Fe incondicional

Un severo decreto se estaba dictando contra los judíos…


Rabí Menajem Mendl, conocido como el “Tzemaj Tzedek” (el tercer Lubavitcher Rebe), envió a su hijo más joven, Rabi Shmuel a Petersburg en un esfuerzo por conseguir que el decreto sea abolido. Junto a Rabí Shmuel viajó su hermano Rabí Iehuda Leib, veinte años mayor.
Antes de comenzar la marcha, Rabí Shmuel insistió que Rabí Iehuda Leib dé su palabra de no bendecir a nadie durante su viaje. “Nuestro padre es el Rebe y él es el único que debe dar las bendiciones” declaró. No teniendo otra opción, Rabí Iehuda Leib aceptó las condiciones.
En cada pueblo que visitaron, la gente llegaba a Rabí Iehuda Leib. Le pedían que- como hijo de semejante gran Tzadik- les diera una bendición para salud, sustento, hijos, etc. A cada persona, Rabí Iehuda Leib respondía: “Ve a visitar a mi padre, él te bendecirá.”
En un pueblo, había una mujer que era especialmente persistente. Ella no tenía hijos y estaba segura de que, con la bendición de un Tzadik, podría tenerlos.
La mujer se paró delante de Rabí Iehuda Leib. Le rogó y suplicó, gritó y lloró pidiéndole que la bendiga. Pero Rabí Iehuda Leib se negó a bendecir a la mujer. “Ve a mi padre, el Rebe, él te bendecirá.”
La mujer no estaba satisfecha con la respuesta. Continuó clamando a Rabí Iehuda Leib que debía bendecirla. Finalmente, en un rapto de ingenio, le dijo: “Ve a mi hermano. Quizás él te bendiga.”
La mujer repitió la escena delante de Rabí Shmuel. Rogó y suplicó, lloró y gritó. Pero nada podía sacudir a Rabí Shmuel. Él insistía que sólo su padre, el Rebe, podía hacer algo por la mujer.
Rabí Shmuel dijo a su hermano que seguirían el viaje. Entraron rápidamente en el carruaje para regresar a casa.
Pero el carruaje no se movió. La mujer había puesto un palo diestramente en los rayos de las ruedas.
Rabí Shmuel bajó del carruaje y, molesto con la mujer, dijo: “Vaya a comer un beiguel (masita redonda tradicional)” – equivalente a decir: “Vaya a remontar un barrilete.”
Satisfecha por fin, la mujer dejó que Rabí Shmuel y Rabí Iehuda Leib continuaran su viaje. Ella fue a casa y tomó los beiguels, concentrándose profundamente en la bendición que le aportarían los beiguels. La mujer, para estar segura de que la bendición se concretaría, comió dos beiguels.
Al año siguiente, Rabí Menajem Mendl falleció y Rabí Shmuel, el más joven de sus siete hijos, fue escogido como Rebe.
Un día, un hombre entró en el estudio de Rabí Shmuel con dos pasteles que su esposa había preparado para el Rebe. “Usted bendijo a mi esposa el año pasado para que tenga un niño, y ella me ha pedido que le traiga estos pasteles en gratitud.”
Rabí Shmuel no recordaba el suceso, por lo que el hombre le narró el episodio entero. Y terminó diciendo: “Usted dijo a mi esposa: “Vaya a comer un beiguel”. Eso es exactamente lo que hizo y su bendición se concretó”
“¿Pero, por qué?,” preguntó Rabí Shmuel con asombro, “está trayendo dos pasteles?”
“¡Mi esposa quiso asegurarse de que la bendición se materializaría y comió dos beiguels y dio a luz a gemelos”! dijo el padre, radiante.
“Sepa usted,” Rabí Shmuel dijo al marido, ” que vi que había un decreto celestial por el cual ustedes jamás tendrían niños. Sólo que por la exasperación le dije a su esposa que comiera un beiguel, y no como un medio de bendición. Pero debido a su fe simple, su fe fuerte en la bendición de un Tzadik, el decreto fue anulado y fueron benditos con hijos.”

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