La preciosidad de una Mitzvá

En una ocasión, en Erev Sukot, el Rebe Shalom Ber de Lubavitch llamó a uno de sus estudiantes de la Tomjei Temimim Yeshivah y le pidió que fuese a la ciudad a encontrarse con el hombre que traía los etrogim temprano en la mañana. El Rebbe agregó: “¡Ciertamente no dormirás esta noche!”

El estudiante se preparó aprendiendo jasidut y yendo a la mikveh, y a la hora indicada partió y se fue a encontrar con el hombre que traía los etrogim.
Cuando el hombre apareció, el estudiante le dijo que el Rebe le había dado instrucciones para que recibiese los etrogim que él traía, y él cumplió.
Cuando el estudiante llegó a la casa del Rebe, el Rebe ya lo esperaba afuera. El estudiante colocó los etrogim sobre la mesa en la cámara de afuera que los jasidim llamaban el “gan eden inferior.” Su cara encendida, totalmente absorbida en sus pensamientos, el Rebbe rodeó la mesa varias veces, tomó los etrogim y se dirigió a su estudio.

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