Un sueño, una bendición

El 12 de Tamuz, se conmemora el nacimiento del Rebe Anterior de Lubavitch, Rabí Iosef Itzjak Schneerson, conocido como el Frierdiker Rebe.

Historia contada por la Rabanit Shterna Sara, madre del Rebe Anterior, Rabí Iosef Itzjak Schneerson, a Reb Zalke Parsitz, durante el verano de 1918 Shmuot Vesipurim, Vol, 1)

“Habían transcurrido varios años desde su boda, y la Rabanit Shterna Sara no había sido bendecida con el nacimiento de un niño. Esto pesaba mucho sobre su corazón. Además era muy joven y estaba lejos de su familia.

En Simjat Torá del año 1879, la Rabanit concurrió junto a la familia de su esposo a la casa de su suegro, el Rebe Maharash, para participar del Kidush (refrigerio festivo). En el transcurso del mismo se decidió que se daría una bendición a cada uno de los presentes (Misheberaj). Los hombres se acercaron a la habitación donde se encontraban las mujeres y comenzaron a recitar la bendición para cada una. Inadvertidamente, omitieron el nombre de la Rabanit Shterna Sara, quien se sintió muy mal por esto. Después de ser descubierto el error, retornaron a la habitación y pronunciaron un Misheberaj para ella, pero la Rabanit no se sintió del todo reconfortada.

Al concluir el Kidush, el Rebe Maharash se retiró a su habitación y el resto de los Jasidim, incluido el marido de la Rabanit, Rabí Shalom Dover, se dirigieron a un Farbrenguen (reunión Jasídica).

La Rabanit Shterna Sara fue a su hogar, encerrándose en su dormitorio, y no pudiendo controlar su dolor, acentuado ahora por el olvido de su nombre, comenzó a llorar desconsoladamente, quedándose dormida empapada en lágrimas. En ese momento tuvo un increíble sueño.

En él un hombre entraba a la habitación y le preguntaba: “Hija mía, ¿por qué lloras?”. Ella le contó de su sufrimiento. Él le contestó: “No llores, te prometo que este año tendrás  un hijo. Pero hay dos condiciones: La primera, que inmediatamente después de Iom Tov deberás distribuir 18 Rublos en Tzedaká de tu propio dinero. Y segundo, mantén todo este asunto en secreto”. Cuando terminó de hablar, abandonó la habitación, más retornó enseguida, junto a otras dos personas. Frente a ellos repitió la promesa con las dos condiciones, y ambos dieron su consentimiento. Entonces, los tres la bendijeron y salieron. Ese fue el final del sueño.

El Rebe Rashab, su marido, volvió a casa un instante después con un exultante humor. Después de todo, era Simjat Torá. ¡Estaba tan alegre, que saltó el umbral! La Rebetzn Shterna Sara le contó el sueño.

El Rebe Rashab quedó profundamente conmovido y se dirigió a lo de su padre, el Rebe Maharash, y le pidió que escuchara de la Rebetzn Shterna Sara el relato del sueño. Cuando concluyó, el Rebe Maharash le hizo preguntas puntuales sobre la apariencia de las tres personas del sueño. Cuando la Rebetzn terminó la descripción detallada, el Rebe Maharash le dijo: “La primer persona que vino a ti fue mi padre el Tzemaj Tzedek (Rabí Menajem Mendl). Las otras dos fueron mi abuelo, el Miteler Rebe (Rabí Dovber), y mi bisabuelo, el Alter Rebe (Rabí Shneur Zalman de Liadí)”.

Iom tov terminó y la Rebetzn Shterna Sara decidió cumplir las condiciones del sueño. Mas ¿de dónde conseguiría los 18 Rublos de su “propio” dinero? Ella tenía un vestido de antes del casamiento que era muy moderno. La Rebetzn no lo usaba, sabiendo que su suegro, el Rebe, no lo aprobaría. Estaba colgado en su placard, sin haber sido estrenado. Decidió venderlo.

La Rebetzn Shterna Sara se comunicó con una señora que era muy activa en la comunidad de Lubavitch. Privadamente, le pidió que tenga la amabilidad de vender este vestido por ella, pero que se cerciorara de que nadie se enterase a quién pertenecía. La Rebetzn Shterna Sara se apuró en juntar el resto del dinero. Cuando reunió toda la suma, la distribuyó en Tzedaká. En el verano, el 12 de Tamuz, la Rebetzn Shterna Sara dio a luz al Frierdiker Rebe, Rabí Iosef Itzjak (También conocido como el Rebe Raiatz).

Durante el Brit Milá, el niño lloró, tal como suelen hacer los bebes en esa ocasión. El Rebe Maharash, el Zeide (abuelo) del niño, le dijo, “¿Por qué lloras, si dirás Jasidut con lenguaje claro?”. El bebé se calmó inmediatamente.

¡¡¡Que siempre tengamos alegrías en el Pueblo de Israel!!!

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario