Iehoshúa, nuevo líder del pueblo judío (2488 – 1273 antes de la Era Común)

A la muerte de Moshé, máximo líder que tuvo el pueblo judío, Di-s le habló a Iehoshúa…

El liderazgo recayó en él en mérito a su de­voción ejemplar a Moshé, con quien compartía las cualidades esenciales que se requieren de un líder. Modesto en su per­sona, demostraba no obstante una actitud decidida y valien­te en beneficio de Di-s y Su pueblo. Fue él quien públicamen­te expresó su desacuerdo con los espías enviados por Moshé, quienes hablaron negativamente de Eretz Israel y, por el con­trario, alentó a la gente a cumplir el mandato de Di-s de con­quistar Israel.

Liderazgo genuino

Moshé está considerado como el líder más importante que tuvo el pueblo judío. Es uno de los muy pocos que merecieron el nombre de Servidor de Di-s, máximo elogio que puede recibir un ser humano. Esto da cuenta de su total y absoluta devoción a su Amo, no motivada en modo alguno por aspiraciones de gloria. Cuando los israelitas construyeron el becerro de oro y el To­dopoderoso quiso destruirlos y comenzar una nueva nación con los descendientes de Moshé, éste le suplicó que no lo hiciera. Fue más allá aún y le pidió que en caso de que así Lo hiciera, él debía ser borrado del Libro de Di-s.

En sus Trece Principios de Fe para un judío, Maimónides ex­presa que es obligatorio reconocer la superioridad de Moshé, cu­ya estatura moral no fue superada por ninguna otra personali­dad de su época. Tal cual lo afirma la Torá: -“Y no ha habido otro profeta en Israel como Moshé, que haya conocido a Hashem ca­ra a cara”.

La Torá dice también: “Nadie conoce el lugar de su sepultura”. Nuestros sabios explican que esto significa que no está en una tumba común, sino que vive en el corazón de cada persona judía.

Su sucesor fue su propio discípulo, Iehoshúa, quien lo secun­dé siempre con total devoción y fue un reflejo de la propia gran­deza de Moshé. De gran coraje e integridad, fue uno de los do­ce espías enviados para informar sobre la tierra de Canaán y dis­crepó en cuanto al estado en que la vio, en contraste con los in­formes negativos de los demás espías. Más bien, intentó contra­rrestar sus expresiones desalentadoras. En recompensa por su actitud positiva, Hashem lo eligió para conducir al pueblo judío a la Tierra de Israel.

Recibió de Di-s la promesa de que su autoridad sería indiscu­tida, y que, al igual que Moshé, sería en todo momento protegi­do. Di-s lo alentó también a mostrarse fuerte y valiente, y a ob­servar cuidadosamente todas las leyes que Moshé había trans­mitido al pueblo. Si los judíos se mantenían fieles a Él, serían dignos de recibir Su permanente protección.

El líder del pueblo judío debe tener absoluta fe en Di-s y a tra­vés del ejemplo personal, inspirar a otros a sentir de igual mo­do. Debe inspirar respeto y servir de modelo. Debe poseer las cualidades de sinceridad y preocupación por los demás, sin con­siderarse superior a sus semejantes. Firme en su devoción a Di-s, debe reaccionar con vigor frente a aquellos que desafían la supremacía y los mandamientos divinos e intentan rebelarse. Debe mostrar fortaleza y dinamismo en lugar de debilidad y vacilación.

Extraído de Ayer, hoy y siempre Editorial Bnei Sholem

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