Todo se halla en la Torá

El gran Maharal de Praga era famoso en el mundo judío y no judío por su riqueza de conocimientos y santidad. Su suegro, R. Shmuel Reich, mantenía estrecha relación con la realeza. El gobernante de Praga en aquel momento era Fernando I. Shmuel Reich fue uno de sus favoritos, por su inteligencia y gran capacidad. Esto despertó muchos celos y odio entre los cortesanos, que no podían soportar ver a un judío alcanzar tan alta posición. El rey Fernando era un católico devoto, y si, al principio, esto no influyó en contra de su amistad, el rey, también fue envenenado contra los judíos.

En el año 5316 (1556) se produjo la quema pública de los tesoros de la literatura judía. Cuando esta inquisición triunfó, su espíritu se extendió en la corte del rey Fernando en Praga. Este anunció a los dirigentes de la comunidad judía que no podía otorgarles su protección. Por lo tanto, en contra de sus propios intereses, les ordenaba dejar Bohemia, Moravia y Silesia. Shmuel Reich sabía que los cortesanos eran vulnerables a la aceptación de sobornos, y estaba dispuesto a regalar toda su fortuna para salvar a los judíos de ser expulsados de sus hogares. Sin embargo, cuando discutió esta idea con su brillante yerno, el Maharal, éste estuvo en contra de tal plan, temiendo que pudiera provocar medidas similares en otros lugares. En ese momento, el príncipe Fernando de Bohemia, hijo del rey, hizo una visita al príncipe Johann de Moravia. Ambos amaban la astronomía y se encontraron con un problema que parecía irresoluble.

Apostaron a que el primero en encontrar la solución al problema en seis meses, se convertiría en el maestro ‘espiritual’ del otro, que se convertiría en su ‘esclavo espiritual’. Después de la apuesta, el príncipe Fernando visitó algunas propiedades suyas que eran manejadas por un judío, Moshe Itzjak Sobel. En el curso de su conversación, el príncipe mencionó la apuesta. “Entiendo que ha discutido el problema con sus académicos, pero ¿se acercó a los eruditos judíos?” El príncipe se burló de la sugerencia. “¿Qué saben los judíos sobre estos temas? Todo lo que pueden hacer es llorar sobre la destrucción de su Templo y soñar con una milagrosa redención”, replicó con desdén. Moshe Itzjak Sobel conocía al príncipe desde niño y aprovechó la oportunidad para hablar con franqueza: “Tienes una concepción totalmente errónea de los Judíos, y por supuesto, la culpa es de quien ha sido responsable de tu formación. Si deseas escuchar la opinión de un gran erudito, ¿Por qué no visitas al Rabino de Praga?” -exclamó Moshe Itzjak. “Si realmente crees que el rabino de Praga puede resolver mi problema, preséntamelo”, dijo el príncipe. “Pero arregla el asunto en secreto. No debe saberse que Fernando recurre a un pueblo tan bajo para resolver un problema científico” Aunque el príncipe pronunció estas palabras en un tono amistoso, Moshe Itzjak se sintió profundamente herido. Habló largo y tendido con el príncipe, refutando su apreciación. Sus palabras hicieron una profunda impresión en el príncipe.

Días más tarde, el Maharal visitó al Príncipe y, para gran alegría y sorpresa del príncipe, el rabino escribió la solución sin dudarlo. El príncipe quiso premiar al Maharal. Sin embargo, éste se negó, diciendo que desde la época de Moisés, es tradición judía impartir conocimientos a los pueblos. El Maharal se quedó una semana en la casa de Moshe Itzjak Sobel, visitando al príncipe todos los días, pasando varias horas discutiendo todo tipo de cuestiones científicas con él. El Príncipe aprendió todo lo que pudo sobre judíos, su modo de vida, su creencia y fe, su historia, etc y se sorprendió de la gran amplitud de los conocimientos mostrados por el Maharal. Este le explicó que todas estas ciencias se pueden aprender en nuestra Torá. (continúa…)

Adaptado de Memorias del Rebe Anteriorde Lubavitch

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