El despertador y el perro negro

No hace mucho tiempo, Rabi Sholom Ierushalmi paseaba por las calles de Jerusalém todos los días- antes del alba- para despertar a los judíos de la ciudad, para que pudieran servir Di-s. Previamente, Rabi Berel Vikar, “El Despertador,” había realizado esta tarea por veinte años. Luego pasó la tarea a su amigo, Rabi Sholom que heredó la profesión.

Todas las noches excepto Shabat y Fiestas, Rabi Sholom se levantaba a medianoche, y recitaba Tikun Jatzot (Oración de luto-por-el-Templo) y la sección diaria de Salmos. Entonces, tomaba su linterna y caminaba por las calles de Jerusalém, cantando dulcemente: “Levántense, despierten; ahora. ¡El alba se acerca, debemos servir al Creador!”
Primero, paseaba a través de la ciudad vieja. Después continuaba a través de las calles de Mea Shearim, Najlat Shiva y Iemin Moshe. Poco antes del alba, volvía a su sinagoga de la ciudad vieja, y oraba Shajrit. Nada lo detenía. Lluvia helada, el frío penetrante, o incluso el calor. Una madrugada, mientras caminaba por las calles, cantando como de costumbre, se encontró a un judío secular, sentado ociosamente en el umbral de su casa. Cuando Rabi Sholom pasó con inocencia y alegría- el hombre, molesto por la canción, se levantó y vertió un cubo de agua servida en su cara.
Rabi Sholom continuó su camino, como si nada hubiese ocurrido. ¡Al otro día, el hombre falleció de repente!. Su familia no conectó su desaparición repentina con el ataque a Rabi Sholom.

Dos días después, cuando Rabi Sholom estaba haciendo su ronda, encontró un monstruoso perro negro. El perro estaba sentado en los escalones donde, hacía tres noches, el judío ahora muerto había emboscado al rabino. Cuando pasó, el perro gruñó ferozmente hacia Rabi Sholom. Antes de que el rabino asustado pudiera reaccionar, el perro se detuvo de repente y se extendió a sus pies, lloriqueando ruidosamente. Rabi Sholom ignoró a la bestia. Continuó su camino, cumpliendo sus deberes. El perro lo siguió. “¿Qué hay de malo?” Rabi Sholom se dijo a sí mismo. “Es simplemente un perro- nada raro, nada para temer.”

La noche siguiente, cuando Rabi Sholom llegó a la casa del judío, el perro apareció nuevamente. Gruñó, desplegando los dientes afilados. Corrió hacia Rabi Sholom y arremetió, bramando un gruñido penetrante… Y de nuevo aterrizó delante de Rabi Shalom, y a sus pies, gimoteó incesantemente.
Rabi Sholom siguió su camino, cantando, despertando a los judíos píos de Jerusalém de su sueño. Sólo después de que el perro volvió, día tras día, empezó a preguntarse: “Este perro debe tener alguna importancia”. Resolvió ir al Beit Din (corte rabínica), informándolos de este peculiar y misterioso episodio.

Al oír la historia, los rabinos del Beit Din expresaron su preocupación. Posiblemente Rabi Sholom no vio un perro -quizás era una alucinación. Rabi Sholom había previsto el escepticismo de los rabinos. Así que, previamente, había pedido a dos respetables estudiosos que lo acompañaran una noche. Ellos dieron testimonio del perro y su conducta.

Los rabinos, aunque todavía escépticos, entrevistaron a la familia del judío difunto. Quizás el perro misterioso que aparecía cada noche se conectaba, de algún modo, a su pariente fallecido. La familia se rió de tal “disparate”.
Esa noche, sentado al lado de la ventana de su casa, uno de los hijos vio el perro negro. Burlonamente, gritó el nombre de su padre. Inmediatamente, el perro corrió hacia la ventana, gruñendo locamente. El hijo casi se desmayó de miedo. Perturbada, la familia volvió al Beit Din al día siguiente, e informó el evento.
“Parecería” resolvió la corte, “que este perro se conecta al difunto. Desarrollaremos un plan de arrepentimiento’ que la familia debe aceptar, rectificando el pecado del padre de la familia.”

El rabino principal del Beit Din, Rabi Mordejai Leib, buscó el consejo de Rabi Jaim. Éste- quién era anciano, débil y enfermo- raramente tomaba parte en los juicios de la corte. Pero Rabi Mordejai Leib fue personalmente a su casa, a pedir su consejo en este caso peculiar y confuso. Él pidió que Rabi Sholom relatara exactamente los eventos, sin exageración.
Cuando Rabi Jaim entró en el Beit Din, los otros miembros de la corte lo saludaron con temor. La familia fue convocada inmediatamente. Rabi Jaim les dijo:
“Vuestro padre, atacando a Rabi Sholom, cometió un acto malintencionado. Podría haber callado la voz de Rabi Sholom que despierta a los judíos de Jerusalém para servir al Creador antes del alba. Así que, a mi parecer, el Todopoderoso reencarnó su alma en este perro que también perturba los esfuerzos de Rabi Sholom.”

“Por consiguiente,” ordenó Rabi Jaim, “hemos preparado un ‘ plan de arrepentimiento’ para rectificar la situación. Esto librará el alma de vuestro padre. Como ustedes saben, Jerusalém está llena de casas de Oración y estudio de Torá y vuestro padre trató de interrumpir estas actividades. El arrepentimiento consistirá en: (1) pedir perdón a Rabi Sholom, (2) proporcionar bebida caliente cada noche para los que estudian en las casas de Oración, y (3) En invierno, deben proporcionar leña, para calefaccionar las sinagogas y casas de estudio. Así rectificarán el pecado.”
La familia aceptó el veredicto de la corte y el ‘plan de arrepentimiento’. (De hecho, en épocas recientes, esta familia proporciona aún té y café a las sinagogas y casas de estudio de Jerusalém cada noche, así como el combustible para calentar los lugares en invierno).

La corte rabínica, después de terminar con la familia, se dirigió a Rabi Sholom. “Rabi Sholom, la próxima vez que se encuentre a este pobre alma atrapada en el perro, diga: “¡En nombre de los rabinos principales de Jerusalém y su corte rabínica, ha logrado ya la rectificación de su alma, y yo, Rabi Sholom Ierulshalmi, lo perdono completamente!”
La noche siguiente, Rabi Sholom encontró a la bestia en el mismo lugar. Él interrumpió su canción y dijo al perro, lo que el Beit Din le había ordenado.
El perro desapareció al instante, y nunca se lo vio de nuevo.

Rabino Moshe Weber

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