El Rebe lo sabía

Para su mala suerte, algunos de sus empleados eran corruptos, y efectuaron el trabajo deficientemente. Al terminar la obra, una inspección descubrió graves fallas en la maquinaria del barco. Algunos empleados acusaron a su patrón. Se llevó a cabo un juicio militar y el acusado fue condenado. Al enterarse, el empresario viajó a lo del Alter Rebe, y le relató lo sucedido. El Rebe le respondió: “Ve al mercado de caballos y compra dos de los mejores equinos. Elige una carroza lujosa, viaja a Peterburgo, y pasea cerca del palacio real. Cuando el emperador note tu presencia, querrá sin duda comprar tus caballos. Entonces, regálaselos”.
El hombre hizo todo lo que el Rebe le indicó y una vez situado en la Capital, paseó continuamente alrededor del palacio hasta llamar la atención del propio Emperador, que al ver la lujosa carroza tirada por esos hermosos ejemplares, deseó de inmediato comprarlos. Para ello envió a su secretario. Cuando éste se acercó al judío y le preguntó acerca de la compra de los caballos, el iehudí respondió: “No vendería mis caballos por ningún dinero del mundo, pero al Emperador estoy dispuesto a obsequiárselos”
El secretario tomó nota de los datos personales del constructor, asegurándole que el monarca se alegraría mucho con el regalo. Cuando el funcionario contó al Emperador lo sucedido y le entregó los datos personales del “bondadoso ciudadano”, el Zar gritó: “¡Pero si éste es el constructor acusado de estafar al Estado! ¡Deberé investigar personalmente lo sucedido!”
El Zar nombró una comisión de entendidos en la materia, para que determine los defectos del barco y quién los provocó. Los expertos realizaron un trabajo a conciencia, determinando que las fallas fueron causadas por los empleados del ensamble, que luego acusaron falsamente al judío. A la luz de los hechos, los empleados fueron arrestados y el constructor fue liberado. Cuando fueron conocidos los hechos, preguntaron los jasidím a Rabí Shneur Zalman: “¿Cómo sabía el Rebe que al Emperador le gustaban los caballos?”, el Alter Rebe comentó: “Sabemos que la Torá previene al rey de poseer muchos caballos. Ésta es una prueba de que un monarca ama a los caballos…”
(De los escritos de un jasid)

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