¿Con qué propósito baja un alma a este mundo?

Los Jasidim, Rabí Ishaiahu Berlin y Rabí Iaakov Horwitz, exigieron a mi padre (el Rebe Rashab) que les explicara por qué ponía mi vida en peligro, enviándome a realizar misiones relacionadas con asuntos comunitarios y que exigían autosacrificio absoluto.

Se referían al siguiente episodio: “Mi padre me envió en cierta oportunidad a Peterburg por un asunto comunitario. Allí debía encontrarme con uno de los ministros, que era un malvado consumado. Éste hombre residía en los suburbios de la capital, lugar donde vivían príncipes. Poseía un palacio enorme, rodeado de un inmenso jardín y muchos perros. Al llegar a Peterburg me enteré que sólo podía visitar al ministro la noche del viernes- Shabat- y esto era imprescindible para salvar a los iehudim. El viernes a la tarde viajé al suburbio para conseguir un sitio donde pasar el Shabat, cerca de la residencia del ministro. Me ubiqué en una posada y le relaté al propietario el motivo que me traía allí y le solicité que me acompañara para indicarme el camino, me aguardara hasta que regresara y me trajera de vuelta a la posada. Eran días de invierno, el frío era muy intenso y el camino muy dificultoso. El hombre me miró enojado, pero cuando le entregué una moneda cambió inmediatamente de actitud e hizo todo lo que le pedí. En la noche fui a visitar al ministro. Cuando entré a su habitación, se lanzó sobre mí enojado y me dijo: “¡¿Cómo te atreviste a venir a mi casa a esta hora?! ¡Eres hijo único! (Evidentemente conocía todo sobre mí) ¡¿y cómo te permitió tu padre venir a esta hora, cuando los perros están sueltos y pueden devorarte vivo?!”

Le respondí: “Un judío no teme de un perro. El perro debe temer y respetar al judío”.

Estas palabras sacudieron al ministro, que cambió también su actitud. La misión fue productiva, y regresó a la posada. Allí debió pasar todo el Shabat, rodeado de gentiles alcoholizados.

Este acontecimiento provocó que estos Jasidim se quejaran a mi padre por que me enviaba en semejantes misiones, que implicaban peligro y entrega absoluta. Mi padre les respondió:

“Se debe completar la Intención Divina. ¿Para qué bajó el alma a este mundo?- sólo para entregarse totalmente a Di-s, a Su Torá y a Su Pueblo. No hay problema… estoy seguro de que vivirá larga vida”.

Extraído del Diario Personal de Rabí Iosef Itzjak Schneerson, el Rebe Anterior de Lubavitch.

(Adaptado del Sefer HaToldot, Rabí Iosef Itzjak, tomo I)

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