Pequeñas historias para compartir

Pocas palabras, muchas enseñanzas…


Pequeña Historia 1.
En Liozna habitaba una mujer viuda, muy humilde, que tenía tres hijas. Cuando llegó el momento de casarlas, no tenía ni un centavo en su poder. Sus conocidos le recomendaron viajar a Lubavitch y visitar al Rebe, Rabi Shalom Dovber, y pedirle una bendición. La mujer así lo hizo, y el Rebe le aconsejó viajar a Petersburg.
Sus amigos juntaron el dinero para el pasaje y así partió hacia la gran ciudad. Cuando llegó, se dirigió al centro, caminó sin rumbo por las calles desconocidas, y luego de un largo rato, al sentirse cansada, se sentó en las escaleras de una hermosa casa. Luego de una o dos horas, el portero salió a gritarle para que se retirara. El dueño de casa escuchó los gritos y salió para averiguar de qué se trataba. Al ver a la pobre mujer, la invitó a pasar y luego de servirle algo caliente, escuchó su historia. De la conversación surgió que él era su cuñado (hermano de su esposo), que durante muchos años había servido en ejército del Zar. Éste le entregó una suma de dinero y prometió ayudarla a casar a cada una de sus hijas.

Pequeña Historia 2.
En un principio, el Tzemaj Tzedek, 3er Rebe de Jabad, no recibía mujeres en audiencias privadas por una cuestión de recato. Hasta que en una ocasión su esposa, la Rabanit Jaia Mushka, enfermó. Su marido, el Rebe, entró a la habitación para visitarla y se sentó a su lado.
Entonces le preguntó: “¿Cómo te sientes?”
Ella le respondió: “Mendl (el Rebe se llamaba Menajem Mendl), debes saber que estoy enferma a causa de tus pecados. Pues muchas mujeres que están pasando problemas terribles vienen a pedir tu bendición y no les permites tener una audiencia contigo. De esta forma no participas de su desgracia y por ello estoy enferma”
Desde entonces, el Tzemaj Tzedek comenzó a recibir mujeres con serios problemas en audiencia y les fue de gran ayuda, mostrando grandes milagros. (Shmuot Vesipurim)

Pequeña Historia 3.
Durante una de las visitas del Rebe Rabi Shalom Dovber junto a su hijo, Rabi Iosef Itzjak a Paris, se dirigieron a uno de los hospitales de la ciudad, para cumplir con el precepto de “visitar a los enfermos”. En uno de los pasillos notaron que un judío se hallaba en un rincón, llorando. El Rebe se le acercó y le preguntó cuál era la razón de su llanto. El hombre le relató que su esposa hace varios días que está internada y no puede dar a luz.
El Rebe pidió entrar a la habitación de la mujer. Cuando ingresó, le preguntó si estaba dispuesta a asumir el compromiso de encender las velas de Shabat. La mujer, debido a su situación, no pudo responder. Sólo movió la cabeza asintiendo.
A los pocos minutos que el Rebe abandonó la habitación, dio a luz a un hermoso y saludable niño.

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