La rebelión de Koraj y sus seguidores

Koraj era una persona prominente y muy adinerada perteneciente a la tribu de los Levi…

Primo hermano de Moshé y Aarón, consideraba que le correspondía una cuota mayor de liderazgo de la que tenía. Sentía envidia de Moshé por su condición de líder del pueblo judío, y de su hermano Aarón como Sumo Sacerdote. Cuando fue pasado por alto para ocupar el puesto de príncipe (nasí) de la tribu de Levi, no pu­do ya controlar su celos. Se unió a dos agitadores —Datan y Aviram— que sentían la misma inquina que él, y consideraban que, por pertenecer a la tribu de Reuven, el mayor de ¡os hi­jos de laakov, debían también detentar cierto liderazgo. Jun­to a ellos y a individuos de las dos tribus, la de Levi y la de Reuven, promovieron una revuelta contra Moshé y Aarón. También participaron de esta rebelión doscientos cincuenta miembros prominentes de la asamblea. Moshé citó a Koraj y los suyos para el día siguiente. Luego de prevenir a las masas de mantenerse alejadas de Koraj y sus secuaces, Moshé les anunció la manera en que Di-s indicaría Su elección de ¡os lí­deres. Si los rebeldes morían por causas naturales, entonces quedaría confirmado que Moshé era el líder equivocado, pe­ro si la tierra los tragaba vivos, entonces era él el adecuado para el pueblo judío. No bien había terminado Moshé de ha­blar cuando Koraj y los suyos fueron engullidos vivos. Los po­cos que quedaban escaparon aterrorizados. Los que sobrevi­vieron comenzaron a murmurar en contra de Moshé culpán­dolo por las muertes, pero fueron a su vez castigados con una plaga que hizo desaparecer unas 14.700 personas más. Sólo entonces Aarón, con un caldero con incienso como se lo había ordenado Moshé, caminó entre ¡a gente y puso fin a la plaga.

Aunque Koraj y sus seguidores aparentaron tener motivos sinceros y expresaron su idea de que cada integrante del pueblo judío era santo y puro, en realidad lo que pretendían era fortalecer sus propias posiciones. Movidos por los celos y el egocentrismo, apelaron a las masas con argumentos enga­ñosamente atractivos como los siguientes: “¿Con qué dere­cho Moshé y Aarón actúan como los únicos líderes de los ju­díos?.¿No son todos los judíos santos? Tengamos líderes ele­gidos democráticamente”.

Protestaron, sólo en busca del beneficio propio y a expensas de la unidad de su pueblo. Actuaron destructivamente y de­sobedecieron a Di-s.

Hallamos en la historia otros ejemplos de actitudes envidio­sas que causaron grandes disputas e incluso la guerra civil. Durante el período de ¡os Jueces, Avimelej, hijo de Gidón, no se contentó de ser sólo un líder y asesinó a sesenta y nueve de sus setenta hermanos para asegurarse de no encontrar competencia o amenaza a su liderazgo. Finalmente, él tam­bién fue asesinado.

búsqueda de paz

Aarón, hermano de Moshé, ocupa un lugar de privilegio en el corazón del pueblo judío. Estando vivo, era sumamente popu­lar y al morir el duelo por él fue intenso. Se hizo famoso por su capacidad conciliadora nacida de su amor y búsqueda perma­nente de un clima pacificador. Se preocupó siempre por el bie­nestar de su prójimo judío y trató siempre en forma amistosa de mejorar su situación.

La Torá se explaya en el relato de cómo todo el pueblo de Is­rael lloró su muerte durante treinta largos días. Ello se debió a que Aarón consideraba que era su misión personal arreglar cual­quier disputa en el seno de su congregación y hacer lo máximo por imponer la paz entre todos.

