3 Historias del Baal Shem Tov

EL PODER DE UN TZADIK

Mientras Reb Shneur Zalman de Liadi, primer rebe de Jabad, estaba de visita en cierta ciudad, un incendio estalló en la casa de uno de los lugareños, y él pidió ser llevado allí. Cuando llegó se paró sobre su bastón por breves momentos y el fuego se extinguió de inmediato.
Algunos soldados que estaban acampados allí cerca, habían estado tratando de extinguir el incendio y cuando reportaron al oficial lo que el tzadik había hecho, ordenó que lo trajeran a las barracas.
Tras pedirle que se sentara, el oficial le preguntó si acaso él era hijo o nieto del Baal Shem Tov.
“No soy su nieto en el sentido físico,” replicó Reb Shneur Zalman, ” pero si soy su nieto en el sentido espiritual: el discípulo de su discípulo.”
“En ese caso,” continuó el oficial, “ya no me asombra lo que usted ha hecho hoy. Déjeme relatarle la historia acerca de mi padre y el Baal Shem Tov.”
“Mi padre era un general y una vez mientras estaba acampado con sus tropas en la ciudad de Mezhibuzh, él casi pierde la cordura a causa de la preocupación por no recibir carta de su esposa por varios meses. Viendo su ansiedad tan extrema, sus camaradas le aconsejaron lo siguiente:”
” ‘En esta misma ciudad/ ellos le dijeron, ‘vive un hombre conocido como “el Baal Shem Tov” del que se dice que realiza actos milagrosos y revela maravillas desconocidas… ¿Porqué no vas a verlo?’.”
“Mi padre envió entonces un mensajero al hombre santo pidiéndole que lo recibiera para una entrevista. Esta solicitud fue denegada. Mi padre trató una segunda vez, pero nuevamente el Baal Shem Tov se rehusó. Entonces mi padre le envió un tercer mensaje donde le decía que si él se rehusaba a verlo, emitiría una orden forzando a todos los judíos de Mezhibuzh a alojar a sus tropas en sus casas. Dado que esto ocurría justo en el tiempo en que casi empezaba vuestra Festividad de Pascua, signifi¬caba que los soldados traerían su pan leudado dentro de las casas de los judíos y eso convertiría en un caos los preparativos de vuestra festividad. Bajo la influencia de la amenaza contra sus hermanos judíos, el Baal Shem Tov aceptó que mi padre le hiciera una visita.”
“Cuando él llegó a la casa del rabí junto a su asistente de campo, ellos entraron a una primera habita¬ción desde donde podían ver a través de la puerta abierta la habitación en la cual el hombre santo estaba sentado estudiando. Leía un libro, que según fue dicho a mi padre era el Zohar. Mi padre caminó hacia el espejo que había en la sala de espera, con la idea de arreglarse el cabello antes de entrar, pero quedo estupefacto al ver en el espejo un camino empedrado, el cual conducía a la ciudad donde vivía su esposa. El llamó a su asistente para hallarse con que también este era testigo de esa asombrosa visión y al estar juntos ambos ante el espejo, vieron que el camino los conducía a la ciudad misma y dentro de la ciudad pudieron ver la casa del general. Cuando la puerta se abrió ante sus ojos vieron a la esposa sentada a la mesa escribiendo una carta a su marido. Mirando más detenidamente vieron la carta misma, en la cual ella le explicaba que no le había escrito pues hacia poco que había dado a luz a un robusto niño; ambos estaban bien.”
“Mi padre se conmovió por la experiencia y agradeció al Baal Shem Tov desde el fondo de su alma. Tras algún tiempo recibió la carta que él ya había visto cuando ella la escribía y entonces registro todo el episodio en su diario personal.”
“Yo, quien está parado ante usted,” concluyó el oficial, “soy aquel niño y aquí puede usted mismo leer el episodio en el diario de mi padre.”

