Le puso la tapa

Wolf, el Zapatero remendón y su esposa, vagaban de pueblo en pueblo manteniéndose enmendando zapatos; un trabajo que Wolf llevaba a cabo con gran agudeza, pues para él significaba mucho más que un medio para ganarse la vida, sino un escudo para disimular su rectitud y erudición.

Wolf siguió deambulando hasta que arribó a un pueblo en Wohlyn, no lejos de Lukatsh dónde estableció su vivienda “permanente” hasta que tuviera que irse de allí.
En este pueblo Wolf había encontrado el deleite que había estado buscando desde el principio. Podía llevar una vida silenciosa, modesta, sin que a nadie pudiera ocurrírsele que era un gran hombre, un estudioso y místico. Wolf se había ganado un buen nombre entre judíos y no-judíos por igual a causa de su honestidad y escrupulosidad en su trabajo. Les gustaba su carácter tranquilo, y por no chismorrear sobre las personas. En verdad, Wolf hablaba muy poco en general, y era considerado un hombre silencioso. La gente atribuía esto a su simplicidad así como a su bondad.

Pero algo ocurrió qué compelió a Wolf y a su esposa de nuevo a empacar y partir.
En este pueblo vivía un sacerdote que estaba intentando convertir a los judíos. Al principio el clérigo empezó con palabras suaves y de manera amistosa. Cada vez que había una fiesta pública, llamaba a todos los habitantes, judíos y gentiles, y se dirigía a la multitud desde una plataforma en medio del mercado.

No tomó mucho tiempo, sin embargo, hasta que los judíos vieran que las palabras delicadas del sacerdote no eran otra cosa que una preparación. Pronto quedó claro que toda esta charla de “amistad” llevaba a su abierta demanda a que los judíos se sometieran a la conversión. Pronto, el sacerdote empezó a enfurecerse abiertamente contra la fe judía.

Judíos estudiosos sabían refutar tales argumentos. Los líderes judíos a lo largo de las épocas, han tenido que tratar con las llamadas “pruebas” expuestas por misioneros, frustrándolas completamente. En este pueblo en Wohlyn, sin embargo, parecía ser que ningún judío era capaz de contestar convincentemente al sacerdote.

Una vez, antes de una fiesta religiosa en el verano, el sacerdote congregó a todos los judíos y no-judíos de nuevo en el mercado y se dirigió desde la plataforma en su manera usual. Pero esta vez, habló más ásperamente contra la religión judía y exigió que los judíos debieran abrazar su fe. Él se burló de sus costumbres y de su religión.
“¿Puede alguno de ustedes responder a mis argumentos?”
preguntó el clérigo, echando una mirada a su alrededor, seguro de que no había nadie presente de entre los judíos que podría contestar. Pero de repente alguien caminó hacia adelante de entre los iehudim reunidos, diciendo con una voz clara que estaba listo para refutarle. Toda la muchedumbre se volvió para ver quién era este hombre. Y, para su gran asombro, era Wolf- el Zapatero remendón.
“¿Cuál es la idea de adelantarse aquí?” se preguntaba la gente, sorprendida. El sacerdote estaba intrigado.
“Bueno, Wolf“ reclamó el clérigo, “¿desea decir algo? ¡Suba aquí a la plataforma y permítanos oír lo que tiene para decir!” El sacerdote estaba evidentemente seguro que este simple zapatero muy poco podría ayudar a los judíos.

Con pasos seguros Wolf caminó hacia la plataforma y empezó a hablar. Para asombro de todos los presentes, oyeron palabras que nunca hubieran creído que podrían venir de él. Habló en un polaco claro y fluido, raro para un judío por esos días. La sorpresa más grande que les dio a los oyentes, sin embargo, fue lo que dijo. Empezó refutando uno a uno los argumentos del sacerdote, y trajo incontables demostraciones que dejaron en ridículo al clérigo. El zapatero remendón citó pasaje tras pasaje de la Biblia en hebreo, traduciéndolos rápida y fluidamente al polaco. Sorprendentemente, todos lo entendían clara y fácilmente, y podían ver que tenía razón.

Así fue que Wolf resultó ser un místico. Sus propias acciones habían provocado ser descubierto, pero la necesidad urgente de enaltecer la santidad del nombre de Di-s, no le había dejado alternativa. Después de eso, sin embargo, ya no podía permanecer en Wohlyn. Había cumplido su misión en este lugar; y ahora debía marcharse…

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