Intermediarios, abstenerse

Un apasionante y profundo análisis de una pregunta que siempre nos formulamos: ¿ Cómo es posible que los judíos hayan hecho el becerro de oro?…

Era un momento tenso. Moisés había subido al Monte Sinai y había prometido volver en cuarenta días. Ya era el cuadragésimo día y no había ninguna señal de su retorno.
La gente era escéptica acerca de su supervivencia en el Monte sin comida o agua. Pero Moisés tenía reputación de santidad y además lo conocieron como un hacedor de milagros: lo vieron golpear con violencia a los egipcios, partir el Mar de los Juncos, guiarlos a través de un desierto desconocido, entregarles el maná del cielo y agua de una piedra. Ellos lo vieron estar de pie firme en la montaña cuando descendía la imponente presencia de Di-s.
Pero era el cuadragésimo día- el día de su prometido retorno- y no había ninguna señal de su líder. Obviamente, había perecido en la montaña.
El pueblo se volvió a Aarón, sabiendo que él, también era una persona santa, destinada para el alto sacerdocio, y le pidió: “constitúyenos un Di-s”. Aarón cumplió y formó un becerro de oro que ellos rápidamente adoraron.
Ésta era una traición asombrosa al Segundo Mandamiento: “No tendrán otros dioses excepto de Mí” dentro de los cuarenta días de su emisión. Las multitudes se dejaron llevar a la idolatría por los agitadores, pero ¿por qué Aarón se les unió en el pecado? Más significativamente, uno podría preguntarse: ¿si nuestros antepasados buscaban un reemplazo para Moisés, por qué reemplazaron a Di-s?

UN INTERMEDIARIO CORPÓREO
Nuestros antepasados no eran, de hecho, culpables de reemplazar a Di-s, sino de fabricar una imagen corpórea de Di-s, que también está prohibida pero no es equivalente con el adorar un ídolo. Esta conducta, aunque inexcusable, era- debido a las circunstancias  eminentemente comprensible.
Ellos vivían en un mundo dónde todas las culturas sólo se relacionaban a formas corpóreas de deidad. Creían que el hombre debía rendir homenaje a Di-s y ganar Su gracia, pero no podía relacionarse directamente a una deidad intangible. El hombre debía deificar objetos de su propia fabricación que representaban su idea más elevada del Di-s que dirige el mundo. Estos objetos serían investidos por Di-s con divinidad y se harían portadores del destino del hombre.
Nuestros antepasados, adiestrados en la creencia de Abraham en un Di-s Omnipresente e incorpóreo, se vieron influenciados por las culturas que los rodeaban. Contrariamente a los paganos, creían que el hombre podía relacionarse con un Di-s incorporal, pero se aferraron a la noción que se requiere un intermediario concreto y tangible.
Los instrumentos corpóreos de Di-s aparentemente justificaron esta disputa. En la experiencia de los Israelitas, la presencia Divina moraba a menudo en símbolos tangibles, o por lo menos visibles, y, de hecho, en objetos. En el Mar de los Juncos estaba Moisés con su bastón, en el Sinai era una nube de gloria, en el Tabernáculo sería un Arca sagrada y sus querubines. Los judíos vieron a estos elementos como los eslabones deificados entre un Di-s incorpóreo y las personas físicas. Su error fue que mientras que esos objetos habían sido escogidos por Di-s para volverse un vehículo para su manifestación, sólo podrían servir como tales como resultado de la opción y acción Divina. El hombre, sin embargo, no tiene la autoridad ni la habilidad para escoger su propio vehículo y fijarlo como eslabón a Di-s, y menos aún, dotarlo de propiedades divinas.
Después de la experiencia en Sinai, los judíos veían a Moisés como el intermediario primario. Cuando Di-s pronunció los mandamientos, los iehudim sintieron que era una experiencia agobiante. Le pidieron a Moisés que fuera su intermediario y les transmitiera el mensaje de Di-s. Ellos veían a Moisés como dotado de propiedades deificadas y percibieron en él un eslabón al verdadero Di-s, el creador del cielo y la tierra.
De nuevo, su error fue que vieron a su “intermediario” en lugar de Di-s, como la iniciativa para la revelación. Para ellos, no era Di-s quien los había sacado de Egipto por medio de Moisés, sino que Moisés había influido en Di-s para redimirlos. Todavía no habían absorbido el concepto judío de que el hombre tiene acceso directo a Di-s, pero es Di-s, y no el hombre quien estableció las acciones e instrumentos a través de los cuales Él puede ser alcanzado.

UN OBJETO FÍSICO
Cuando pensaron que Moisés murió, parecía crucial hallar un reemplazo. Sin uno, no habría acceso a Di-s y no tendrían ningún método para afianzar su gracia. Pero esta vez buscaron un objeto físico en lugar de un humano.
Los objetos físicos, razonaron, puede conservarse de forma segura; no se alejan y desaparecen como Moisés.

EL PAPEL DE AARÓN
Aarón entendió el error de los judíos, pero reconoció que si se negaba o los reprendía, procederían solos y nadie los detendría. Decidió comprometerlos y poner en marcha un proceso para ganar un poco tiempo, seguro de que Moisés volvería pronto.
Exigió primero que se quiten sus aros de oro, esperando que vacilaran abandonar sus joyas; pero los judíos cumplieron rápidamente. Después de fundir el oro, Aarón empezó a diseñar un becerro. Aarón tomó una herramienta de grabado y adornó el ternero con imágenes bonitas.
Luego de la realización del becerro, se puso a construir un altar. Insistiendo en que sólo el sumo sacerdote podía construir el altar de Di-s, se negó a recibir ayuda y cuidadosamente lo construyó a lo largo de la noche, esperando que Moisés volviera por la mañana. Pero Aarón desestimó el celo de los judíos. Ellos se despertaron temprano y, mientras Aarón aun dormía , deificaron el becerro y le rindieron culto.
Sólo un puñado de judíos fue culpables de idolatría verdadera esa mañana, declarando al ternero “el Di-s de Israel”. La mayoría sólo fue culpable de deificar un objeto físico en su demanda de un eslabón a Di-s. En cuanto Moisés volvió, su necesidad por el becerro fue obviada y no se rebelaron cuando Moisés lo destruyó.

EL TABERNÁCULO
Siguiendo al fiasco del Becerro de Oro, fue erigido el Tabernáculo (Mishkan) en el centro del campamento de Israel para alojar la Presencia Divina. En las palabras de Di-s a Moisés, “Ellos me constituirán un santuario, y Yo moraré entre ellos”
El Tabernáculo tuvo éxito donde el becerro falló porque en el Tabernáculo, objetos físicos sólo se convirtieron en sagrados cuando fueron designados por Di-s. Al contrario del becerro, el Tabernáculo fue escogido por mandato de Di-s y por consiguiente, fue sagrado. De hecho, el Tabernáculo fue considerado una expiación para la rectificación del pecado del Becerro de Oro.

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