Devolver objetos robados

Por años las cosas funcionaron bellamente. La larga del tendedero, atada firmemente bajo la ventana, se extendía por encima del patio hasta el edificio siguiente y el departamento de enfrente. Las dos atareadas amas de casa de buen grado compartían el tendedero, asegurándose de que sus respectivas ropas lavadas se mantuvieran separadas. Nunca había habido problemas… hasta ahora.
De alguna manera dos tandas de lavado se habían mezclado. Cuando las dos mujeres descubrieron esto, un tranquilo desacuerdo fue rápidamente aumentando hasta llegar a una discusión que bordeaba la histeria. Cada mujer clamaba firmemente que la ropa lavada era suya. ¿Cómo se podía resolver este problema?.
Al fin, al no poder llegar a un acuerdo, resolvieron llevar el problema, con la ropa lavada incluida, al rabino.
El rabino quedó asombrado cuando las damas irrumpieron en su hogar, llevando una canasta llena de ropa lavada, pero escuchó tranquilamente mientras ellas explicaban el problema. Cada mujer afirmaba que la  ropa lavada era de ella. Ninguna consideraba la posibil dad de que pudiera estar equivocada.
Cuando ambas mujeres terminaron finalmente de hablar, el rabino les pidió amablemente que esperaran la otra habitación por unos minutos. Entonces llamó a la rabanit (la esposa del rabino) a su estudio.
“¿Por favor, puedes traerme algo de tu ropa limpial pidió. “Haz una señal a las cosas de tal manera que  forma definitiva puedas decir qué te pertenece, pero asegúrate que las señales no sean claramente visibles!
La rabanit hizo lo que le pidió su esposo, tomando  varias cosas y marcándolas de una manera imperceptible. El rabino mezcló las ropas limpias de la rabanit dentl de la controvertida canasta de ropa lavada, asegurándose que fuera imposible decir que cosas estaban antes! que cosas habían sido agregadas por la rabanit. Una vez hecho esto, el rabino llamó a las mujeres a su estudio, de a una por vez.
Cuando la primer mujer entró a la sala, el rabino le pidió que examinara totalmente la canasta de ropa lavada. “Por favor examina cáela cosa cuidadosamente dijo el rabino. “Parece que algo de la ropa lavada te pertenece y algo le pertenece a tu vecina. Por favor mirá qué es lo que puedes reconocer como tuyo”.
La mujer asintió y comenzó a examinar la canasta de ropa lavada. Levantando cada cosa de la canasta, revi so cuidadosamente las diversas prendas, poniéndola a diferentes pilas. Al fin miró al rabino.
‘Esta ropa es mía” dijo señalando una de las pilas.
“El resto no”.
“Gracias” dijo gravemente el rabino. Le pidió que dejara la sala. Nuevamente mezcló cuidadosamente la ropa lavada antes de llamar a la segunda mujer. Con el mismo aire amable le pidió que examinara la ropa cuidadosamente y determinara con exactitud qué le pertenecía.
Con aire desafiante, la segunda mujer comenzó a revolver la ropa lavada de la canasta. Le daba a cada vestimenta una mirada superficial antes de apilarla ante ella… incluso la ropa que pertenecía a la rabanit. Al fin levantó el mentón y declaró, “Si, reconozco todas estas asas. ¡Toda esta ropa lavada me pertenece!”. “Ya veo” respondió el rabino. “Debo pedirte que vuelas al otro cuarto por unos minutos. Creo que estamos apunto de resolver el problema”.
Cuando la puerta se cerró detrás de la mujer, nuevamente el rabino mezcló la ropa lavada. Entonces volvió a llamar a la primer mujer.
“Por favor, separa tu ropa lavada como lo hiciste an-¡” pidió. Nuevamente la mujer examinó cuidadosamente cada cosa, seleccionando solamente aquellas vestimentas que estaba segura eran de ella. Entonces el rabino llamó a la rabanit a la sala, y le entregó las cosas que había agregado a la pila. Finalmente el rabino llamó a la segunda mujer y le mostró la pequeña pila de ropa lavada que quedaba.
“Estas cosas son tuyas” declaró lisa y llanamente. “El resto ha sido reclamado por sus verdaderos propietarios”. Su rostro se puso serio. “No toda la ropa lavada! te pertenece. ¿Qué pasó con el pecado de no robar?! ¿Querías tomar lo que no era tuyo?”.
Cuando la mujer bajó la cabeza avergonzada, el rabil no agregó. “Estáte satisfecha con lo que Hashem te ha dado, ¡y no intentes tomar lo que pertenece a otros!.

Extraído de “613 Historias”  de Editorial Bnei Sholem.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario