Un par de Tefilín muy especial

En los años 80, Rabí Aharon Ceitlin de Israel visitó Rusia. Un día, en la sinagoga de Moscú, se encontró con un Shojet (matarife ritual) que cuando oyó el nombre de Rabí Ceitlin preguntó: “¿Es pariente del Ceitlin que fue arrestado hace 50 años en Berditchev?”

“Sí” Rabí Ceitlin contestó. “Era mi padre Z’L”

El joven, Moshé Tamarin, le contó la siguiente historia: “Hace unas semanas, recibí una llamada de un hombre anciano, Reb Refoel Brook, pidiéndome que enviara un shojet a su ciudad antes de las fiestas. Me dijo que había 15 familias judías en Saratov que comían kasher.

Fui allí. El viaje duró 17 hs en tren. Cuando terminé la shejitá de los pollos, el hombre me mostró un par de tefilín que tenía. Eran muy viejos y estaban en mal estado. Me preguntó si podía llevarlos a Moscú para verificar y ver si eran kasher”

“¿Por qué usa un tefilín tan viejo?” le pregunté. “Puedo conseguirle otros mejores”

Tengo otro tefilín que uso todos los días. Pero estos tefilín son muy especiales. Los llamo “los Tefilín del Mesirut Nefesh (auto sacrificio)…”  Y me relató: “Hace muchos años, junto a otros cinco muchachos estudiábamos en la Ieshivá clandestina de Lubavitch en Berditchev. Las condiciones de la ‘Ieshivá’ eran casi insufribles. De noche, buscábamos un sótano o un vagón de tren abandonado para dormir. Nos alimentábamos mal, pero preferíamos sufrir para aprender Torá.

Una noche decidimos quedarnos en la sinagoga. Era el Iortzait de Rabí Shneur Zalman de Liadi [fundador de Jabad y autor del Tania]. Después de cubrir todas las ventanas para que nadie vea desde afuera, colocamos un mantel blanco en la mesa y empezó el Farbrenguen.

Escuchamos del maestro historias y conceptos profundos de filosofía jasídica. Las melodías que cantamos nos transportaron a un mundo sin miedo.

De repente, se oyó un golpe fuerte en la puerta. ‘¡Abran!’ gritó una voz en ruso. En unos segundos nos escondimos en diferentes lugares.

Cuando los agentes entraron, nos encontraron rápidamente y nos arrestaron. La excusa que habíamos preparado era que éramos todos huérfanos. Después de unos días nos enviaron a un orfanato estatal en las afueras de la ciudad. Nos advirtieron que si continuábamos estudiando Torá y observando Mitzvot nos castigarían. A pesar de las palizas, no comimos comida no kasher.

Entretanto, los jasidim locales hicieron todo lo que pudieron para liberarnos. Usábamos el paseo diario que se nos permitía, para orar en la tumba del Rabí Levi Itzjak de Berditchev. Una vez, un hombre pasó y tiró un papel. La nota informaba que había un par de tefilín oculto en un cierto árbol del bosque. También recibimos Sidurim y otros textos.

Desde entonces salíamos en parejas al paseo. Pasábamos por el árbol y, con gran mesirut nefesh, nos colocábamos Tefilín.

Un mes después encontramos una nota. Nos teníamos que preparar para escapar en cierta fecha. Según el plan, escapamos al bosque dónde alguien nos estaba esperando con boletos de tren a Kiev. En Kiev, nos separamos a diferentes Ieshivot Tomjei Tmimim.

“Estos son los tefilín que nos pusimos en el bosque…”

Moshe Tamarin recordaba que uno de los nombres que Reb Refoel había mencionado era Iehoshua Heshel Ceitlin.

El Rabino Ceitlin se emocionó. Su padre le había contado la historia del Tefilín. Su padre recordaba los nombres de los otros cinco muchachos pero sólo conocía el paradero de cuatro de ellos. Lamentaba no saber lo que había pasado con Reb Refoel. El misterio del paradero del sexto muchacho estaba resuelto ahora – gracias a un especial par de tefilín.

El Rabino Ceitlin no podía compartir las noticias con su padre, pues había fallecido dos años antes. Pero decidió que contactaría a Reb Refoel.

Después de mucho esfuerzo, Rabí Ceitlin pudo localizarlo por teléfono. La emoción de ambos era terrible. El Rabino Ceitlin instó a Reb Refoel a abandonar Rusia. Pasaría sus últimos años en un ambiente de Torá y con sus “viejos amigos.”

“¿Quién cuidará de las 15 familias judías de aquí si me voy?” Reb Refoel le preguntó a Rabí Ceitlin.

Cuando Rabí Ceitlin avisó a los amigos de su padre que había encontrado a Reb Refoel se entusiasmaron y organizaron su visita. Desgraciadamente, como el propio Reb Refoel había sospechado, la emoción era demasiado grande y falleció días antes de que se realizara la reunión.

(Adaptado del Sijat Hashavua)

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