Una teshuvá aceptada

“No te preocupes. Tu serás rico a causa de esto, con la ayuda, de HaShem”…

Antes que falleciera el Baal Shem Tov, él llamó a todos sus talmidim (discípulos) junto a su lecho y les habló a cada uno individualmente. Le dijo a cada uno que ocupación debía emprender en el futuro y como debía conducirse. Después de todos llamó a su devoto talmid y shamash, laakov, y le dijo:
“Tu laakov, viajarás contando historias sobre mi. Eso te servirá como tu modo de vida muy bien, pues la gente te pagara por oír semejantes anécdotas y sucesos.”
“Pero Rebe,” protesto laakov, “¿Es mi finalidad en la vida estar por siempre vagando y contando historias?”.
“No te preocupes. Tu serás rico a causa de esto, con la ayuda, de HaShem.”
El Baal Shem Tov falleció. Todos sus discípulos cumplieron sus instrucciones y Iaakov también fue adelante visitando poblados y aldeas para contar todas las historias del Baal Shem Tov, ganando algún dinero a cambio.
Tras dos años de ese tipo de existencia, laakov escuchó que había cierto hombre muy rico en Italia quien pagaba con una valiosa moneda de oro por cada historia acerca del Baal Shem Tov.
El se alegró ante esta información pues con la gran cantidad de historias que sabía, sentía que podría ganar lo suficiente para permanecer en casa por un año o más. Se compró una carreta y un caballo, contraté un asistente y se lanzó al largo viaje a Italia. La travesía le llevó siete meses, por lo que se vió forzado a detenerse en aldeas y ciudades a lo largo del camino para ganar lo suficiente para cubrir los gastos.
Cuando llegó a la ciudad de destino pregunté a la gente que clase de persona era ese millonario.
“Oh, él es un hombre de grandes recursos.” le dijeron. “El posee una corte tal como un rey, aunque él mismo es un hombre piadoso y recto. Pasa todo su tiempo estudiando y rezando pues tiene empleados de confianza que manejan sus negocios por el. Y cada Shabat, en la Seudá Shelishit (tercera comida), tiene a alguien que relata historias del BaaI Shem Tov. ¡Después le paga con una moneda de oro por cada historia que haya contado!”
“¿De donde viene ese hombre?” preguntó Iaakov con curiosidad.
“Realmente nadie lo sabe. El llegó aquí hace unos diez años y se compró una gran mansión con extensas tierras. El construyó un Beit Midrash en su propiedad el cual está abierto al público para las plegarias diarias. ¡Y en Shabat él invita a media ciudad a pasarlo en su mesa!”
laakov le dijo a su sirviente que fuera ante el millonario y le anunciara que su amo, un antiguo talmid del santo Baal Shem Tov, acababa de llegar a la ciudad. Le fue dicho al sirviente que su amo sería muy bienvenido para pasar Shabat en la mansión, y durante el transcurso del mismo tendría muchas oportunidades de relatar todas las historia que sabía del Baal Shem Tov.
La gente de la ciudad estaba contentísima ante la perspectiva de la llegada del ilustre narrador de historias y concurrieron en masa a la mesa del millonario para escuchar ávidamente las historias que laakov tenía para
ofrecer. Después de zemirot el anfitrión finalmente se dirigió a su importante huésped y le indicó que comenzara.
laakov abrió su boca para comenzar a hablar, pero nada salió de ella. Repentinamente una extrañísima sensación se apoderé de él y realmente sintió como si su mente estuviera en blanco. Habla olvidado toda cosa que tuviera que ver con su rabí. Trató desesperado de reconstruir una imagen de su rabí en su mente, para ver si eso podía inducirlo a recordar alguna anécdota de su vida, pero ni siquiera pudo recordar uno solo de sus rasgos. Trató de recordar todos los lugares que había visitado junto a su rebe, pero ni sus mayores esfuerzos pudieron ayudarlo. El estaba completamente confundido y desvalido: se senté en su lugar cabizbajo y con la mirada perdida.
Las personas de la ciudad que había venido expresamente a escuchar sus cuentos comenzaron a murmurar entre si, insinuando que él realmente era un fraude, que había venido solo en busca de una comida gratis y que nunca en su vida había visto al Baal Shem Tov. Pero su anfitrión, el más decepcionado de todos, conteniéndose le dijo:
“Vamos a esperar hasta mañana. Tal vez hasta entonces recuerdes algún relato.”
Esa noche Reb Iaakov lloró en su cama. El se esforzaba por evocar la imagen de la cara de su maestro o alguna de las caras de sus amigos, los discípulos del Baal Shem Tov, pero era como si él nunca hubiera visto al Besht en absoluto. Su mente estaba completamente en blanco; todo rastro de los días de antaño se habían borrado completamente de su memoria.
En el día de Shabat toda la ciudad nuevamente se había dirigido a la mesa del millonario, esta vez llenos de curiosidad para ver si el huésped había recuperado la memoria y si tenía alguna historia del Baal Shem Tov que relatar. Ellos sospechaban aun más que antes que él era un fraude, y cuando el anfitrión le indicó que podía comenzar la narración después de zemirot, el huésped solo se encogió de hombros desesperado con lágrimas en los ojos.
“¡Creanme,” dijo patéticamente, “jamás me había ocurrido algo así antes! Es un hecho absolutamente anormal.”
El la seudá shelishit (tercera comida) la casa del millonario estaba atestada. Todos habían venido a ver al farsante que se había atrevido a aprovecharse de su benévolo anfitrión. Ellos se burlaban y mofaban de él pero laakov pasó ante ellos a paso rápido.
“¿Cual puede ser ¡a razón de esta anormal perdida de la memoria – se maravillaba el angustiado laakov a lo largo de todo el Shabat – será debido a que me aventuré fuera del territorio que me es familiar? El Baal Shem Tov me dijo que viajara a través de las ciudades y aldeas donde él había sido bien conocido, donde la gente había oído acerca de él y deseaba escuchar aun más.” laakov se pasó todo el día en sentida plegaria buscando una solución a su dilema.
Al anochecer, después de havdalá, laakov fue a ver al millonario para despedirse de él.
“Por favor quédate hasta el Martes. Te daré otra oportunidad. Es posible que las adversidades del camino te hayan provocado una amnesia temporaria. Tal vez tu memoria aun se restablezca. Por ello, quédate hasta el
Martes y veremos que pasa.
laakov a desgano prolongó su estadía. Pero no logró recordar nada durante el intervalo, y cuando finalmente llegó el Martes, él nuevamente se presentó ante su anfitrión.
“Te agradezco enormemente tu gentil hospitalidad y te ruego me perdones por la vergüenza que te he causado. Por favor déjame partir ahora.”
El rico personaje dio a laakov una muy generosa donación y se despidió de él.
laakov ocupo su lugar en su carruaje y le indicó a su sirviente que emprendiera viaje. Pero tan pronto como los caballos empezaron su trotar, hizo detener el coche.
“¡Recuerdo! ¡Ahora recuerdo!” gritó con excitación y saltando del asiento corrió hacia la casa del millonario.
Este lo estaba esperando y le rogó que comenzara a relatar la historia.
Ocurrió cierta vez, él comenzó, precisamente antes que los gentiles celebraran su Pascua. Ese Shabat se veía al Baal Shem Tov de lo más tenso y turbado, paseando continuamente de aquí para allá. Inmediatamente después de Shabat hizo a su cochero Alexei preparar el carruaje. Tomó junto a si a tres talmidim, incluyéndome a mi. Se subió al coche e iniciamos un viaje que duró toda esa noche. Cuando llegamos a nuestro destino en la mañana, los caballos se pararon por si mismos en una gran casa de una gran ciudad.
Puertas y ventanas estaban fuertemente barricadas, pero no obstante el Baal Shem Tov me dijo que golpeara en la casa. Una anciana mirándonos desde dentro nos gritó disgustada:
“¿Qué están haciendo aquí y ahora? ¿Están todos
locos? ¿Quieren ser asesinados? ¡No saben que hoy los gentiles están matando a todos los Judíos que encuentran por las calles! Hoy es el día en que se toman venganza contra los Judíos, porque dicen que les mataron a su dios. Si ellos los encuentran será una tragedia para Ustedes y nosotros sufriremos las consecuencias. ¡Ahora apresurence y abandonen la ciudad mientras pueda

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