La Visa

Durante la Segunda Guerra Mundial, los judíos en Polonia sufrieron terriblemente y a menudo su única esperanza era huir a Rusia. Pero cuando la guerra acabó de repente, la situación se invirtió. Los judíos de Rusia, especialmente los religiosos, intentaron dejar el infierno de Stalin, incluso alterando pasaportes, tratando desesperadamente de cruzar la frontera a Polonia.
Un jasid de Jabad llamado Iaakov Lefkefker lo intentó, pero en lugar de escapar a la libertad, fue arrestado por la policía rusa, ‘juzgado’ y sentenciado a vivir en Siberia. Estuvo allí por más de diez años, pero finalmente, cuando el malvado Stalin murió, él, junto a decenas de miles de otros prisioneros, fue liberado.
Pero salir de Rusia era una historia diferente.
Como el empleado de la oficina gubernamental en Tashkent le dijo cuando Iaakov le dio la petición para mandar por correo a Moscú: “Antes de que un delincuente como tú, consiga el permiso para dejar Rusia…… crecerá  pelo en la palma de mi mano”
Y así fue; cada año Iaakov repetía la misma ceremonia: Llenaba todos los formularios, los mandaba por correo a Moscú (estaba permitido sólo pedirla una vez por año) esperaba una semana o dos y recibía una carta oficial de rechazo.
Cada vez que hacía su petición anual, llamaba a sus parientes en América para que ellos le pidieran una bendición al Lubavitcher Rebe…. Pero el Rebe nunca contestaba.
Hasta que un año…
¡El Rebe contestó! ¡Sus parientes recibieron una carta del Rebe que les informaba que él había recibido su petición y que este año librarían Iaakov!
¡Su alegría era inmensa! Cuando sus familiares le informaron de la respuesta, Iaakov preparó sus bolsos y esperó buenas noticias… Pero no llegó nada.
Las personas a su alrededor en Tashkent recibían diferentes respuestas; algunas positivas, algunos rechazados, pero él no recibía nada y el tiempo estaba pasando. Había una fecha tope por usar la  visa, y después de esa fecha, debía enviarse una nueva demanda a Moscú.
Un Shabat, el Rebe hizo un ‘Farbrenguen’ (‘reunión jasídica’). Todos los Jasidim estaban allí. De repente, el Rebe se volvió al pariente de Iaakov e hizo señas para que se acercara.
- “¿Por qué no he oído ninguna noticia?” Cuándo el pariente sólo se encogió de hombros, el Rebe lo llamó y le dijo:
- “El permiso está allí, sólo tiene que golpear en la mesa… incluso que se pare encima de ella, y la conseguirá”
Después de Shabat llamaron Iaakov a Rusia y le dijeron lo que el Rebe dijo.
A la mañana siguiente,  Iaakov, normalmente un hombre discreto, callado y apacible fue a la oficina gubernamental, caminó hacia al empleado, respiró profundamente y gritó:
- “Déme mi visa!!! Sé que está aquí. ¡YO QUIERO MI VISA!”
Con cada una las cuatro palabras, golpeó en la mesa con todas sus fuerzas. Los dos soldados que estaban de pie en la puerta se acercaron a él, pero antes de que llegaran, gritó…..
- “¡¡¡Y la quiero…AHORA!!!”
Agarró el borde de la mesa, cerró sus ojos y se alzó con toda su energía, parándose encima y tirando papeles y cosas de metal que volaban por la oficina. La policía estaba pasmada, Iaakov estaba de pie allí y quedamente dijo:
- “¡Quiero mi visa y él no me la da!”
¡Por alguna razón en toda la confusión, alguien echó una mirada a los papeles del empleado en su escritorio y allí estaba!! ¡Una carta oficial de Moscú dirigida a Iaakov! ¡Y en ella….. la Visa de Iaakov!
Parece que el empleado era un terrible antisemita y planeó retener la carta hasta el último día para que Iaakov no pudiera usarla. ¡Y de algún modo….. El Rebe lo supo!!!
Una semana después, Iaakov estaba en Israel.

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