El mejor soldado del ejército

Un joven jasid en Rusia llamado Boruj Zalmanovitch, recibió el aviso para alistarse en el ejército. Cuando sus padres lo supieron estallaron en lágrimas.
Una comunicación para reclutarse en la Rusia Zarista era equivalente a la muerte para un judío religioso. Pues el Zar usaba al ejército como medio de su diabólico plan de convertir a los soldados judíos y toda resistencia a la conversión se enfrentaba con la tortura. ¡Y el lapso de servicio era de quince años!
Así que el jasid fue a pedir la bendición del Tzadik, RabiMenajem Mendl de Vitebsk para estar exento del ejército.
Pero cuando estuvo con el Rebe se llevó una gran sorpresa. El Rebe lo miró y dijo: “¿Por qué quieres evadir el ejército? ¡Pienso que serás un muy buen soldado! ¡Serás el orgullo del Rey! ¡Entretanto ve a casa y estudia Torá!”
El muchacho no entendía nada. ¡Vino a pedir una bendición para su exención y el Rebe lo envía al ejército!
Cuando regresó y les contó a sus padres, empezaron a llorar. “¡Si entras en el ejército, será tu fin!! ¿Quizá el Rebe cometió un error?”
Escapar era imposible. Había que confiar en un milagro.
Así que el joven se sentó en la Ieshivá a estudiar hasta que el día del reclutamiento llegara.
¿Qué hacer? ¿Presentarse o no? “¡No!”decidió, “¡No voy a arrojarme a la boca del león! Voy a seguir estudiando Torá. El Rebe me dijo que estudiara y eso es lo que haré, Hashem me ayudará.”
Los días pasaron, y también las semanas y las semanas se volvieron meses y nada del ejército.
Incluso después de un año, y de otro, vivía con el miedo constante de ser alistado.
Cada vez que la puerta del Beit HaMidrash (Casa de Estudio) se abría de repente, se estremecía de miedo.
Después de cinco años, de repente la puerta se abrió y dos soldados rusos aparecieron en la entrada del BeitHaMidrash. Vestían uniformes limpios con sombreros de piel, grandes espadas colgaban de sus cinturones. Parados amenazadoramente, inspeccionaban a todos. Uno de ellos bramó:
“¡¡ESTAMOS BUSCANDO BORUJ ZALMANOVITCH!!”
Despacio, Boruj se puso de pie, aclaró su garganta y dijo: “Yo soy Boruj Zalmanovitch”
Los soldados se le acercaron ceremoniosamente.
Uno sacó una pequeña caja de su bolsillo, la abrió, sacó un medallón de oro atado a una cinta azul y solemnemente lo colgó alrededor del cuello de Boruj sin decir una palabra.
El otro sacó un documento y leyó pomposamente: “Su Majestad Real El Zar le otorga la distinción más alta de nuestro País, La Estrella Dorada, por su servicio valeroso y consagrado.”
El soldado siguió hablando sobre la valentía y el patriotismo; Boruj sólo oyó la última frase: “Su Majestad El Zar, por consiguiente, lo libera honorable y completamente del Servicio del Ejército”
El soldado puso sus manos firmemente en los hombros deBoruj y lo besó en ambas mejillas y el otro estrechó la mano de Boruj.
Los dos saludaron, entregaron el documento, y salieron.
Todos rodearon a Boruj felicitándolo, pidiendo ver el documento.
Pero Boruj corrió inmediatamente a la casa del Rebe con la buena noticia.
“¡Ves, te dije que serías un buen soldado!” Dijo el Rebe sonriendo, “Claro que me estaba refiriendo al ejército de Hashem. Lo hiciste tan bien, que incluso el Zar tuvo que reconocerlo…”

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