El Regalo de bodas

Una pareja en Bielorrusia moviliza a todo un pueblo para su jupá. La bendición del Alter Rebe al acaudalado judío y la importancia de la mitzvá de pidión shevuim.

En un pequeño pueblo en Bielorrusia (Rusia Blanca) vivía un acaudalado judío, que, es triste decirlo, era un verdadero avaro; al menos así pensaba de él la gente del pueblo, y con buenos motivos.
Cada vez que se le pedía una donación, extraía de su billetera una oxidada moneda de cobre, de cinco kopecks (centavos), y la ofrecía como su contribución. No importaba cuan urgente o desesperado era el motivo, ya fuera para ayudar a una novia necesitada para casarse, o para salvar a un judío de ser enviado a la cárcel por una deuda impaga, o para ayudar a un comerciante cuyo negocio se había incendiado, la respuesta era siempre la misma: ¡ahí salía la billetera y la moneda de cinco centavos!
Cuando esto se repitió una vez tras otra, algunas personas se sintieron tan disgustadas con este hombre que le arrojaron la moneda oxidada de vuelta. Y cuando ni siquiera esto pareció afectar al avaro, la gente dejo de acercarse a él del todo.
Pues bien, finalmente ocurrió algo que puso a todo el pueblo movimiento.
Una joven pareja, ambos huérfanos pobres, se estaba preparando para casarse. Como eran absolutamente pobres, todo el pueblo tomo sobre si la responsabilidad de cubrir sus necesidades: un ajuar de ropa de vestir y de cama para la novia, trajes para el novio, cacerolas, sartenes, cubiertos y otros artículos domésticos. La gente del pueblo también se aseguro de que la pareja tuviera una linda fiesta de bodas, una simjá —alegría de la que todos disfrutarían. En efecto, todos habían contribuido a este fondo especial y tenían derecho a participar de la fiesta.
Había, sin embargo, una excepción: el avaro rico. Nadie le había pedido su contribución y, de todos modos, su moneda de cinco kopecks difícilmente hubiera sido de gran ayuda.

En medio de los felices preparativos de la fiesta, una terrible calamidad azoto a la comunidad, convirtiendo su alegría en tristeza. ¡Sin ningún aviso previo, el novio fue llevado por el Jefe de Policía bajo custodia, para cumplir el servicio militar!
En esa época, cuando Alejandro I era el Zar de Rusia, los judíos estaban obligados a cumplir el servicio militar, aunque podían librarse de este pagando un rescate. Como el servicio en el ejército ruso significaba para el judío verse expuesto a la burla, a tener que comer alimentos no-kasher y a presiones para convertirse, muy pocos judíos elegían entrar al servicio militar activo, prefiriendo pagar el impuesto.

El Jefe de Policía de este pueblo era nuevo en su trabajo, pero ya había dado a conocer su odio a los judíos. Cuando se entero del inminente festejo de bodas en el cual habría de participar toda la población, pensó que seria una oportunidad de oro para dar un duro golpe a todos los judíos. ¿Qué hizo? Envió a sus hombres para que arrestaran al novio y lo pusieran bajo custodia para el servicio militar, ¡en su día de casamiento!
Una delegación especial se presentó inmediatamente ante el Jefe de Policía para lograr la Iibcraci6n del novio mediante el pago del impuesto, agregando además un hermoso obsequio para el Jefe por apresurar los trámites para que los preparativos de la boda no tuvieran que postergarse. Pero el Jefe los expulsó advirtiéndoles que si continuaban molestándolo los enviaría a Siberia.
¡Pobres judíos, ahora estaban ante un verdadero dilema. ¿Qué debían hacer?
En un momento tan critico como este, llego al pueblo un visitante muy distinguido, el reverenciado y famoso Rabi Shneur Zalman, de la pequeña y vecina aldea de Liadi. Parecía que fue él quien estuvo detrás de la idea de formar la pareja entre los dos huérfanos, y vino a unirlos en matrimonio y a alegrarse con ellos. Sin embargo, lejos de alegrarse, se encontró con que la novia y toda la población se hallaban en un estado de amargura y confusión.
Cuando el Alter Rebe escucho toda la historia, pidió al Rabi del pueblo que lo acompañara a visitar al Jefe de Policía.
Este los recibió con manifiesta hostilidad y estaba a punto de comenzar con sus acostumbradas amenazas, cuando una penetrante mirada del Alter Rebe lo dejo aturdido y mudo. Tras unos momentos se recupero, y pregunto a sus visitantes para qué habían venido.
“Hemos venido a pedirte la liberación del novio, que ha de casarse esta noche. El no es de manera alguna apropiado para ser soldado en el ejército del Zar, y estamos dispuestos a pagar el impuesto para obtener su inmediata liberación. Solo dinos cuanto quieres”, dijo el Rebe con voz firme.
Ahora bien, el Jefe de Policía, un ávido apostador y jugador de cartas, había contraído una enorme deuda, y ahora veía una oportunidad de exprimir una gran suma de dinero de los judíos de su pueblo.

