No prometer en vano

La situación financiera de la Ieshivá Tomjei Tmimim de Lubavitch era muy dificultosa…

Nunca había bastante comida para los estudiantes, ni que hablar del dinero para otras necesidades. Uno de los directores de la Ieshivá se acercó a un judío muy adinerado de Rostov y le pidió ayuda.

Al principio el hombre se negó a colaborar, pero después de mucha insistencia, finalmente estuvo de acuerdo en contribuir con algunos de los fondos tan necesitados. Daría el dinero, sin embargo, con una condición: Él y su esposa estaban casados durante muchos años y todavía no habían tenido hijos. Si el rabino les prometía un hijo, el hombre ayudaría a la Ieshivá.

La Ieshivá necesitaba el dinero desesperadamente. El rabino prometió al hombre adinerado que en el mérito de su Tzedaká (caridad) tendría un hijo. El hombre dio el dinero y la crisis disminuyó.

Pasó un año pero en la casa del adinerado donante ningún nacimiento tuvo lugar. Éste fue al director de la Ieshivá y dijo, “Usted me prometió un hijo. Yo cumplí mi parte del trato pero usted no ha cumplido la suya”. El rabino animó al hombre a tener fe y esperar pacientemente. Él estaba seguro de que en mérito de la Tzedaká, la pareja tendría un niño.

Otro año pasó sin novedades de un bebé. Para entonces el hombre adinerado fue a ver al rabino muy enojado. “¡Usted me engañó!. ¡Me prometió un hijo y no tuvimos ningún niño!”

El rabino fue a ver al Rebe, Rabi Iosef Itzjak Schneerson- el Rebe Anterior, y le contó toda la historia. “¿Quién te dijo que puedes prometer a alguien que será bendecido con hijos cuándo no puedes cumplir con tu palabra?”

“¡Pero Rebe!” el rabino contestó, “¡la Ieshivá estaba en una situación económica horrible y yo estaba seguro de que en mérito de su donación, que permitiría a centenares de estudiantes estudiar Torá, él y su esposa serían bendecidos con un niño!.”

“De todas formas,” dijo el Rebe, “está prohibido hacer una promesa que no se puede cumplir personalmente.”

Pasaron unos años. El hombre atormentaba al rabino diariamente. Día tras día lo confrontaba, y llorando amargamente preguntaba: “¿Dónde está el niño que me prometió?”

El rabino fue de nuevo al Rebe. “No me dejará tranquilo. No me permite vivir”, dijo el rabino al Rebe.

“Ve al hombre,” dijo el Rebe, “y dile en mi nombre que tendrá un niño este año. Pero nunca más vuelvas a hacer una promesa que no puedas mantener.”

Al año siguiente, el hombre y su esposa hicieron una gran celebración de Brit Milá (circuncisión) de su hijo.

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