Sobre los hombros del Rebe

Rabí Peretz Jein era un gran estudioso de la Torá y un Jasid de Rabí DovBer, segundo Rebe de Jabad-Lubavitch conocido como el Miteler Rebe. Reb Peretz fue enviado por el Miteler Rebe para ejercer como rabino en la ciudad de Beshenkovitz.

Reb Peretz se sentía muy intranquilo sobre asumir la posición en Beshenkoitz; allí habitaba un hombre llamado Reb Aharon, que había causado pesar a todos los rabinos Jasídicos anteriores del pueblo. Reb Aharon era un gran estudioso y opositor vehemente al Jasidut (filosofía jasídica). Usaba su genio para confundir a los rabinos y finalmente librarse de ellos.

Reb Aharon operaba así: Presentaba todo tipo de preguntas difíciles al rabino a su llegada a Beshenkovitz. Después que el rabino emitía su decisión, Reb Aharon y sus amigos presentaban un caso difícil de una posición contraria. Si en alguna instancia, el rabino concedía que había errado, era ridiculizado por Reb Aharon y sus camaradas hasta que el rabino dejaba el pueblo en desdicha.

Por consiguiente, cuando el Miteler Rebe determinó que Rabí Peretz se hiciera Rabino de este pueblo, no era nada extraño que éste estuviera nervioso. Le expresó sus preocupaciones al Rebe, agregando que bajo dichas circunstancias pensaba que no podría ir allí. El Rebe le dijo que “esto había sido aprobado en el Cielo”. Pero Rabí Peretz todavía estaba aprehensivo. El Rebe le dijo finalmente que fuera allí: “oif maine pleitzes” (sobre mis hombros). Oyendo esto, Rabí Peretz se regocijó y dijo: “¡Rebe, voy! Si es sobre los hombros del Rebe, no tengo nada que temer”

Rabí Peretz llegó a Beshenkovitz y empezó a liderar el pueblo como rabino. Reb Aharon, claro, empezó a enviar toda clase de preguntas a través de varios emisarios, pero Rabí Peretz siempre se las arregló para demostrar la validez de sus decisiones legales.

Reb Aharón le envió una vez una pregunta particularmente complicada. Rabí Peretz escrutó el concepto en cuestión y lo pronunció Kasher. Reb Aharon convocó a sus amigos inmediatamente a la acción. Ellos atacaron la decisión del rabino con pruebas fuertes y convincentes. Rabí Peretz trabajó arduamente para justificar su posición.

En la plenitud del debate, los antagonistas exigían repetidamente: “¿Cuál es su fuente? ¿De dónde provino su decisión?” Finalmente, Rabí Peretz apuntó hacia un estante de libros y dijo: “¡De allí!”

Rabí Peretz quiso decir que su decisión se había basado en los textos sagrados alojados en el estante de su biblioteca, pero evidentemente uno de sus antagonistas entendió que estaba  refiriéndose a un libro en particular. Así que sacó el libro y lo abrió para ver qué decía.

¡Para su gran sorpresa, era un libro de respuestas legales acerca de temas judíos, y por una increíble instancia de la Providencia Divina, en el lugar que abrió este hombre se hacía mención, precisamente, al tema que estaban discutiendo! Allí el autor se refería a las fuentes que los antagonistas estaban citando en el esfuerzo por refutar a Rabí Peretz, y seguía explicando cómo cada punto estaba sacado de contexto. En el libro de responsa, la decisión final estaba de acuerdo con la opinión que había tomado Rabí Peretz.

Cuando Reb Aharon y su séquito vieron la prueba en blanco y negro con sus propios ojos, salieron dócilmente de la casa. Desde aquel momento, ya no persiguieron a Rabí Peretz.

“En ese momento vi con mis ojos,” dijo Rabí Peretz después, “que el Miteler Rebe, de hecho, me había tomado en sus sagrados hombros”.

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