“¡Mil rublos!”, dijo.
Sin dudarlo un instante, el Alter Rebe respondió:
“Recibirás el dinero antes del anochecer”.
Tan pronto como salieron, el Rabi preguntó al Rebe:
“¿Cómo podremos conseguir una suma de dinero tan grande de la pobre gente del pueblo y, además antes del anochecer de hoy?”
“El Todopoderoso, Padre de los Huérfanos, no los abandonara”, respondió el Rebe confiado. “Ven, hagamos una lista de donantes”.
Cuando llegaron a la casa del Rabi, este se sentó para hacer una lista de la gente que conocía y la cantidad de dinero que se podía esperar de cada uno. El total apenas llegaba al centenar de rublos. El Rabi suspiro, y extendió la lista al Rebe.
“Veo que no has incluido el nombre del hombre rico del pueblo”, observó el Rebe.
“Solo seria una perdida de tiempo ir a verlo. ¿De qué nos ayudarán sus cinco centavos?”
“Iremos a verlo de todos modos, para darle una oportunidad de participar en la importante mitzvá de pidión shevuim”, dijo el Alter Rebe, devolviendo la lista al Rabi. Y al ver que este iba u incluirlo al final de la lista, el Rebe agregó:
“No. Ponlo al principio; iremos a verlo en primer termino”.
El avaro rico había estado reclinado en la ventana cuando vio que el Rabi y el Rebe se acercaban a su casa. Salió a recibirlos y los invito a pasar.
El Alter Rebe le contó lo que había sucedido con el novio, y que ahora estaban tratando de reunir el dinero para liberarlo, de modo que pudiera casarse esa misma noche, tal como se había planeado.
El hombre rico no dijo nada, pero saco su oxidada moneda de cinco kopecks y se la ofreció al Rabi. Antes de que este tuviera oportunidad de decir o hacer algo, el Alter Rebe tomo rápidamente la moneda, diciendo al donante:
“Que tengas el zejut —merito— de hacer muchas mas mitzvot”.
Mientras se levantaban para irse, el judío exclamó repentinamente:
“Creo que mi contribución fue muy pequeña. Aquí, tomen un rublo entero”.
El Alter Rebe recibió el rublo y repitió su bendición. Cuando se volvieron en dirección a la puerta, el judío llamó:
“Discúlpeme, Rebe, quisiera hacer una donación mayor”.
Saco un billete de diez rublos y se lo dio al Alter Rebe. Este lo recibió con agradecimiento y lo bendijo nuevamente como antes.
Esta actuación se repitió varias veces, con el hombre rico aumentando cada vez más su donación, y el Rebe aceptándola con agradecimiento y bendición. Finalmente, el judío se quebranto y rompió a llorar.

El Alter Rebe no dijo nada, sino que espero a que el hombre se recuperara.
Luego de limpiar las lágrimas de su rostro, el hombre rico le dijo:
“Una vez di a un mendigo una moneda de cinco centavos, y este me la arrojo en la cara. Quede tan sorprendido que me dije a mi mismo: “esta moneda de cobre será mi donación cualquiera sea la causa, y quienquiera me solicite una contribución, hasta que alguien finalmente la acepte con una palabra amigable. Desde entonces, esta moneda de cinco kopecks me ha sido devuelta siempre con desprecio y burla, hasta que la gente dejo por completo de venir a mí en busca de caridad…
“Tu, santo Rebe, eres la primera persona que acepto mi donación de cinco centavos con amistad. Me diste la oportunidad de participar en la mitzvá de pidión shevuim. Incluso encontraste en tu corazón lugar para bendecirme que sea merecedor de hacer más mitzvot. Tú me has convertido en una persona distinta.

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