¿PARA QUÉ?

Nací en el seno de una familia religiosa, pero me uní al ejército del Zar durante la 1er Guerra Mundial…

Sirví como comandante, e incluso gané varias medallas por mi valentía. Cuando terminé el ejército, fui considerado un ciudadano fiel. Entonces vino la Revolución comunista y todo cambió.

Al poco tiempo fui citado por el “Tribunal del Pueblo” fui confiado, creyendo que mis antecedentes de combate y medallas demostrarían mi lealtad. Pero me encontré frente a una cruda realidad.

Después de diez minutos fui sentenciado a quince años de “trabajo forzado Correccional en Siberia” por “Mantener Lealtad al Viejo Régimen”. De la sala del tribunal, fui directamente a prisión, y esperé allí por varias semanas. Inesperadamente llegaron “buenas” noticias. El Gobierno necesitaba voluntarios para una nave rompehielos que viajaría a un territorio tenebroso en Siberia, para construir un campamento del ejército.

La comida sería mejor, las horas de trabajo más cortas, y cada año contaría por tres años de mi condena. Aproveché la oportunidad. Después de cinco años, la mayoría de la tripulación murió de enfermedad o frío, el proyecto fue abandonado, y los sobrevivientes quedamos libres.

Debía estar agradecido, pero algo me molestaba. No podía aceptar que mi trabajo haya sido para nada.¡Debía haber una razón! Este pensamiento se volvió una obsesión.

Una noche, caminaba por la calle y oí gente cantando en la Sinagoga. Un grupo de jasidim de Jabad, realizaba un Farbrenguen. Hicieron Lejaim con vodka, y uno de ellos dijo:

Un anciano conde polaco, tuvo una idea excéntrica. Quiso una estatua de su figura, de un cierto tipo de mármol -semi-precioso- que sólo se hallaba en la India.

Encontró a un distribuidor de piedras preciosas judío a quien confió la tarea, dándole una extraordinaria suma de dinero. Debía viajar a India, comprar un bloque grande de esta piedra, traerla a Polonia, dónde el conde encomendaría el trabajo a un escultor.

Este judío, jasid del Rebe Israel de Ruzhin, viajó a su Rebe quien lo bendijo y entonces partió a India. Un mes después llegó, compró la piedra, la cargó en la nave y emprendió su viaje a Polonia.

Una noche, en medio del viaje, dormía en su camarote cuando un golpe lo despertó. ¡Comprendió que la nave se estaba hundiendo!

Todos habían abandonado la nave. Vio un bote de remos a la deriva y se tiró.

Después de un día o dos descubrió una isla. Remó y salió del barco. ¡Se había salvado!

Pasó tres años en esa isla. Tenía sus Tefilín y un Libro de Salmos. Un día un gran barco lo divisó y lo rescató.

De regreso en Polonia, se llevó una extraña sorpresa. ¡El Conde no estaba! Su Castillo había sido vendido, nadie sabía nada acerca de él.

No había dinero, ni mármol, ni estatua. Fue a su Rebe para pedir una explicación.

“Había chispas Divinas atrapadas en la isla” dijo el Rebe. “Ningún judío la había visitado jamás, ni realizó un mitzvá allí. Durante tres años elevaste y purificaste todas las chispas”.

Nunca había oído semejante explicación, pero entendí que ésta era la respuesta que estaba buscando. Había estado en Siberia elevando “chispas”. No lo entendí, pero decidí permanecer con los Jasidim y aprender más.

Así es cómo yo me volví un jasid de Jabad.

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