El Rebe Rashab y su infancia

JUGANDO AL REBE Y AL JASID

Una vez, cuando Rabí Shalom Dovber de Lubavitch y su hermano Zalman Aharón eran niños, decidieron jugar a “El Rebe y al jasid”. El pequeño Shalom Dovber estaba cercano a cumplir cinco años en ese momento y su hermano era un año mayor. El joven Shalom Dovber se negó a jugar el rol de Rebe, insistiendo que “hay un solo Rebe” (el verdadero Rebe, su abuelo Rabí Menajem Mendl). Entonces Zalman Aharon actuaba  en el papel del Rebe y Shalom Dover jugó el rol de jasid.

La consulta de un jasid a su Rebe en iejidut (audiencia privada) usualmente es relativa a uno de dos temas: una pregunta en haskalá (una pregunta intelectual, problema, o un pedido de guía en la avoda del jasid, su relación personal con Di-s).

En el juego de ambos niños, el pequeño “jasid” entró a iejidut con una pregunta en ambas áreas.

En cuanto a la parte de la audiencia dedicada a haskalá el diálogo fue así:

“Rebe, qué es un judío?”

“Un iehudí es fuego” dijo el pequeño Rebe.

“Y por qué no me quemo cuando lo toco?” preguntó el niño – jasid.

“El fuego no quema al fuego” le respondió el Rebe.

El jovencito jasid entonces, se quejó de una deficiencia en su avoda personal y el “Rebe” le aconsejó cómo corregirla.

En ese instante el pequeño Shalom Dovber exclamó: “Tu no eres un Rebe!”

“Por qué?”

“Un Rebe” dijo el niño “hubiese emitido un suspiro antes de responder”

*EL REBE RASHAB COMO PADRE

En el año 5652 (1892) Rabí Shalom Dobver de Lubavitch le entregó como regalo a su hijo Iosef Itzjak, de doce años, el maamar (discurso jasidico) llamado “Ma rabu maaseja” (Qué grandes son Tus actos) y le dijo: “Este es un beso jasidico. Cuando llegue el momento indicado te lo explicare”. Cuatro años más tarde, le relató el siguiente incidente: “Era el año 5644 (1884). Tarde a la noche, Rabí Shalom Dovber se hallaba estudiando con el jasid Rabí Iaakov Bezfolov. La familia de Rabí Shalom Dovber habitaba en una casa de dos ambientes. Uno servía como dormitorio y el otro como estudio de Rabí Shalom Dovber. Esa habitación servía también como dormitorio de su ‘único hijo’, en ese entonces de cuatro años, Iosef Itzjak.

El pequeño era extremadamente hermoso con rasgos muy delicados y un rostro radiante. Rabí Iaakov Mordejai, estimulado por la hermosura del niño, comentó que el brillo del rostro del niño debe reflejar la pureza interior de su mente.

Rabí Shalom Dovber se sintió conmovido por un fuerte deseo de besar a su hijo. Pero en ese mismo instante pensó acerca del oro y plata que fueron usados para embellecer el Sagrado Templo de Jerusalem, transformando los elementos materiales en algo sagrado y espiritual. Decidió entonces, destinar esos inmensos sentimientos de amor a un regalo más espiritual. Le daría a su hijo un maamar en lugar de ese beso. Se sentó, pues y escribió “Ma rabu maaseja”.

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