No pensó que sería tan pronto

El joven estaba parado en medio de la calle contemplando la escena. Su vida en la ciudad era excitante. ¿Cómo pudo vivir alguna vez en el pueblo de Berdichev? ¡Ahora, era un hombre de mundo! Luego se dirigió a su café favorito. Aquí podía conversar con gente de igual inteligencia e ingenio. ¡Qué bueno era no vivir en ese pequeño pueblo empapado de antiguos rituales judíos!

Sus días y noches pasaban en discusiones políticas y bebiendo. Por la mañana frecuentaba el café  y leía el periódico. Por las tardes paseaba por las calles, y después iba de nuevo al café.

Sus nuevos amigos, al igual que él, habían abandonado el cumplimiento de las Mitzvot de la Torá.

Una mañana, cuando planificaba su día en la cama, se sobresaltó por los golpes en su puerta. Abrió y le entregaron un telegrama.

Estaba asustado. Sus padres nunca enviarían un telegrama si no había una razón urgente. Las palabras confirmaron sus peores miedos. A través de sus lágrimas leyó las palabras: “Papá ha fallecido. Ven a casa. Mama”

Retornó a Berdichev. El entierro pasó y los siete días de shiva (duelo) terminaron. El mes de Elul había y la llegada de Rosh Hashaná era palpable. No estaba seguro por qué, pero por alguna razón, sentía consuelo por las vistas familiares y los antiguos sonidos de su pueblo.

El joven paseaba por Berdichev sin rumbo fijo, perdido en sus pensamientos, cuando de repente sintió una mano en su hombro. Era el Rebe, Rabí Levi Itzjak, conocido por el gran amor que tenía por cada judío.

“Sabes joven, realmente te envidio” comentó el Rebe sonriendo.

Rabí Levi Itzjak continuó: “Durante estos días de arrepentimiento, cada judío tiene la oportunidad de volver a Di-s y convertir sus pecados en méritos”

El joven se rió. “Bien, si ése es el caso, estará más celoso el próximo año. ¡Para entonces poseeré un montón de pecados nuevos!”

“Permíteme contarte una historia” dijo el Rebe. “Una vez, un propietario recorría su propiedad y se desató una terrible tormenta. Se detuvo en una posada que arrendaba, entró al establo esperando resguardarse de la lluvia. Pero cuando entró con sus caballos, la lluvia caía en forma de cascada a través de los agujeros del tejado. “Bueno” pensó “por lo menos en la posada podré secarme un poco”. Pero cuando ingresó en la posada, notó que la situación no era mucho mejor. Había charcos grandes como lagos en el suelo y la humedad saturaba el cuarto.

El propietario enfadado se acercó al posadero y le dijo: “Cuando te alquilé esta posada estaba en  excelentes condiciones” ¡¿Cómo has permitido que se deteriore de esta manera?!

“Su Excelencia” tartamudeó el posadero avergonzado “sabía que usted se detendría aquí alguna vez, pero no pensé que sería tan pronto”.

Rabí Levi Itzjak se alejó, pero su historia había plantado una semilla en la mente del joven.

Unos días después de Rosh Hashaná, el joven cayó enfermo. La enfermedad empeoró y los especialistas no hallaban cura. Estaba claro que el final del joven se acercaba rápidamente. Recordó la historia del rabino y se consumió pues había malgastado su preciosa vida.

Pidió que el Rebe viniera al lado de su lecho y lo guiara por el camino correcto, pues su alma no le daba descanso. Rabí Levi Itzjak vino enseguida. Se sentó al lado del joven instruyéndolo día tras día y animándolo hasta lograr un verdadero y completo arrepentimiento. Y junto con ello llegó también su curación”

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