ESTAMOS EN ESTO JUNTOS
El rebe de Sadigora, quien era hijo de Reb Israel de Ruzhin, contó una vez la siguiente historia.
Siempre que el Baal Shem Tov visitaba cierta ciudad, se alojaba en la casa del mismo ciudadano, quien era uno de los más prósperos habitantes del pueblo. Un Viernes él llegó a la ciudad durante la temporada en que era menos esperado y se alojó en la sinagoga para pasar el Shabat. Su anfitrión de costumbre le pidió que fuera su huésped como siempre, pero el tzadik declinó cortés-mente la invitación. Toda la gente del pueblo pronto se reunió en el shil, y tras las plegarias vespertinas el Baal Shem Tov les indicó que todos recitaran Salmos. Justo al acercarse la medianoche pidió que le dieran la comida que había traído para Shabat e indicó a los fieles que fueran a sus casas con sus familias para cumplir con la mitzvá de comer la cena de Shabat, y que luego volvieran. Y así toda la congregación continuó recitando Tehilím al unísono a lo largo de toda la noche. Tras haber completado las plegarias matutinas, el Baal Shem Tov manifestó a su antiguo anfitrión que le gustaría aceptar la invitación para el almuerzo.
Tras kídush, cuando todos ellos estaban reunidos alrededor de la larga mesa, sintiéndose renovados por el espíritu festivo del Shabat, un gentil repentinamente entró en la habitación y pidió un trago de vodka.
El Baal Shem Tov pidió a su anfitrión que se lo diera y pidió al goi que contara lo que sabía.
“Ayer,” comenzó el gentil, “justo antes del anochecer, el duque a quien pertenece este ducado, convocó a todos los gentiles de los alrededores y les dio armas y municiones diciéndoles que irían y destruirían a todos los judíos de esta ciudad. A lo largo de toda la noche la turba espero impacientemente la orden de atacar. Pero justo antes del alba, llegó un carruaje trayendo a un importante oficial inspector del gobierno, quien se sentó y habló con el duque y cuando ellos terminaron el dialogo, el duque ordenó a todos los aldeanos que volvieran a sus casas.”
El Baal Shem Tov ahora se dirigió a quienes lo acompañaban a la mesa: ” Este paritz* es tan rico que nunca se dio prisa en vender su cereal, dado que ningún precio que le ofrecían resultaba suficiente para él. Así fue como las cosechas de muchos años se apilaron en sus graneros hasta que empezaron a pudrirse. Algunos de sus amigos, que eran acerbos antisemitas, lograron convencerlo que sus vendedores y representantes judíos eran culpables de eso, pues disuadían a los clientes de comprar su producto. La idea de semejante conspiración se hizo carne en él y decidió tomar venganza de ellos destruyendo a todos los judíos de esta ciudad. Yo no tuve otra opción más que traer de vuelta a un antiguo compañero de escuela del duque, quien había falleció hace cuarenta años, aunque esto el paritz no lo sabía, dado que ambos habían vivido muy alejados. La primer pregunta del recién llegado fue acerca del peligroso aspecto de los campesinos a quienes había visto por todos lados en su camino: ¿Porqué estaban armados? Y el duque le dijo que estaba a punto de vengarse de los judíos porque maliciosamente habían provocado que su cereal se acumulara pudriéndose.”
‘¡Tu no puedes decir eso!’ exclamó el inspector. ‘Puesto que yo continuamente negocio con judíos y siempre han sido honestos. Tu trata de convocarlos mañana, después de su Shabat y veras que ellos te compraran incluso el cereal podrido.’ Y ahí fue cuando el paritz salió y dijo a los expectantes campesinos que devolvieran las armas y se dispersaran.”
El rebe de Sadigora terminó de relatar la historia y se volvió hacia su hermano, Reb Mordejai Shraga de Husiatin, diciendo:
“Nos queda un problema aquí: ¿Porqué el Baal Shem Tov tuvo que tomarse el trabajo de viajar a ese pueblo? Después de todo él podría haber hecho lo que hizo sin moverse de casa. Pero el Baal Shem Tov pensó lo siguiente: ‘Si mi plan funciona, bien; pero si falla, entonces iré junto a todos los judíos de ese pueblo y compartiré su destino’.”

