Una promesa audaz

El Rebe de Kopischnitz (1888-1967) siguió los caminos de su predecesor, el Apter Rov como un Ohev Israel, amante de sus hermanos judíos…


Rabi Abraham Iehoshua Heschel, el Rebe de Kopischnitz (1888-1967) siguió los caminos de su predecesor, el Apter Rov como un Ohev Israel, amante de sus hermanos judíos. En la América del Norte de después de la Segunda Guerra Mundial, llevó sobre sus hombros débiles y frágiles el dolor y sufrimiento de innumerables individuos. De hecho, a menudo cuando oía los problemas de otros rompía en un llanto incontrolable. El pesar de sus hermanos judíos lo atormentaba mucho más que sus propias aflicciones, y en innumerables ocasiones el Rebe puso su nombre y honor en riesgo en un esfuerzo por ayudar a otros.
Una vez, un sobreviviente destruido del infierno Nazi se presentó a la puerta del Rebe. Él había llegado de Europa y estaba esperando establecerse en América. A su esposa, sin embargo, se le había negado la entrada debido a su mala salud y había estado en Isla de Ellis a la espera de la deportación inminente. El hombre, inconsolable, había indicado que si su esposa sería deportada de hecho, no pensaría dos veces con acabar con su propia vida. “No se preocupe, por favor no se preocupe” imploró el Rebe. “¡Le prometo que la semana próxima su esposa estará aquí junto con usted!” Al oír las palabras del Rebe, el hombre sintió de inmediato una gran calma, y muy liberado de su pesar, se marchó como una nueva persona.

El Rabino Morgenshtern, uno de los discípulos del Rebe que había sido testigo de la escena, juntó valor y le preguntó al Rebe cómo era posible dar una garantía tajante con tal facilidad. ¡Era nada menos que prometer un milagro!
“Usted vio lo desesperado que estaba el pobre hombre” el Rebe contestó. “Mi primera preocupación era tranquilizarlo y gracias a Di-s, tuve éxito. Por lo menos durante la próxima semana se sentirá bien. Si después de una semana él ve que estaba equivocado y su esposa fue deportada, dirá: “Abraham Iehoshua no es un Rebe verdadero, Abraham Iehoshua es un mentiroso.” Pero por lo menos durante una semana logré traer algo de paz a su vida.”
Luego el Rebe tomó su Tehilim (Libro de Salmos) y empezó a recitar los versículos con intensa emoción. Cuando las lágrimas estaban cubriendo su cara, podía oírse que suplicaba: “Por favor, Di-s, por favor, Haz que Abraham Iehoshua no haya dicho una mentira. Sólo estaba intentando ayudar a un judío en una situación patética. Por favor no me permitas ser un mentiroso…” Estas oraciones continuaron mucho tiempo durante la noche.
El Omnipotente oyó sus plegarias. A la mujer se le concedió el permiso para quedarse en América, y se reunió con su marido.

Por Yerachmiel Tilles (Inmigrantes en la Isla de Ellis)

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario