lo pida!”
“Por supuesto, no hay problema” Goldman responde, “Tome mis credenciales y la llave de mi Rolls Royce, que está parado aquí en la puerta”.

No hace falta decir que en unos instantes Goldman estaba contando el dinero, luego saludó al gerente y se fue. Dos semanas después, Goldman está nuevamente en la oficina del gerente; paga los 5000 dólares más el interés correspondiente. “Muchas gracias, Mr Goldman” dice el gerente, “es un placer hacer negocios con usted. Pero, discúlpeme, hay algo que me tiene intrigado.

Pude chequear sus cuentas… usted es multi millonario, no necesitaba el dinero. Entonces… ¿Por qué pidió prestado 5000 dólares a nuestro banco?”
“Tiene razón” dijo Goldman- “Nonecesitaba la plata. Pero debía emprender un viaje de negocios por dos semanas, y ¿dónde podía hallar un lugar para estacionar mi auto, por dos semanas en Nueva York, sólo por 22 dólares?”

Así es, lo judíos son famosos por tener un buen olfato para los negocios. Por eso es muy extraño que la Torá, en la Parshá de esta semana, nos relate acerca de uno de los peores negocios de la historia, realizado por nuestro Patriarca Iaakov, con su suegro Laván. Trabajó como un esclavo, día y noche durante veinte años, cuando aparentemente podría haber hecho un trato mejor.

Pero entenderemos esto de acuerdo a lo que subraya Rabí Shniur Zalman de Liadi, fundador del movimiento Jasídico Jabad, en su libro Tania. Allí está explicado el propósito del mal en el mundo. Toda la razón de su existencia es para que lo transformemos en bien. Esa es la razón por la que Iaakov trabajó tantos años en la casa de su suegro. No trabajaba para el malvado Laván, sino para Di-s. Los veinte años que estuvo allí, fueron una preparación para esta larga y a veces dolorosa misión que debía ser continuada por sus hijos y sus descendientes, el pueblo de Israel, hasta la llegada del Mashíaj, muy pronto en nuestros días, AMÉN.

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