ESTAMOS EN ESTO JUNTOS
El rebe de Sadigora, quien era hijo de Reb Israel de Ruzhin, contó una vez la siguiente historia.Siempre que el Baal Shem Tov visitaba cierta ciudad, se alojaba en la casa del mismo ciudadano, quien era uno de los más prósperos habitantes del pueblo. Un Viernes él llegó a la ciudad durante la temporada en que era menos esperado y se alojó en la sinagoga para pasar el Shabat. Su anfitrión de costumbre le pidió que fuera su huésped como siempre, pero el tzadik declinó cortés mente la invitación. Toda la gente del pueblo pronto se reunió en el shil, y tras las plegarias vespertinas el Baal Shem Tov les indicó que todos recitaran Salmos. Justo al acercarse la medianoche pidió que le dieran la comida que había traído para Shabat e indicó a los fieles que fueran a sus casas con sus familias para cumplir con la mitzvá de comer la cena de Shabat, y que luego volvieran. Y así toda la congregación continuó recitando Tehilím al unísono a lo largo de toda la noche. Tras haber completado las plegarias matutinas, el Baal Shem Tov manifestó a su antiguo anfitrión que le gustaría aceptar la invitación para el almuerzo.Tras kídush, cuando todos ellos estaban reunidos alrededor de la larga mesa, sintiéndose renovados por el espíritu festivo del Shabat, un gentil repentinamente entró en la habitación y pidió un trago de vodka.El Baal Shem Tov pidió a su anfitrión que se lo diera y pidió al goi que contara lo que sabía.”Ayer,” comenzó el gentil, “justo antes del anochecer, el duque a quien pertenece este ducado, convocó a todos los gentiles de los alrededores y les dio armas y municiones diciéndoles que irían y destruirían a todos los judíos de esta ciudad. A lo largo de toda la noche la turba espero impacientemente la orden de atacar. Pero justo antes del alba, llegó un carruaje trayendo a un importante oficial inspector del gobierno, quien se sentó y habló con el duque y cuando ellos terminaron el dialogo, el duque ordenó a todos los aldeanos que volvieran a sus casas.”El Baal Shem Tov ahora se dirigió a quienes lo acompañaban a la mesa: ” Este paritz* es tan rico que nunca se dio prisa en vender su cereal, dado que ningún precio que le ofrecían resultaba suficiente para él. Así fue como las cosechas de muchos años se apilaron en sus graneros hasta que empezaron a pudrirse. Algunos de sus amigos, que eran acerbos antisemitas, lograron conven¬cerlo que sus vendedores y representantes judíos eran culpables de eso, pues disuadían a los clientes de comprar su producto. La idea de semejante conspiración se hizo carne en él y decidió tomar venganza de ellos destruyendo a todos los judíos de esta ciudad. Yo no tuve otra opción más que traer de vuelta a un antiguo compañero de escuela del duque, quien había falleció hace cuarenta años, aunque esto el paritz no lo sabía, dado que ambos habían vivido muy alejados. La primer pregunta del recién llegado fue acerca del peligroso aspecto de los campesinos a quienes había visto por todos lados en su camino: ¿Porqué estaban armados? Y el duque le dijo que estaba a punto de vengarse de los judíos porque maliciosamente habían provocado que su cereal se acumulara pudriéndose.”‘¡Tu no puedes decir eso!’ exclamó el inspector. ‘Puesto que yo continuamente negocio con judíos y siempre han sido honestos. Tu trata de convocarlos mañana, después de su Shabat y veras que ellos te compraran incluso el cereal podrido.’ Y ahí fue cuando el paritz salió y dijo a los expectantes campesinos que devolvieran las armas y se dispersaran.”El rebe de Sadigora terminó de relatar la historia y se volvió hacia su hermano, Reb Mordejai Shraga de Husiatin, diciendo:”Nos queda un problema aquí: ¿Porqué el Baal Shem Tov tuvo que tomarse el trabajo de viajar a ese pueblo? Después de todo él podría haber hecho lo que hizo sin moverse de casa. Pero el Baal Shem Tov pensó lo siguiente: ‘Si mi plan funciona, bien; pero si falla, entonces iré junto a todos los judíos de ese pueblo y compartiré su destino’.”

Extraído de “Antología del Baal Shem Tov” de Editorial Bnei Sholem

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