Se preocupaba intensamente para que esposas y esposos que habían reñido estuvieran nuevamente en buenos términos. Si escuchaba que dos personas habían discutido, se acercaba a una de ellas y le decía que se había encontrado recientemente con la otra, que había expresado: “Esta pelea ha sido por culpa mía ylo lamento amargamente”. Luego se acercaba a la otra persona y le decía lo mismo. Entonces cuando los dos hombres se encontra­ban, se abrazaban mutuamente y así se reconciliaban. Por eso, recordando su amor por los demás, la nación entera lloró su muerte .

También Moshé está siempre dispuesto a renunciar a honores en pro de la paz. Cuando Koraj se rebeló, Moshé en persona to­mó la iniciativa y buscó a los rebeldes para intentar aplacarlos, en lugar de hacer valer su alto rango y esperar que los demás vi­nieran mansamente a pedirle que intercediera. No dudó en de­jar a un lado su posición jerárquica, en aras de la paz.

El hombre no debe permitir que su orgullo sea un obstáculo para la búsqueda de la paz. Si lo permite, entonces es compara­ble al granjero que iba todos los días al establo a buscar leche y volvía con el balde vacío.

—¿Por qué no traes nunca leche? —le preguntaba su mujer.

—El único modo en que puedo conseguir leche es arrodillándo­me y ordeñando la vaca, prefiero morir antes de perder mi or­gullo y arrodillarme frente a una vaca —replicó el hombre.

Grandes sabios trataron de emular el espíritu de Aarón y su búsqueda tenaz de paz. El gran taná, Rabí Meir, demostró su ca­pacidad en este aspecto en la forma en que solucionó una dispu­ta entre marido y mujer. La esposa era devota seguidora de Ra­bí Meir y concurría con frecuencia al Beit Midrash a escuchar sus exposiciones de Torá. Cierta vez, el debate se extendió más de lo acostumbrado y la mujer llegó tarde a su casa. El marido, cansado y hambriento luego de un largo día de trabajo en el campo, había llegado antes. Al ver que la comida no estaba to­davía preparada se enfureció y amenazó a su mujer diciéndole que no la toleraría ni un solo día más en la casa hasta que no fuera a escupir en el ojo de Rabí Meir. Desesperada, la mujer no sabía qué hacer y terminó vagando por las calles. La gente se compadeció de su situación y su problema llegó a oídos de Rabí Meir quien la mandó llamar. Una vez frente a ella en el Beit Mi­drash, le dijo que creía tener cataratas y que si ella escupía en sus ojos mejoraría de su enfermedad. Se creía que la saliva con­tenía una sustancia que actuaba en caso de cataratas. La mujer al principio se negó a obedecer a Rabí Meir, pero finalmente ce­dió y escupió en su cara. De ese modo, estuvo en condiciones de volver a su casa. Shalom bait, la paz del hogar, estaba a salvo. Los alumnos del ray, en cambio, estaban muy indignados y hu­bieran deseado castigar al hombre por el gesto irreverente hacia su venerado maestro y Rebe, pero Rabí Meir, muy por el contra­rio no sentía que había sufrido ningún ultraje. En modo alguno había sido insultado, y si se trataba de lograr shalom bait entre esposos, su honor no estaba en modo alguno menoscabado.

Si tanto Aarón como Rabí Meir llegaron a esos extremos con tal de que reinara la paz, nosotros también debemos esforzarnos siempre por lograrla.

Se cuenta también otra historia en la que un rabino hizo uso de su sabiduría para asegurar verdadera paz entre dos judíos que habían venido a pedirle que resolviera una disputa. Aparen­temente habían comprado parcelas en la misma área del cemen­terio y cada uno peleaba por la de mejor vista.

Luego de escuchar las demandas de ambos, reflexionó un mo­mento y dijo: Ambos reclamos son válidos, por lo tanto, he de­cidido que el mejor lugar corresponderá a aquel que muera primero.

Un largo silencio siguió a estas palabras, ¡y por supuesto, fina­lizó la discusión!

Extraído de Ayer, hoy y siempre Editorial Bnei Sholem

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